Sabidurías Védicas por Swami B.A. Paramadvaiti

La Codicia

Actualmente, una de las actitudes que más prevalece en el mundo y que destruye las relaciones, es la codicia. La codicia es peligrosa pues hace pensar que los bienes y el dinero, tienen más valor que el amor y el compromiso que se tiene con las personas. Siempre que debiera existir una relación de corazón a corazón, la codicia interpone el vil metal, las mentiras, el chantaje. Las personas codiciosas tienen una mentalidad que destruye la buena atmósfera de todo lugar.

Codicia hay a todo nivel. Muchas veces se ha visto que cuando a una potencia mundial le interesa, por ejemplo, lo que otra nación posee, planifica una guerra para quitárselo. Así continuamente se amenaza la seguridad de la gente. También hay codicia en el mundo de la gratificación de los sentidos: se quiere tener más, más y más, la codicia de querer disfrutar y ser el personaje más importante a cualquier precio.

La codicia tiene muchas caras, pero una cosa es segura: es mundana, materialista, es un desvío. Es la negación de la generosidad natural del corazón. La codicia transforma a seres que hubieran podido ser amables y justos, en monstruos, incluso en peligrosos delincuentes. Mejor dicho, en este mundo por poco dinero se es capaz de matar, es muy peligroso. Estas formas de violencia son alimentadas por la ira, la lujuria insatisfecha, la locura, la falta de amor, y otros.

Existe codicia por el dinero, la fama, el poder, el placer. Sin embargo, esta condición, que crea la falsa noción de ser superior a los demás, impide la perfección de la vida, es decir, la evolución de la conciencia. Mencionemos un caso: un hombre que ha codiciado dinero y que lo ha conseguido, no vale más que nadie, simplemente es una persona cuyo karma (el resultado de sus acciones pasadas positivas) hizo que sus bolsillos estuviesen llenos. No obstante, si ese dinero es adquirido con engaños y mentiras, traerá miseria en el futuro. Todo lo malo que se haga retorna a nosotros como un boomerang implacable.

El asunto de todas formas es más complejo. Una persona que ha ganado su dinero lícitamente, sin haber cometido ningún crimen, pero que tiene la mentalidad de que sólo vale la pena tener y tener, dejando a un lado cosas necesarias como ayudar a los demás, es intoxicado por su codicia, y la vida se le desmorona poco a poco. Lo peor que le puede pasar a alguien es perder el deseo de contribuir al mundo.

Dice un antiguo proverbio: “Todo lo que no des, es lo que vas a perder”. Si no damos amor, no recibiremos amor; si no ofrecemos nuestras cualidades a Dios y a los demás, estas se esfumarán más temprano que tarde y no regresarán. Lo anterior indica que los vínculos que establezcamos con las personas, exigen de nosotros un esfuerzo y un cuidado, es decir: servicio. En todo momento hay que dar y servir, o si no la codicia, caracterizada por el deseo de acaparar y favorecer la condición particular, nos arrebatará la preciosa oportunidad de recibir amor. La vida está fundamentada en el dar.

Dana (dar en el idioma sánscrito) es la actividad de quienes tienen valores superiores, que en la cultura védica son llamados brahmanas. Ellos ofrecen todo lo que tienen a Dios y lo dan a la gente en general. Los brahmanas o sacerdotes tienen esta actitud porque comprenden que a Dios le interesa el corazón de las personas y no sus bienes materiales.

Quien tiene actitudes de agradecimiento a Dios piensa: “Mi Señor, Tú me has dado esto y aquello; tengo que cuidarlo y compartirlo con los que lo necesitan”. En esta medida la práctica espiritual nos enseña a servir al Señor y a su creación. Dios es el Creador Supremo y toda la Creación fue puesta en las manos de los seres humanos para observar qué hacen con ello.

La codicia nos lleva a ignorar a Dios, debemos tener presente que la existencia misma la hemos recibido de Él. Si Dios nos ha dado tantas cosas lindas con amor, ¿Por qué no aprender de Él? ¿Para qué seguir codiciando tantas cosas materiales, aún cuando los sabios nos han hecho caer en cuenta que el mundo, incluyendo el ser humano, es temporal? Esto no es más que el desperdicio de la gran capacidad del alma para servir, dar y amar.

La vida del alma es servir a Dios y actuar de acuerdo a un criterio espiritual, es decir, con la conciencia de los actos, las palabras y los pensamientos. Estamos siendo examinados a cada instante por todo lo que hacemos, por eso la vida es delicada, no es un juego. La vida humana es un examen para que la gente pueda evolucionar. Las personas con adicciones también sufren de codicia y no logran pasar este examen, debido a la ilusión de que somos este cuerpo y no almas espirituales.

La codicia y otras actitudes egoístas, pueden ser canalizadas cuando se busca refugio en Dios y se eleva una solicitud mediante oraciones espirituales, por ejemplo:

“Oh mi Señor, déjame ser un instrumento de Tú Amor, perdóname por todos los errores que cometí en el pasado; Oh mi Señor, ocúpame en Tú servicio y no tomes en cuenta mis locuras del pasado, me comprometo a dejar de lado las actividades egoístas, mediante el control de la ira y de los deseos materiales. ¡Oh mi querido Señor!, protégeme, solamente de Tus manos podré obtener la esperanza para salir adelante".

Con tal actitud y mentalidad es posible mejorar y corregirse de la codicia o demás errores, y así lograremos darle el mejor uso que puede tener esta vida humana, la cual es un regalo muy especial de Dios para nosotros.

Swami B.A. Paramadvaiti

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