Sabidurías Védicas por Swami B.A. Paramadvaiti
Vida proviene de la vida
La vida es un regalo divino y muy hermoso. El cuerpo es una máquina sofisticada que funciona por la interacción del cuerpo sutil la mente y la inteligencia a través del sistema nervioso.
Lo más extraordinario en la vida es la capacidad de amar, sentir y desear; esto se llama chitsakti o la fuerza divina. Observar el gigante universo que nos rodea; es como estar frente al altar del Infinito en forma de su espacio y tiempo. Todo con un funcionamiento tal que nos tiene que convencer de que La Conciencia Suprema es algo demasiado grande y perfecto.
La conciencia individual, la capacidad de amar y de sacrificarse por una causa es un regalo de Dios y es lo más grande, es la libertad para ser responsables y avanzar. Este gran regalo, sin embargo, al ser dirigido hacia las cosas temporales puede causarnos frustración cuando las cosas efímeras se desintegran o cuando llega la muerte. Por eso debemos dirigir esta conciencia y este amor hacia la trascendencia, hacia lo espiritual, hacia la identidad de nuestro ser.
Más allá de este cuerpo físico y mental está la posibilidad de vincular nuestra fuerza viviente con la trascendencia, esa es la enseñanza de la sabiduría védica. El proceso para hacer esto es a través de la invocación de mantras y de las prácticas trascendentales que transforman la conciencia personal, identificada con lo material y con lo astral, en una conciencia absorta en lo espiritual, con la que se puede alcanzar la autorrealización e incluso la liberación de los repetidos nacimientos y muertes que se experimentan en estos cuerpos materiales.
La sabiduría védica revela que nuestra vida, nuestra conciencia es un regalo de Dios que viene de la vida Suprema. La naturaleza (que es la fuerza externa de Dios) también vive, el universo vive, los planetas viven al igual que las plantas, los animales y los minerales. El funcionamiento de todo esto es demasiado extenso para el entendimiento de nuestro pequeño cerebro, sin embargo, podemos comprender que la vida proviene de la vida y que la individualidad proviene de la Suprema Individualidad, así, el escéptico tendrá que aceptar que la madre naturaleza es la que lo creó y es ella quien lo está manteniendo, por lo tanto, debe admitir su total dependencia de fuerzas ajenas a él. De este modo podemos comprender que lo superior puede producir algo inferior pero no que algo inferior puede producir algo superior. Así; la energía muerta, bajo ninguna circunstancia puede crear conciencia como especulan los científicos neófitos.
Las tradiciones espirituales nos explican que no somos el cuerpo material, sino la conciencia dentro de este cuerpo; la cual tiene la capacidad de descubrir la trascendencia, ya que la infinita creación material es insuficiente para las ambiciones amorosas de cada ser, es decir, no podemos amar al tiempo ni al espacio, pero sí podemos amar al Creador y Mantenedor de todo.
La sabiduría védica nos revela que la vida proviene de la vida y que esta Fuerza Suprema dadora de vida está muy cerca de nosotros en forma de Paramatma, o Conciencia Suprema dentro de nuestro corazón. En otras palabras la omnipresencia del Creador reside en cada átomo y en cada ser como guía, testigo y bienqueriente permanente. Esto es lo que la sabiduría védica procura instruir por medio del estudio, la oración y la meditación. Aquel que practique una disciplina espiritual con sinceridad podrá percibir la presencia de la vida original y la existencia de la conciencia trascendental.
Aquellas personas que profesan la idea de que la vida y el universo son una creación accidental, son los culpables del fatalismo y del egoísmo que crea tanta criminalidad y desesperación en el mundo. Ellos deberían tener en cuenta que esa filosofía no ofrece ninguna esperanza o inspiración positiva para la humanidad. Mientras que la comprensión de que la vida proviene de la vida; y de que ésta tiene un propósito superior, y de que existe un destino en la eternidad de la conciencia que puede ser alcanzado por la purificación y la conducta perfecta en esta etapa condicional, es necesaria y permite tener una posición superior al fatalismo materialista tan en boga en la actualidad. Debemos agradecer a la sabiduría védica esta información de que la vida proviene de la vida; de la vida Suprema quien es conocido con muchos nombres en diversas culturas, pero quien es el mismo. Así como compartimos el sol y la naturaleza en el mundo pero para todos es la misma, el creador y mantenedor de todos es el mismo.
Todas las glorias a Sri Krishna, todas las glorias a Jehová, Todas las glorias a Govinda, todas las glorias a Alá, todas las glorias al Señor del Universo y todas las glorias a todos los nombres de Dios.
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Citas:
No podemos amar al tiempo ni al espacio, pero si podemos amar al Creador y Mantenedor de todo.
La idea de que la vida y el universo son una creación accidental no ofrece ninguna esperanza o inspiración positiva para la humanidad

