Sabidurías Védicas por Swami B.A. Paramadvaiti
¿Cuanto Vale tu Vida?
Ser consciente de estar con vida; vernos como personas con capacidad de decisión y la posibilidad de elegir el rumbo de la propia vida; pensar cómo utilizar eso tan incomprensible que es la vida misma, con la capacidad de escudriñar, de discernir el significado del propio nacimiento; en fin, tener en claro para quien vivir y a quien agradecer, entre muchas otras más consideraciones, son las que se deben plantear para responder a la pregunta que en algún momento se debe hacer: ¿Cuánto vale mi vida?
Hace poco tiempo, un grupo de científicos en EE.UU hizo el cálculo del valor de un cuerpo por componentes materiales; algo así como si estuvieras buscando en una tienda de material de construcción: el agua, el nitrógeno, los fosfatos, en fin, todos los elementos químicos. La conclusión fue que el valor de un cuerpo era de US $ 4.30 aproximadamente. ¡Nada! ¿Verdad?, si se compara con lo que cuesta el alimentarlo, y qué decir, con lo que gastas en tratamientos medicinales, en embellecerlo o más aún, la fortuna que la mayoría gasta en tratar de prolongar la permanencia en el cuerpo por un tiempito más.
A este respecto, los Maestros Espirituales nos instruyen, diciendo que el cálculo material es inútil. Llegado el momento de la muerte, por ejemplo, con nada puedes comprar ni un segundo más de vida, ni siquiera con todas las riquezas acumuladas en este planeta Tierra; en otras palabras, el tiempo de tu vida vale muchísimo más que todo el dinero.
Así que, ¿Cuánto vale tu vida y que estás dispuesto hacer para que sea lo más provechosa posible? La forma humana de vida es decidida, definida y predeterminada para buscar la autorrealización; todo otro tipo de acción con el cuerpo humano lleva a la derrota; es un desperdicio de la energía humana y de la inteligencia. Por ello, siempre medita en esto: ¿Cuánto vale realmente tu vida?, ¿Qué estás haciendo para merecer lo mejor en tu vida?
En el Srimad Bhâgavatam se dice: “Para salvar una familia, hay que estar dispuesto sacrificar a un miembro de ellos, para salvar un pueblo hay que estar dispuesto a sacrificar una familia y para salvar un país, hay que estar dispuesto a sacrificar todo un pueblo; pero ¡para salvarse a sí mismo, hay que estar dispuesto a sacrificar el mundo entero!”. Y ¿Cómo sacrificamos el mundo entero?, ¿Cómo? Dejando de explotarlo y dejando de ser indiferentes.
Así que, se debe procurar hacer algo hermoso con la vida y para impregnarle verdadero valor, unirse a Dios, pues sin Él, somos nada. Los propósitos egoístas, en todo lo que nos empeñamos, los intentos de ser famosos, ricos, bonitos, saludables, no valen nada. El Señor Supremo nos ha dado la vida y sin Él esa vida es algo sin rumbo, sin claridad, sin definición. Por ello, debemos comprender realmente que somos hijos de este Gran Señor de nuestra existencia y que Él debe estar siempre en el primer lugar.
A Dios lo debemos atender primordialmente, pues todo lo que se pueda necesitar y poseer son Sus regalos. El diario despertar debe ser una ofrenda para Él. Nuestro arte para Dios, nuestra cocina para Dios, nuestra familia para Dios, nuestra meditación para Dios, nuestras palabras para Dios. Todo lo que tenemos, todo lo que hacemos, todo lo que renunciemos, se debe entregar como una ofrenda para el Supremo Creador. Así lo enseña Dios en Su libro llamado Bhagavad Gita, y por hacerlo se experimentará un increíble cambio en la vida, tornándose sensata y plenamente feliz para seguir adelante en medio de cosas maravillosas.
El regalo más grande llegará por ésta vía del esfuerzo y de aceptar que la máxima perfección de la vida se logra volviéndose un instrumento del Amor del Señor, quien da valor a nuestra vida. Olvidarlo, el hacer caso omiso de Él o hacer cualquier cosa que minimice Su posición, inmediatamente nos lleva a la condición más inconveniente de ofensivos y antagonistas para con el Absoluto Bienqueriente de nuestra vida.
Es por esto que, debemos pedirle a Él mismo que nos dé la misericordia de poder pensarlo siempre, ofrecerle el primer lugar en todo, y aún más, que nunca lo olvidemos por causa de los problemas propios o del alrededor, pues han sido hechos para que nos acerquemos a Su Esencia.
Debemos ser conscientes de que Dios es el bienqueriente incondicional de todos y aceptar el maravilloso regalo de Su protección. Él siempre está pendiente de nosotros. Él jamás nos deja abandonados, ni ante la muerte del cuerpo, que no es más que un cambio de vestido. Somos almas espirituales eternas y Él nos ha dado la oportunidad de amarlo, conocerlo y servirlo de verdad.
Es de máxima importancia que añoremos volvernos un instrumento del amor a Dios. Él nos invita a participar y nos enseña cómo hacerlo al entregarnos Su Santo Nombre permitiéndonos acercarnos a Él fácilmente y desarrollar conciencia de Él, mediante el canto constante del Maha Mantra:
HARE KRISNA HARE KRISNA,KRISNA KRISNA HARE HARE,
HARE RAMA HARE RAMA,RAMA RAMA HARE HARE.
“¡Oh mi Señor, déjame ser un instrumento de Tu amor!”. ¡Haz que valore mi vida!, ¡Haz que yo pueda actuar de tal manera que mi vida tenga el máximo valor que Tú mismo le has impregnado y que no me enreden más las tentaciones de esta pobre existencia apática a Ti!
Swami B. A. Paramadvaiti
