Sadhana Bhakti - La Escencia Mística
Apéndice - Citas del Manava Dharma Sastra
Los principios del Bhagavata-vidhi son superiores al Pañcaratrika-vidhi y estos a su vez son superiores a los códigos Védicos. Estos códigos son considerados como la norma para los brahmanas, que suelen aspirar al Brahman impersonal. Superiores a los brâhmanas son los yoguis (ascetas) que realizan el Paramâtmâ localizado y superiores a los yoguîs, son los bhaktas, que realizan al Todo Completo, Bhâgavan, la Suprema Personalidad de Dios.
Tomando en cuenta la debida jerarquía de preceptos, incluimos en el presente manual algunos principios Védicos, tal como se encuentran enunciados en el Dharma-Sastra de Manu, para complementar la visión de los aspirantes a los pies de loto de los Acaryas Vaisnavas. Finalmente se hará clara ante la variedad y riqueza del conocimiento espiritual, la necesidad de tomar refugio en un Maestro Espiritual genuino, que sea avanzado en la vida espiritual y se encuentre en la plataforma del Amor por Krsna.
Entre los brâhmanas, los más señalados son los que poseen la Ciencia Sagrada; entre los sabios, los que conocen su deber; entre éstos, los hombres que lo cumplen con fidelidad; entre estos últimos, aquellos a los que el estudio de los Libros Santos lleva a la beatitud.
[2.55] Un alimento que constantemente se reverencia, da el vigor muscular y la energía viril. Cuando se lo toma sin honrarle, destruye ambos beneficios.
[2.71] Al comenzar y terminar la lectura de los Sastras, toque con respeto los pies de su Guru; lea con las manos unidas, pues tal es el homenaje debido a la Santa Escritura.
[2.74] Pronuncie siempre el monosílabo sagrado al comienzo y al fin del estudio de las Santas Escrituras; toda lectura que no está precedida de Aum (maha-mantra) se olvida poco a poco, y lo que no está seguido de esta voz, no deja huellas en el espíritu.
[2.87] Por la oración en voz baja, un Brâhmana puede, sin duda alguna, alcanzar la beatitud, haga o no haga cualquier otro acto piadoso; siendo amigo de las criaturas, a las cuales no hace daño alguno, aun cuando la ley lo autorice a ello, puesto que no ofrece sacrificios, se dice con cabalidad que está unido a Brahmâ – brâhmana.
[2.93-95] Entregándose a la sensualidad, no se puede dejar de caer en falta; pero imponiéndoles un freno, se llega a la suprema felicidad. Ciertamente el deseo jamás se satisface con el goce del objeto deseado, semejante al fuego en que se derrama mantequilla clarificada, que sólo se enciende más vivamente. Comparad a aquel que disfruta de todos estos goces de los sentidos con el que renuncia enteramente a ellos; el último es muy superior, pues el abandono completo de todos los deseos es preferible a su realización.
[2.96-97] No se pueden someter estos órganos propensos a la sensualidad evitando complacerlos, sino antes bien, dedicándose con firmeza al estudio de la Ciencia Sagrada. Los Vedas, la caridad, los sacrificios, las prácticas piadosas, las austeridades, no pueden llevar a la felicidad a aquél cuya naturaleza está enteramente corrompida.
[2.98-99] Al hombre que escucha, que toca, que ve, que come, que siente cosas que pueden agradarle a repugnarle, sin experimentar gozo ni pena, debe conceptuársele como un ser que ha dominado sus sentidos. Que si uno solo de éstos llega a rebelarse, la Ciencia Divina del hombre se destruye al instante, del mismo modo que el agua se escapa por el hueco de un jarro roto.
[2.106] El recitado de la oración cotidiana (Gâyatrî y japa) no se debe suspender, pues es llamada la oblación de la Santa Escritura (Brahmasatha). Este sacrificio en que el Veda sirve de ofrenda es siempre meritorio, aun cuando se haga en un momento en que debería interrumpirse la lectura de los Libros sagrados.
