J. Phillip Jones


Arrojando Luz sobre la Muerte: El Arte Espiritual de Morir

Capítulo Uno
El último rito de nuestra jornada

“Para el alma no existe el nacimiento ni la muerte. Ella no ha llegado a ser, no llega a ser y no llegará a ser. El alma es innaciente, eterna, siempre existente y primordial. A ella no se le mata cuando se mata el cuerpo" - Bhagavad Gita 2.20

Una Oportunidad Espiritual

Jacobo yacía moribundo a la edad de setenta y un años. El finalmente había encontrado la paz dentro de sí luego de una vida difícil. Jacobo estaba viviendo en un cuarto de una diminuta choza rodeada por la naturaleza que él tanto amaba. El ya había dado la mayoría de sus posesiones más valiosas. Jacobo incluso le había dado a su ex-esposa sus últimos $2,000 dólares como un regalo de despedida. Todos los días amigos y vecinos lo visitaban, primero para consolarlo en sus días finales, pero luego para recibir sus bendiciones. Yo lo escuché en más de una ocasión darle apoyo y consejo a un amigo en necesidad. Jacobo ya había superado la crisis de morir y la había visto como lo que era: el final del cuerpo y la liberación del alma. El me dijo en una ocasión que su propio maestro espiritual había fallecido en los brazos de Jacobo con una sonrisa en sus labios. En ese momento, Jacobo decidió vivir su vida de tal modo que el pudiera ser capaz de morir en paz cuando su tiempo llegase. Ahora, él me miraba con los ojos de alguien que se ha quitado todas las máscaras del ego y que puede solamente hablar la verdad. “Nunca he estado más feliz en mi vida,” dijo él. “Al final, todo es por amor.” Jacobo radiaba amor infinito, habiendo abandonado todos los apegos por las cosas finitas. Y esta libertad lo hizo atractivo a todos los que lo veían. Jacobo creó una atmósfera pacífica en su pequeño cuarto con música sagrada y aromas. El continuó leyendo una variedad de libros espirituales. Nosotros nos deleitamos en conversaciones de tópicos trascendentales hasta el último día de su vida. Cuando Jacobo llegó al hospicio, me hacía preguntas: “¿Quién soy yo realmente?” “¿Qué es Dios?” Cerca del final, Jacobo contestaba estas mismas preguntas por sus propias realizaciones internas. Su morir fue noble y poderoso, ofreciendo torrentes de bendiciones a los que se acercaron. La muerte de Jacobo no fue una tragedia sino un testamento a la increíble oportunidad espiritual de morir en sabiduría, amor y gracia.

Las Preguntas de una Persona Moribunda

Yo me había sentado al lado de la cama de cientos de hombres y mujeres durante los días y meses previos a su muerte. La mayoría de la gente que sabe que va a morir comienza a meditar en la vida. Ellos piensan: “¿Quién soy yo?” “¿De qué se trató mi vida?” “¿Existe vida después de la muerte?” “¿Quién o qué es Dios?” “¿Seré juzgado por mis actos?” “¿Soy una buena persona?” “¿Alguien de verdad me amará o cuidará ahora que estoy muriendo?”

Los sabios védicos de la India han contemplado estas preguntas por miles de años a través del estudio de los textos divinos de sabiduría revelada y en estados de profunda meditación. En este libro, examinaremos la perspectiva védica de éstas y otras preguntas importantes para todos nosotros. Estas se convierten en especialmente importantes si estamos encarando la muerte.

La contestación a la primera pregunta – “¿Quién soy Yo?” – está en el corazón de las enseñanzas de la sabiduría védica. Sin la comprensión de la naturaleza de nuestro ser, se vuelve difícil entender casi nada respectivo a nuestra existencia. Los sabios dicen que nuestra verdadera naturaleza es espíritu inmortal, pero nosotros hemos sido apresados en el error de pensar que somos solamente un cuerpo y una mente.

