Sabidurías Védicas por Swami B.A. Paramadvaiti
Fricciones en la familia
Tener en este mundo un(a) esposo(a), padres o hijos debe ser considerado como una gran misericordia; y cuidarlos adecuadamente es un requisito normal, es algo natural; y no se espera que sea fácil. Amar significa sufrir; si yo amo a una persona y si ella está mal yo también voy a afectarme; por lo tanto, amar y sufrir son sinónimos. Indiferencia significa que no importa nada, y esta actitud no es muy espiritual. Amar a la familia significa tener la disposición de sacrificarse por ella. Eso en este mundo no funciona mucho porque el egoísmo de los individuos es muy marcado y cuando sus intereses personales son subestimados, entonces, se da muy a menudo la renuncia a los compromisos buscando vana felicidad en otro lado. ¿Cómo es posible buscar felicidad en otro lado cuando se ha causado gran sufrimiento a otros? Esa es la mayor ilusión, el paraíso de los tontos, tenemos que cumplir con nuestras obligaciones de corazón. Si alguien quiere superar las fricciones en la familia, causadas por el egoísmo, debe tener en cuenta que dominar a otra persona, es decir, subyugar al débil con la propia fuerza no va a crear efectos positivos permanentes; al contrario, será un problema que más tarde surgirá otra vez. Las dificultades familiares solamente se pueden superar cuando ambos se ponen de acuerdo en que van a hacer las cosas basados en el sentimiento del bienestar común. Si uno lucha por el bienestar de la familia con base en Dios, eso dará un bello resultado. Ante Dios no existe la idea de que para mi bien tengo que aplastar a otro; eso solamente existe en el mundo del egoísmo.
En el mundo de la devoción sincera, bajo la guía de un maestro espiritual, invocando la guía de los Santos Nombres de Dios y de las Sagradas Escrituras, no puede surgir la idea de aplastar los derechos de los demás. En otras palabras, conciencia de Dios es la mayor bendición para las familias y va a ayudar bastante a salir adelante. En la familia se deben evitar las fricciones a través de los istagosthis (reuniones armoniosas donde se superan los obstáculos y se resaltan los logros), del estudio de las Escrituras y de la capacidad de escuchar. En una familia se deben llevar a cabo los planes a corto, mediano y largo plazo a través de la conversación; el hombre no debe olvidar que la mujer es la diosa de la fortuna y en una casa donde es maltratada, ninguna fortuna llegará, sólo lamentación. La mujer debe pensar que si el hombre está dispuesto a protegerla, eso es un regalo de Dios y hará lo mejor para que esto sea posible y todo sea armonioso. Complementarse significa abandonar el espíritu de la competencia, dejar la idea de cómo hacer menos para sacar más provecho, y más bien pensar en cómo volverse más útil para hacer más bonita la familia.
Este tipo de disposición traerá mucha energía positiva para la familia, pues la competencia será sobre la base de quién se dedica más a los demás y eso traerá buenas cosas; por ello, las fricciones que hay en la familia deben ser consideradas peldaños para crecer y no razones para desesperarse. Porque también dentro del conflicto llega el momento en que uno puede reconocer los errores, no hay mal que por bien no venga, porque como enseña la cultura védica: uno debe entregarse completamente a la vida espiritual dejando de lado los asuntos materiales; pero esta renuncia viene cuando los niños están grandes y los padres están de acuerdo en viajar y prepararse espiritualmente para apoyar la prédica del maestro espiritual sin estar apegados a las comodidades materiales, ni frustrados por el envejecimiento del cuerpo que ya no proporciona el disfrute de antes.
A continuación una canción compuesta por Inaín Castañeda, donde los hijos piden ayuda a sus padres para que no se destruya la familia.
Papá y mamá por favor quiero que hablemos, yo sé que soy muy pequeño pero veo la realidad. Ustedes dos andan para arriba y para abajo maldiciendo a cada rato sin poderse soportar, por favor piensen con cabeza fría, yo sé que es dura la vida pero se puede arreglar; cuando los dos se juntaron por aquella vez primera cual si hubiesen encontrado el paraíso terrenal. Y hoy con el correr del tiempo a los dos les he escuchado que esto en nada ha funcionado, que el amor ha fracasado y que se piensan divorciar y yo no entiendo; si el amor es lo más grande, el tesoro más radiante que tiene la humanidad. ¿Por qué ustedes pisoteando lo divino quieren tomar dos caminos muy distintos por demás? Y yo, que soy sólo un niño me encuentro a punto de naufragar y me atrevo a pensar que yo no vine a este mundo por aquel amor deseado, sino para mi desgracia sólo fue por un goce sexual.
Papá y Mamá miren cómo estoy llorando, aún me siento indefenso para empezar a luchar; porque ustedes dos ya han conocido la vida no hagan que yo la maldiga sin siquiera comenzar. Por favor recuerden el día de bodas cuando ante un altar juraron amor eterno y filial, también cuando les dijeron después de aquel largo beso que lo que Dios ha unido solamente la muerte lo podría separar.
Además en aquel tiempo no importaban los defectos, todo se veía perfecto. ¿No creen que es un poco tarde para empezar a lamentar? Y yo no entiendo cómo es que se aman los grandes, si mi amor ya no cabe; se quiere desbordar, y hoy ustedes sin importar mi destino me ponen para que escoja con quién me quiero quedar y es un absurdo completo porque los dos son mis padres y en verdad no tengo más, los dos un mismo ser, los dos son mi realidad, somos una gran familia, si así se quiere mirar, pero no se valora; será el error más fatal, papá y mamá.
Inaín Castañeda.
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La pareja condenada a la sola atracción y complacencia sexual, no podrá fundar raíces profundas en su relación y pronto aparecerá la decepción y el engaño.
Debemos tener siempre presente que la presencia de Dios es indispensable para que se dé un verdadero amor.
La relación de pareja se basa en una convivencia diaria en la que compartir y observar las mutuas diferencias permite el autoconocimiento y el cambio personal que propicia el crecimiento de ambos como una unidad de dos mitades.
Máximas:
Amar a la familia significa tener la disposición de sacrificarse por ella.