[2.108] El Dvija que ha sido iniciado con la investidura del cordón sagrado debe alimentar el fuego sagrado tarde y mañana, mendigar sus alimentos, sentarse en un lecho muy bajo y complacer a su Maestro Espiritual hasta el fin de su noviciado.
[2.112] Donde no se encuentren la virtud ni la abundancia, ni el celo ni la sumisión imprescindible para estudiar el Veda, no debe sembrarse la Santa Doctrina, lo mismo que una buena semilla en un terreno infecundo.
[2.121] Quien tiene la costumbre de saludar a los avanzados en edad y tiene siempre consideraciones con ellos, ve acrecentarse estas cuatro cosas: la duración de su existencia, su saber, su fama y su fuerza.
[2.127] Es necesario preguntar a un Brâhmana, al abordarlo; si su devoción prospera; a un Kshatriya, si está bien de salud; a un Vaisya, si le va bien en su comercio; a un Sudra, si no está enfermo.
[2.146] Entre quien da el ser y quien transmite los Libros Sagrados, el padre más respetable es el que da la Santa Doctrina; pues el nacimiento espiritual que consiste en el sacramento de la Iniciación y que introduce el estudio del Veda, es para el Dvija, eterno en este mundo y en el otro.
[2.154] No son los años, ni los cabellos blancos, ni la fortuna, ni los parientes, lo que constituye la grandeza; los Santos han establecido esta ley: “El que conoce Los Vedas y los Angas es grande entre nosotros”.
[2.155] La preeminencia está regulada entre los Brâhmanas por el saber, por el valor entre los Kshatriyas, por las riquezas en cereales y otras mercaderías entre los Vaisyas, por la prioridad de nacimiento entre los Sudras.
[2.156] Un hombre no es viejo porque se cubra de canas su cabeza; pero aquel que todavía es joven y ya ha leído la Santa Escritura, es considerado por los dioses como un hombre entrado en años.
[2.162-163] Que un Brâhmana tema siempre a todo honor mundano como a veneno, y que invariablemente considere el desprecio como igual a la ambrosía. Después de todo, si uno aprende a tolerar el deshonor, entonces su agitación será subyugada y dormirá, se levantará y se moverá con un ánimo feliz. La persona que lo insulte quedará avergonzada debido a su pecado y su felicidad tanto en esta como en la próxima vida se verá truncada.
[2.188] Que el novicio (brâhmacarî) no deje nunca de mendigar y que no reciba su alimento de una única y misma persona; vivir de limosnas está considerado tan meritorio para el discípulo como ayunar.
[2.191] Reciba o no la orden de su institutor, el novicio debe aplicarse con celo al estudio y tratar de complacer a su venerable maestro.
[2.202] Que si está en coche o en un sitial, baje a saludar a su Padre Espiritual. No debe brindarle homenajes por intermedio de otra persona cuando está lejos de él y pudiendo venir él mismo, ni cuando está con cólera, ni en presencia de una mujer.
[2.207] Que siempre se comporte con los hombres virtuosos como con su Guru, y que haga lo mismo tratándose de los hijos de su director, si son respetables por su edad, así como tratándose de los familiares paternos de su venerable maestro.
[234-235] Quien respeta a estas tres personas, respeta todos sus deberes y obtiene la recompensa de ellos; pero para quien olvida y descuida el honrarlos, toda obra de piedad no tiene fruto. Mientras esas tres personas vivan, no debe ocuparse voluntariamente de ningún otro deber; pero que les manifieste siempre una sumisión respetuosa, dedicándose a complacerlas y servirlas.