Un ejemplo es ofrecido para ilustrar la inmensidad de este error. Una princesa esta viajando sola por el desierto. Ella tiene un accidente que le provoca amnesia. Olvida quien es. La joven dama logra llegar a un pueblo cercano. Ella eventualmente debe aceptar un empleo para poder sobrevivir. Ella se vuelve una vendedora de frutas en el mercado local. La mujer vive una vida difícil por años en este pequeño pueblo, sin saber su verdadera identidad. Un día su amnesia se desvanece, y ella recuerda quién es. “¡Yo soy la hija del Rey!” gritó fuertemente. Aunque la gente local pensó que había perdido la mente, ella inmediatamente abandonó el pueblo, viaja de regreso a su hogar en el palacio, y retoma su vida en la realeza. Todos su problemas menores fueron resueltos por recordar su verdadera identidad.

En nuestro estado de olvido, sufrimos a costa de las altas y bajas de la vida humana, sin conocer que somos seres inmortales en una jornada a través del universo material. Cuando sea y como sea que podamos asimilar la lección del alma, nuestra vida se vuelve sublime. Aún si nuestro cuerpo físico está siendo amenazado con la extinción, realizar que somos un alma puede llevarnos a un estado de gozo y sin temor. Si estamos muriendo, ese proceso de muerte puede volverse una partida noble – un poderoso rito de transición de esta escuela terrenal hacia nuestro próximo destino. Nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde para aprender la lección de la inmortalidad del alma.

Todos los cuerpos mueren, pero nadie muere

Es una parte natural de la vida que nuestra jornada en este cuerpo material finalice. Es ciertamente una tragedia humana para aquellos que quedan atrás, quienes extrañaran la presencia física de su ser querido. Pero morir no es una tragedia para aquellos que están conscientes de lo que realmente es.

Las religiones orientales siempre han estado claras en la diferencia entre la verdadera identidad de una persona y sus recubrimientos físicos y mentales. El cuerpo es un regalo maravilloso, pero no es lo que somos. Es algo sagrado, ya que provee un hogar o templo para el espíritu. Ciertamente queremos cuidar de nuestro cuerpo, alimentándolo en todas las formas. Sin embargo, demasiado apego al cuerpo lleva a la confusión, dolor, y sufrimiento. Por ejemplo, si yo tengo un coche bonito y alguien le golpea la carrocería en un estacionamiento, yo podría volverme molesto y agitado. Yo sufriré en la medida de mi apego por el vehículo. En una bien conocida escritura de la India, el Bhagavad Gita, el Señor Krishna le aconseja a su amigo Arjuna encontrar seguridad en el espíritu en vez del frágil vehículo corporal. Krishna dice: “Nunca hubo un tiempo en el cual yo no existiera, ni tú, ni todos esos guerreros. Ni en el futuro ninguno de nosotros dejará de existir.” ¿Cuál es ese “yo” que ha existido siempre? Ciertamente no es el cuerpo, el que cualquiera puede ver que es temporero. ¿Qué es lo que continúa existiendo cuando el cuerpo deja de funcionar? Es el ser inmortal que nunca muere, el cual los Vedas le llaman atma, o alma. En otras palabras, todos los cuerpos mueren, pero nadie muere. Consideremos lo que es realmente morir. De acuerdo a la sabiduría Védica, nuestro cuerpo podrá estar muriendo, pero nosotros, el alma, no. Nosotros somos inmortales.

Bondad, Perfección e Inmortalidad

Una pregunta común que se hace la gente cuando la muerte está cerca es “¿Soy yo una buena persona?” Existen varias escuelas filosóficas de pensamiento que debaten si los humanos son buenos o malos inherentemente. Los sabios Védicos claramente establecen que todos los seres son buenos y perfectos en su naturaleza real. La escritura ancestral Isa Upanishad dice: “Del que es Todo perfecto provienen las emanaciones perfectas; todos los seres provienen del Ser Perfecto y regresan a la perfección al final.”

