Servicio al Absoluto
En el Absoluto no podemos tener ninguna indeseabilidad, debido a la existencia defectuosa de variedades. El aspecto predominante es disfrutar de los objetos bajo su jurisdicción. En el mundo mundano tenemos ilimitados números de entidades conocidas como aspectos predominantes para acomodarse al propósito de ilimitados números de tales aspectos predominados. Esta relación, tanto en la manifestación relativa como en la manifestación absoluta tiene parecido para capacitarnos a señalar la posición original en el Absoluto, donde conocedor, conocimiento y conocido no son para trasformar, ni para cambiar, su posición por otra agencia exterior.
Espacio y tiempo, así como actividades individuales, prueban detrimentos, mientras no hemos llevado tal naturaleza indeseable y defectiva a la región de la trascendencia por nuestras explotaciones antropomórficas. La característica disimilar sólo es señalada en la posición singular de la parte predominante de la manifestación trascendental, sin ninguna interrupción de las diferentes entidades manifiestas del aspecto predominante, excepto la posición de ruptura que emana de la situación de conflicto entre ellas. El absoluto es el consorte de la esposa. El es el hijo de los subsirvientes conocidos como padres, él es el único objeto de amistad de todas las entidades amigables. El es el Maestro de todos los dependientes y es la única manifestación de toda neutralidad. El Absoluto ejerce su influencia prerrogativa sobre todas las manifestaciones, quienes son recíprocamente emanadas para Sus pasatiempos. No hay ocasión para ninguna disensión que pueda crear cualquier perturbación no en conformidad con la volición del Absoluto. Ninguna de las entidades podría espiar desde su rango visual; ninguno de los sonidos sonoros puede mantenerse lejos de su recepción aural; ninguna fragancia agradable puede resistir a Su disfrute nasal; ninguna característica degustadora puede impedir a Su lengua, y ningún calor ni frío podrían clamar estar en contra de El, ya que nuestra posición nos ha asegurado la situación de subsirvientes.
Ningún método monístico puede dirigirnos a zafarnos de nuestro servicio eterno innato al Absoluto, si podemos apuntar nuestra posición como una parte infinitesimal del mismo. El método étnico nunca será justificado en deslizarnos en el Absoluto con un conocimiento alucinado de identificarnos plenamente con el Absoluto. Si hiciéramos así, no habríamos sido cautivados por nuestros sentidos. La comisión suicida de aniquilar nuestro conocimiento diferenciativo, volición y emoción no nos aliviaría de los dolores reales, salvo que seamos ayudados por la asociación del Absoluto Manifiesto.
Ebrios con nuestro confort sensual podemos inflarnos como un sapo, si deseamos inflarnos por las explotaciones pedantes de nuestro gnosticismo empobrecido. Nuestra prudencia nunca será inmaculada si ponemos cualquier posición fenoménica. Así el Señor Supremo nos ha dicho de minimizar nuestra entidad egoísta en este mundo, en vez de maximizarnos sin fruto para volvernos idénticos con todo el Absoluto, lo cual nunca es nuestra propia posición. Nosotros somos una fase atómica, diferente, trascendental del Absoluto, así que no necesitamos estar enmascarados por ornamentos mundanos transitorios de espacio y tiempo limitados y de no absoluta individualidad. Se encuentra que nuestra especulación mental discierne las dos posiciones donde las relatividades pueden ser completadas o controladas. Pero cuando hablamos de conocimiento sin vicio, libre del mundo mundano sensorial, no necesitamos trasportar esta imprudencia zoomórfica o antropomórfica para fabricar cosas, en vez de acercarse a las Manifestaciones Eternas. La mutilación o la mutación pueden tener algún vínculo en los fenómenos mundanos, pero no hay posibilidad de ofrecer un tirón para sacudir la posición absoluta de la trascendencia; he aquí que no necesitamos confundir la mente con el alma. El alma nunca es perturbada por invitación fenoménica lo cual tiene un valor de incremento o de decreción que es asociado.
El Absoluto se reserva el derecho de no ponerse bajo la jurisdicción del mundo sensual. Así que los rigores de la experiencia fenoménica no serían impuestos en la manifestación eterna. Las disposiciones helénica y hebraica no deben ocupar la atmósfera trascendental, como ellas son serviciales para nuestros propósitos aquí. En la personalidad del Absoluto, la mención de pensamientos conflictivos, que son la salida de explotaciones mentales no predominarían sobre el Absoluto, como era el caso dentro de nuestro alcance mental. Sabios de diferentes eras y paises han formulado por sus explotaciones muchas opiniones escolásticas, para establecer derecho según sus caprichos en cuanto a las cuestiones epistemológicas y cosmológicas, las cuales tienen muy poco valor cuando la realización del Absoluto encuentra su juego en almas puras.
Los pasatiempos trascendentales del Absoluto con las almas humanas son eternamente para aclarar sus posiciones desde la atmósfera mundana, y ninguna cantidad de la referencia objetiva local y temporal puede ser como un control para relograr las eternas funciones de sus sentidos. Cuando las relatividades mundanas están asociadas en el Absoluto Manifiesto Trascendental, nosotros obtenemos una figura horrible, si lo estimamos desde este nivel. Desde luego, todas las ramas seculares del conocimiento pueden tener alguna propiedad para ayudar a los devotos, pero ellos no pueden jactarse de su silla instructiva superior sobre sus recipientes, que tienen otro material, no exactamente ajustando el propósito de las explotaciones mentales disfrutadoras.
Todas las ramas seculares del conocimiento deben tener una modalidad de servicio para aquellos que tienen la única aptitud de servir al Absoluto. Si estos objetos de museo fenoménico están dispuestos para el propósito de disfrute de alguna visión angular sería muy inútil aplicarlos para tal interés egoísta, local, sin merecimiento.
El Señor Supremo Sri Krsna Caitanya quien es conocido como la Fuente de Todo Amor, ha Labrado todas las concepciones las más altas y bajas de las cosas por su función Eterno Trascendental, con el fin de tener un plano eterno amoroso, libre de toda clase de soportes y de sus explotaciones racionalistas irregulares; aunque la explotación posee una notoriedad y lo racional tiene alguna propiedad para combatir con sus oponentes marcándoles para que sean menos cuidadosos. Aún tal raciocinio debe tener el objeto común del Absoluto Amoroso y no irregularidades de ruptura.