[3.1-2,4] El estudio de Los Vedas, prescrito al neófito en la casa de su Maestro Espiritual, debe prolongarse durante treinta y seis años o la mitad o la cuarta parte de este tiempo; es decir, los que tarde hasta comprenderlos perfectamente. Después de haber estudiado por orden, una rama de cada uno de los Libros sagrados, quien no ha quebrantado jamás las reglas del noviciado puede entrar en la orden de los grihasthas. Habiendo recibido el asentimiento de su director, habiéndose purificado con un baño, según el precepto que establece el Dvija, cuyos estudios han terminado, se despose con una mujer de su misma clase y provista de signos auspiciosos.
[3.150] Manu ha declarado indignos de participar en las ofrendas que se celebran en honor de los Devas y de los Manes (padres y antepasados) a los brâhmanas que han robado o que se han hecho reos de grandes crímenes, los que son eunucos (afeminados y homosexuales) o los que profesan el ateísmo.
[4.21] Que haga todo lo posible para no negligir las cinco oblaciones: a los Sâdhus (santos), a los Devas, a los espíritus, a los Hombres y a los Manes (ascendientes).
[4.29] Que haga cuanto le sea posible para que ningún huésped resida jamás en su casa, sin que se le hayan ofrecido, con las consideraciones debidas: un asiento, alimentos, un lecho, agua, raíces o frutas.
[4.127] Hay dos casos en los que un Dvija debe siempre precaverse de leer con el mayor cuidado: cuando el lugar donde ha de leer esta manchado (impuro) y cuando él mismo no se ha purificado.
[4.234] Cualquiera que sea el propósito con que un hombre hace tal o cual acción, recibirá recompensa según este propósito, con los honores o deshonores correspondientes.
[5.4-5] Cuando los brâhmanas se despreocupan por el estudio de Los Vedas, cuando abandonan las buenas costumbres, cumplen indolentemente sus deberes piadosos e infringen las reglas de abstinencia, la muerte ataca su existencia. El ajo, la cebolla, los puerros, las setas y todos los vegetales que han brotado de materias impuras, no deben comer los dvijas.
[5.105] La Ciencia Sagrada, las austeridades, el fuego, los alimentos puros, la tierra, el unto hecho con bosta de vaca, el aire, los ritos religiosos, el sol y el tiempo; he aquí los agentes de purificación para los seres vivos.
[5.109] Se limpia con agua la mancha de los miembros del cuerpo del hombre; la del espíritu, con la Verdad; la Santa Doctrina y las austeridades limpian las manchas del principio vital; la inteligencia se purifica con el saber.
[5.145] Después de haber dormido, de haber estornudado, de haber comido, de escupir, de haber dicho mentiras, y en el momento de leer la Santa Escritura, debe uno lavarse la boca aun estando puro.
[5.155] No hay sacrificio ni práctica de piedad, ni ayuno que sea particularmente concerniente a las mujeres; la esposa que quiera y respete a su marido será honrada en el cielo.
[5.156-157] Una mujer virtuosa que desea alcanzar la misma morada de felicidad que su marido, no debe hacer nada que pueda desagradarle, ya sea durante su vida, ya después de su muerte. Que adelgace voluntariamente su cuerpo viviendo de flores, de raíces y de frutos puros; pero que después de haber perdido a su marido no pronuncie siquiera el nombre de otro hombre.
[5.160] Y del mismo modo que estos hombres austeros, la mujer virtuosa que después de la muerte de su marido se conserva casta, se irá derecha a la morada celeste aunque no tenga hijos.
[6.76-77] Este albergue, al que sirven los huesos de armazón, al que sirven de ligamen los músculos, regado de sangre y de carne cubierta de piel, infecto, que encierra excrementos y orina; sometido a la vejez y a las penas, abrumado por enfermedades, presa de sufrimientos de toda clase, unido a la cualidad de pasión, destinado a perecer, este albergue humano debe ser abandonado con gusto por quien lo ocupa.