Uno de los mensajes más importantes de las enseñanzas védicas es esto: aunque habitamos cuerpos mortales que eventualmente se deterioran y dejan de existir, nuestra naturaleza inherente es siempre buena, perfecta e inmortal debido a su Fuente buena, perfecta e inmortal. Si todos provenimos de Dios, o la Fuente Divina, entonces compartimos la bondad y la perfección de esa Fuente. Esta es una meditación importante durante la vida, pero se vuelve especialmente importante cuando se acerca la muerte y nuestro cuerpo de deteriora. Necesitamos mirar con aplomo el momento cuando nuestro cuerpo deje de funcionar, y debemos mirar con regocijo a ese mismo momento, cuando la perfección de nuestro espíritu es percibido.

La belleza de las enseñanzas védicas sobre el morir es esta: si simplemente somos capaces de recordar quienes somos y la Fuente de la cual procedemos, podremos alcanzar el hogar de nuestra alma en el momento de la muerte.

Al ir dándole punto final a los asuntos terrenales, reconciliándose con la familia y amigos, y expresar remordimiento por los malos actos realizados, nos vamos haciendo libres para reflexionar sobre nuestra verdadera naturaleza. Los sabios dicen que somos buenos ya que vinimos del Todo Bueno. Somos amados porque hemos venido de la fuente del amor.

Si nos estamos acercando a la muerte, podemos dejar ir nuestra vida terrenal de alegrías y lamentaciones, victorias y fracasos. Podremos entonces mirar adentro a nuestra alma perfecta, buena e inmortal y, con los ojos del alma, meditar en el Alma Suprema. Llenar la mente y el corazón con pensamientos del Supremo, especialmente en el momento de la muerte, es el método ancestral usado por los sabios de la India para dejar este mundo hacia la perfección.

Perdiendo al Mundo, Ganando la Inmortalidad

La realización del ser inmortal no es siempre fácil, aún con la urgencia que representa nuestro estado físico en deterioro. El proceso de morir aparece ser una paradoja. Perdemos muchas de las cosas que definieron nuestra vida: salud, belleza, fuerza, influencia, la habilidad de viajar y gozar nuestra riqueza. Aún así tenemos una oportunidad de ganar el mayor tesoro de todos: nuestra verdadera identidad espiritual.

De acuerdo con los sabios védicos, esta paradoja se presenta debido a la confusión humana que prevalece sobre nuestra verdadera identidad. ¿Somos acaso el ego que continuamente tiene que defender sus posesiones, riquezas, familia, imagen, estatus social y así sucesivamente? ¿O, somos un alma que está definida por su valor intrínseco como inmortal, sabia y bienaventurada? Los maestros espirituales reconocen esta última opción. Más, sin embargo, nuestra cultura promueve el anterior concepto del ser, enceguecidos por una fascinación por las promesas volátiles de la vida material.

Durante el proceso de morir, el ego comienza a debilitarse porque todos sus apoyos (buena salud, posición, posesiones) comienzan a perder su importancia. Debido a nuestro condicionamiento, especialmente si vivimos en una cultura materialista, sentimos que estamos perdiendo mucho de lo que somos. Sufrimos emocionalmente debido a esta falsa identificación. No es inusual que una persona moribunda comience a cuestionarse si todavía es una persona: ¿Mi vida tiene algún valor? ¿Cuánto valgo yo, ahora que he perdido todas las cosas que me habían definido?

La tradición védica, sin embargo, afirma que nuestra valía no desmerece en modo alguno con cualquier daño a nuestro cuerpo o mente.

Así como Krishna le dice a Arjuna en el Bhagavad Gita, “El alma no puede ser matada por armas, quemada por el fuego, mojada por el agua, o sacudida por el viento.” Si un billete de veinte dólares está arrugado y descolorado por el uso, ¿acaso vale menos que un billete nuevo de veinte dólares? No, el valor es precisamente el mismo. Similarmente, nuestro verdadero valor no disminuye en lo más mínimo debido a la pérdida o declive de los aspectos formantes de nuestro ego.