[6.91-92] Los Dvijas que pertenecen a estas cuatro órdenes deben practicar siempre con el mayor fervor las diez virtudes que componen el deber: La resignación, el acto de devolver bien por mal, la templanza la probidad, la pureza, la represión de los sentidos, el conocimiento de los Sastras, el del Alma Suprema, la veracidad y la abstinencia de cólera: tales son las diez virtudes en que consiste el deber.
[7.45] La diligencia en divulgar el mal, la violencia, el acto de dañar en secreto, la envidia, la difamación, el acto de apropiarse del bien ajeno, el de injuriar o de golpear a alguien, componen la serie de ocho vicios que origina la cólera.
[7.47] Que rehúya con el mayor cuidado los vicios que conducen a desgraciado fin, entre los cuales diez y ocho provienen del amor al placer y de la cólera.
[7.48] La caza, el juego, dormir durante el día, la maledicencia, las mujeres, la embriaguez, el canto, la danza, la música instrumental y los viajes inútiles son los diez vicios que nacen del amor al placer.
[7.134] Cuando en el territorio de un monarca un hombre imbuido de la Santa Escritura sufre de hambre, el reino de este príncipe será pronto presa del hambre.
[9.12] Encerradas en la casa bajo la custodia de hombres fieles y adictos, no están sin embargo, las mujeres, en seguridad; sólo están en perfecta seguridad las que se guardan a sí mismas por propia voluntad.
[10.63] Abstenerse de hacer el mal, decir siempre la verdad, no cometer ningún robo, ser puro y reprimir sus órganos, es el deber prescrito a las cuatro clases por Manu.
[10.67] El que ha sido engendrado por un hombre de honor y por una mujer abyecta puede tornarse honorable por sus cualidades; pero el que ha sido engendrado por una mujer de clase distinguida y por un hombre despreciable, debe ser considerado de nacimiento vil; tal es la decisión.
[11.25] El Brâhmana que ha pedido algo para hacer un sacrificio, y no emplea en este todo lo que ha recibido, se transformará en una corneja durante cien años.
[11.34] Que el Ksatriya se libre de peligro con la fuerza de su brazo; el Vaisya por medio de sus riquezas, como también el Sudra; el Brâhmana con sus oraciones y las ofrendas de sacrificios.
[11.238] Todo cuanto es difícil de obtener, difícil de cruzar, difícil de abordar y difícil de cumplir, puede lograrse con la austera devoción, pues la devoción es lo que ofrece (y salva) los mayores obstáculos.
[12.5-7] Pensar en los medios de apropiarse del bien ajeno, premeditar en una acción dañina, abrazar el ateísmo y el materialismo, son los tres malos actos del espíritu. Proferir injurias, mentir, maldecir a todo el mundo y hablar intempestivamente, son los cuatro malos actos de la palabra. Apoderarse de cosas no dadas, causar daño a los seres animados sin estar autorizado a ello por la ley, y cortejar a la mujer del prójimo, está reconocido que son tres malas acciones del cuerpo; los diez actos opuestos son buenos en el mismo grado.
[12.10] Aquel cuya inteligencia ejerce un dominio soberano –danda- sobre su palabra, su espíritu y su cuerpo, puede ser llamado Tridandi –que tiene tres poderes- con mayor título que el devoto mendigo que lleva simplemente tres varas.
[12.38] El amor al placer revela el carácter de la oscuridad; el amor a la riqueza, el de la pasión; el amor a la virtud, el carácter de la bondad; la superioridad de mérito, tratándose de estas cosas, sigue el orden inverso de enumeración.
[12.103] Los que han leído mucho valen más que los que han estudiado poco; los que poseen lo que han leído, son preferibles a los que han leído y olvidado; los que comprenden tienen más mérito que los que saben de memoria, los que cumplen con su deber, son preferibles a los que sólo lo conocen.
[12.105] Tres modos de pruebas: la evidencia, el razonamiento y la autoridad de los diversos libros deducidos de la Santa Escritura. Esto debe ser bien comprendido por el que trata de adquirir un conocimiento positivo de sus deberes.