El proceso de morir, con sus numerosas pérdidas, puede volverse una poderosa oportunidad para dejar ir el agarre del ego sobre nuestra identidad y descubrir finalmente nuestra verdadera naturaleza como espíritu. La auto defensa del ego por toda una vida contra los ataques a su valía se ha terminado. Podemos ahora relajarnos en el espíritu. Podemos encontrar refugio, fortaleza y apoderamiento en nuestra identidad como un alma inmortal.

Preparándose para el Momento Próximo a la Muerte

La muerte es parte de la vida para todos nosotros. Pero para aquel que ha recibido una diagnosis terminal, se convierte inmediatamente en la parte más dominante de su vida. La experiencia de aproximarse a la muerte es única para cada uno de nosotros, pero las sociedades más introspectivas a través de la historia han visto a la muerte no como un final trágico a una vida individual, sino como unas de las Grandes Transiciones de la vida, o los ritos de abandonar el cuerpo. Visto desde esta luz, la preparación para la muerte se vuelve más que despedidas llorosas y esperar el deceso. Históricamente, en la mayoría de las grandes tradiciones de fe, la persona que estaba próxima a la muerte fue preparada por la familia, amigos y algún clérigo para esta gran transición.

Así como una joven niña o niño fue preparada para su transición hacia la adultez, o una novia se preparó para el matrimonio, así mismo un amigo o familiar fue preparado para la muerte. Los textos sagrados como el Libro Tibetano de los Muertos, el Ars Moriendi Cristiano, y el Bhagavad Gita védico proveen guía a los candidatos para la transición desde esta vida terrenal. Estos textos reconocen la continuidad del alma o la fuerza vital más allá de la expiración del cuerpo físico.

El período cercano la muerte puede decirse que comienza una vez se hace la prognosis terminal y todas las técnicas salvavidas han sido agotadas. Una parte importante de la experiencia próxima a la muerte es la calidad de vida previa a la muerte. La calidad de vida de una persona durante el periodo cercano a la muerte puede ser considerada en dos formas:

¿Está la persona dispuesta a vivir la experiencia
día a día de la vida terrenal con agradecimiento?
¿Está la persona dispuesta a progresar en su
preparación para el siguiente mundo?

Este período de tiempo puede ser uno de sufrimiento existencial o de gran crecimiento, dependiendo de la contestación a estas dos preguntas. Desafortunadamente, para algunas personas con una diagnosis terminal, la única pregunta que se hacen es: “¿Cuánto tiempo tengo que esperar para morir?” Ellos no son capaces de ver alguna razón para seguir viviendo cuando la muerte esta próxima.

Esperanzados en Vivir, Aceptando Nuestro Morir

Primeramente, consideremos la experiencia de día a día de nuestra vida terrenal cuando nuestros días han sido contados por un doctor u otro profesional médico. Si por cierto hemos tratado todas las vías posibles para recobrar la salud y nada ha funcionado, tenemos una decisión que tomar: “¿Tengo que aceptar que estoy realmente muriendo?, o ¿Debo tener la esperanza de un milagro?” En un sentido muy real, podemos hacer ambas cosas.

La sabiduría védica dice que la longitud de nuestra vida esta predeterminada por nuestro propósito en esta vida y nuestro karma de vidas pasadas. Nuestros días están contados por el destino, y también por nuestras propias manos – y la de otros seres humanos también. Esto no significa que debemos dudar en usar todos los medios para recobrar la salud. Pero ni el doctor más prominente ni la mejor medicina puede salvarnos si nuestro tiempo ha llegado. Como dice el dicho védico: “Si Dios nos quiere salvar, nada nos puede matar; y si Dios nos quiere llevar, nada nos puede salvar”.

¿Dónde nos deja esto entonces? Nos deja con la posibilidad de aceptar nuestra muerte cercana con la esperanza que quizás todavía no haya llegado nuestro tiempo. Quizás sea el tiempo destinado para morir; o quizás el propósito de nuestra vida no esté completo, y una curación inesperada ocurrirá para que podamos completarla. En cualquier caso, está fuera de nuestras manos. Al realizar esto, nos podemos relajar y experimentar cada momento de nuestra vida, preparados para vivir todos nuestros días estando listos para partir si ese es nuestro destino. Dejar ir la presión de luchar por nuestra vida o aceptar nuestra muerte es un gran alivio. De esta forma, otra paradoja relacionada a vivir y morir puede ser resuelta.

Vivir Plenamente en el Momento Presente

Con la presión de luchar o de dejar ir disminuidas, ahora tenemos la oportunidad de vivir sencillamente en el momento presente, el día presente de vida. La gente en recuperación habla sobre vivir “un día a la vez.” Este es un buen consejo para todos nosotros, especialmente si sentimos que estamos en ese mundo incierto entre la vida y la muerte. Este es el tiempo que para muchos podría ser el menos recargado de sus vidas. Las presiones de vivir están llegando a su final. Amigos y parientes se presentan para reconciliar viejas diferencias o para tomar responsabilidades terrenales. Se nos ha dado algún tiempo para reflexionar sobre nuestra vida, para integrar las lecciones de nuestra vida, y para crecer en espíritu a través de esa integración. Ya sea que muramos o nos recuperemos, este es un momento muy poderoso y una transición significativa: si nos recuperamos, nuestra vida jamás será igual; si morimos, nuestra vida jamás será igual. Una correcta introspección durante este tiempo puede significarnos un logro inmenso en esta vida y en la próxima.

El Alma Evoluciona Hasta el Ultimo Momento de Vida

La segunda medida de la calidad de vida durante este tiempo no está relacionada con la vida pacífica del día a día, sino con el crecimiento y aprendizaje continuo del alma. Esta segunda razón para continuar viviendo cuando ya no somos “productivos” está claramente esbozada en los textos védicos: el alma continúa evolucionando, creciendo y profundizando su conexión con Dios en todas las etapas de la vida, particularmente en este periodo especial. La investigación de la Dra. Kathleen Singh en su excelente libro “The Grace in Dying”, relata numerosos casos de personas con experiencias cercanas a la muerte quienes inesperadamente hacen un rápido progreso espiritual. Lo que ella llama “la rendición del ego y la trascendencia a una unión con el Espíritu” ha sido observada en mucha gente moribunda. En otras palabras, mientras hay un declive mental, físico y social, el potencial del crecimiento del alma aumenta exponencialmente. Si nuestros síntomas y dolores físicos pueden ser puestos bajo control, y nuestros asuntos terrenales y familiares están cubiertos, nos podríamos estar posicionando al borde de una potencial evolución espiritual.

¿Cómo Debemos Morir?

Aceptando que el alma es capaz de crecer y evolucionar hasta la transición llamada muerte, tenemos una alternativa sobre cómo vivir los últimos días y meses de nuestra vida. Conociendo que la fase de muerte de nuestra vida es el último rito de transición nos permite planificar y vivir esta etapa de vida tan exitosamente como hemos vivido otras etapas: la adolescencia, matrimonio, adultez, retiro, y quizás la etapa de sabiduría. La fase de muerte de la vida puede ser considerada la culminación de nuestros años más sabios. Idealmente, aprendimos cuando fuimos estudiantes, producimos como adultos, fuimos mentores de otros por virtud de nuestro conocimiento, y nos moveremos hacia el amor universal en nuestros años sabios.

Aún si no hemos logrado alcanzar los objetivos propios de las diferentes etapas de la vida, ahora nos estamos preparando para pasar a un lugar de mayor sabiduría y amor. Dado que esta última etapa de vida es la más poderosa y parece ser un periodo de tremenda gracia, podemos prepararnos para llenar completamente lo que haya faltado de las etapas previas.

Durante la fase de muerte de la vida, la posibilidad de sufrimiento existencial está presente ya que perdemos habilidades físicas, mentales y sociales. Mucha gente moribunda se lamentan que hay una pérdida continua semana tras semana – su trabajo, su movilidad, su vida social, su audición, su habilidad para leer, y finalmente su vida. Aún con todos los buenos medicamentos para el dolor, estas pérdidas pueden conllevar dolores existenciales o psicológicos que sólo pueden ser atendidos por medios espirituales.

Una forma de enfocar esta fase de muerte de la vida es como un rito de transición. La búsqueda de la visión, el peregrinaje, o el rito de la transición en las grandes culturas, incluyendo la cultura védica, es un momento donde el buscador y los que le apoyan aceptan el reto de una crisis de vida como una oportunidad para crecer, en vez de un tiempo de estrés y sufrimiento. En todos los tránsitos de nuestra vida, nos enfrentamos a esta misma disyuntiva: ¿Será la adolescencia, la adultez, el retiro, o la muerte un tiempo de crisis exclusivamente, o será acaso un tiempo de crecimiento cuántico para abrazar la próxima fase natural de la vida?

Sin Dolor Pero Aún Sufriendo

Una encuesta Gallup en el 1997 encontró cuatro inquietudes espirituales de importancia en la lista de aquellas personas quienes se encontraban en la etapa de muerte:

No haberse reconciliado con otros – 56%

No ser perdonado por Dios – 56%

Morir sintiéndose desconectado de Dios o de un Poder Superior – 51%

Miedo a la posibilidad de sufrimiento espiritual o emocional luego de la muerte – 51%

Estos miedos y otros similares pueden llevar a un tipo de sufrimiento que no es tratable con medicamentos para el dolor. En años recientes, los avances en el alivio medicado del dolor han sido impresionantes. Especialmente en el ambiente del hospicio con su enfoque en los cuidados para asegurar la comodidad del paciente versus la curación, vemos que un porcentaje alto de los pacientes de hospicio encuentra alivio a todos o la mayoría de sus dolores físicos. Dame Cicely Saunders, fundador del movimiento moderno de hospicios, determinó que en adición a tratar el dolor físico, se debe considerar el entendimiento total del sufrimiento (el cual incluye dolor mental, emocional y espiritual).

Cuando una persona encara una enfermedad terminal, a menudo miran hacia atrás en sus vidas con remordimiento de una vida incompleta e insatisfactoria, o miran hacia el frente con miedo a un futuro incierto. De esta forma, el sufrimiento espiritual y existencial podría incluir una o más de las siguientes preocupaciones: no lograr la reconciliación con amigos o parientes; experimentar culpa por malas acciones cometidas o sueños sin realizar; no estar preparado para la muerte; sentirse abandonado por la gente o por Dios en el presente; tener miedo de morir y ser juzgado por Dios en el futuro; y estar confundido sobre el significado de la vida y la causa del sufrimiento.

Cambiando los Lentes Focales

En vez de ir enfocando cada uno de los problemas individualmente, una forma integral de atacar todos estos tipos de miedos y sufrimientos es cambiando los lentes a través de los cuales vemos la etapa de muerte. Como lo demuestra el gráfico más abajo, podemos considerar dos formas para ver la muerte y dos formas para morir. Podríamos ver la muerte como un fenómeno aterrador y desconocido en el cual perdemos todo lo que tiene valor. O podemos ver la muerte como un rito de transición. Podemos entonces proceder hacia la muerte de dos formas: sin prepararnos, en negación, y vulnerables al sufrimiento; o conscientemente preparados para “cabalgar el tigre del destino” a través del tránsito final de nuestra vida.

Morir Inconscientemente
(Sufrimiento Existencial)

Sin hambre, sin alimentarse
Aislamiento/soledad
Perder la vieja identidad
Enfocado en el cuerpo y la mente
Desconectado de/rechazado por el mundo
Reflexionar en la propia vida (juzgando)
Resistir la guía o consejería
Incertidumbre sobre el futuro (miedo)
Aterrado de la muerte
Castigado por un Dios juzgador o un universo impersonal

Morir Conscientemente
(como un Rito de Transición)

Reducir el comer o ayunando
Aislamiento/desapego
Dejar ir la vieja identidad
Enfocado en el alma inmortal
Soltar el mundo material
Reflexionar en la propia vida (aceptando)
Buscando una visión, guía y consejería
Incertidumbre sobre el futuro (excitado)
Aceptando la muerte física y del ego
Hijo de un Dios amoroso y una universo amigable

Una Alternativa Fácil: Morir Conscientemente

La sabiduría de las enseñanzas védicas nos da una alternativa fácil. Los vedas declaran: nosotros somos almas inmortales más allá del nacimiento y la muerte; esta vida es una corta travesía en un mundo temporero con la oportunidad para crecimiento espiritual; y Dios es Todo-Amoroso y recibe a todas las almas de vuelta al mundo espiritual cuando su “aprendizaje” ha sido completado. Entonces, podemos dejar de ver la muerte sólo como una tragedia y escoger la noble vía de morir conscientemente, solicitando a nuestros amigos espirituales y seres queridos que nos apoyen durante el último rito de transición.

Jane era una profesional de la salud de 60 años quien estaba muriendo. Ella había adoptado prácticas espirituales orientales tarde en su vida y le había dicho a la enfermera del hospicio que ella deseaba minimizar la cantidad de medicamentos para el dolor y maximizar su habilidad para estar consciente durante el proceso de muerte. Ella me dijo con una gran sonrisa en su rostro que estaba muy entusiasmada de experimentar el proceso de morir y la muerte en sí. Jane se aferró a su deseo, manejando más dolor del que algunos de nosotros desearíamos, pero murió en sus propios términos. Ella dijo justo antes de su muerte que estaba preparada para el viaje de su vida.

Gloria era una mujer anciana quien decidió dejar de alimentarse por decisión propia en algún punto de su proceso de muerte. Sus parientes estaban muy preocupados y trataron de persuadirla para que volviera a tomar alimentos nuevamente. Pero ella dijo que había recibido una señal interior que ya era tiempo de que su cuerpo se apagara. Gloria era una mujer católica muy religiosa. Ella me contó que su espíritu estaba siendo alimentado por su fe y que su cuerpo sólo deseaba descansar. Gloria pasó al otro mundo llena de gracia mientras su espíritu se deslizaba pacíficamente.

Ben era un hombre de cuarenta y seis años de edad en el proceso de muerte. Él se había mudado a Hawaii tres años atrás para vivir su sueño en un paraíso. Ben estaba libre de dolor físicamente, pero estaba experimentando una depresión y ansiedad severa. Durante una conversación con Ben, me relató que su vida había sido un fracaso. “Nunca logré nada”, dijo. “Nunca tuve un buen trabajo, nunca hice mucho dinero; mi vida fue un fracaso.” Yo le pregunté a Ben que fuera más profundo sobre su vida. Finalmente dijo, “Bien, mucha gente decía que yo escuchaba con atención. Ellos venían a mí para hablarme de cosas que estaban mal en sus vidas. Ellos decían que los hacía sentir mejor el que tuvieran alguien que los entendiera y se preocupara por ellos.” Yo tuve la capacidad de honesta y confidencialmente asegurarle a Ben que su travesía terrenal había sido un éxito: había aprendido lecciones de bondad y amor; había ayudado a otros en sus travesías difíciles; había sido un amigo y confidente. Ben miró sorprendido y sonriendo suavemente dijo, “Creo que estás en lo cierto, si lo dices de esa forma.” Palpablemente se relajo por vez primera desde que lo conocí. Ben fue capaz de morir en paz consigo mismo, comprendiendo que había crecido en la escuela terrenal, y que había hecho la diferencia en la vida de otros.

Estos tres ejemplos de la vida real dejan claro que nuestra fase de morir en la vida puede ser exitosa si somos capaces de soltar la forma material de juzgar el éxito – dinero, buenos empleos, alimentos gourmet, falta de sufrimiento – y miramos la vida durante nuestra Gran Transición como una evolución del alma, un rito de transición con increíbles oportunidades para crecimiento espiritual. La tabla de “Morir Consciente vs. Morir Inconsciente” puede servirnos como un mapa que nos ayude a tomar el camino consciente en el proceso de muerte.

< Apéndice | Arrojando Luz sobre la Muerte: El Arte Espiritual de Morir | Morir con una Consciencia Elevada >

Page last modified on May 15, 2008, at 02:52 PM