Sabidurías Védicas por Swami B.A. Paramadvaiti
Consejos del Yoga para la Vida
Al hablar de yoga, se tiene que hacer alusión a las prácticas que lo acompañan, como la limpieza, las asanas (posturas), la alimentación vegetariana, los mantras, la meditación, entre otras. Si bien cada una de dichas prácticas es relevante para lograr una vida equilibrada, a continuación se hará énfasis en la meditación y los mantras.
Existen diferentes niveles de meditación, siendo la concentración el nivel que nos aleja de las preocupaciones físicas y nos permite comprender que la mente es fluctuante y, por ende, no favorece la paz y la tranquilidad que trae el yoga. La concentración comienza con recordar (smaranam) lo que los sabios han escrito sobre el infinito. Luego, una vez que se intensifica la meditación, llegamos a dharanam, momento en el que las cosas externas se retiran de la visión del ser. En el campo smaranam se descubre el llamado o la fuerte atracción que nos lleva a diam, un tipo de absorción donde el ser es cautivado y hace a un lado toda perturbación o seducción externa.
En este momento, se descubre la propia identidad, el verdadero yo, el cual tiene un vínculo con el infinito, el origen o la causa de todo lo que existe tanto material como espiritualmente, es decir: con el Señor Supremo. La meditación es un regalo que permite descubrir este vínculo, el cual lleva al alma a abandonar todas las distracciones del cuerpo, la mente y la inteligencia. Así, el ser asume su posición constitucional, entrando en lo que se conoce como samadhi.
En algunos procesos de meditación, samadhi significa nirvana o la iluminación en la identidad espiritual mística y eterna del infinito impersonal, sin individualidad. No obstante, en el proceso del yoga del amor por Dios (bhakti-yoga), samadhi significa la absorción en el servicio a Dios (la posición constitucional eterna del ser, con una personalidad e identidad espiritual propias), donde el yo se reconoce como parte del plan divino y se regocija al poder acercarse al Ser Supremo por la dulce voluntad del mismo Señor. El samadhi es la plenitud de la siguiente oración: ¡Oh mi Señor, déjame ser un instrumento de tu amor! ¡Yo no soy nadie, pero tu amor me hace valioso, me da una misión eterna, me hace descubrir que tu voluntad es lo único importante! ¡Para ti quiero vivir, para ti quiero existir; quiero estar en tu morada eterna, quiero servir a tus devotos de todo corazón!
Reconocerse como un instrumento, un servidor, es la posición constitucional de cada ser. En el mundo, los seres que son presa de la ilusión se dedican a contemplarse; ellos se consideran los sujetos que pueden disfrutar, controlar y poseer las cosas materiales, que son efímeras. En cambio, desatienden su riqueza espiritual. El problema radica en que, a pesar de dedicar todos sus esfuerzos a lo material, tales personas se estancan mientras se hunden en el proceso del nacimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte repetidos.
Según la sabiduría védica, son deberes humanos disipar las nubes de la ilusión, con miras a desarrollar la vida espiritual, y asumir la función eterna del alma, es decir: el servicio amoroso a Dios. Tal servicio se debe realizar siguiendo los pasos de los servidores genuinos, quienes han servido sin ego, sin enseñorearse de lo material y sin la pretensión de ser los protagonistas. Esto contribuye a nuestra felicidad, la cual se alcanza cuando nos hacemos querer de los demás, prestamos especial atención a sus necesidades y atendemos la voluntad divina.
Un maestro espiritual tiene la función de guiar hacia la meditación verdadera a través del hábito de cantar o recitar los nombres de Dios:
Hare Krishna Hare Krishna
Krishna Krishna Hare Hare
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare
Smaranam (el inicio de la meditación) se fortalece por la recitación continua de estos nombres o maha-mantra, a través de los cuales la mente (‘man’) se libera (‘tra’). Así mismo, los nombres de Krishna tienen la potencia de eliminar cualquier influencia nociva del pasado, el presente o el futuro. No existen reglas estrictas ni difíciles para cantar estos nombres; solo se requiere una actitud amistosa hacia el infinito Señor.
Ahora bien, según las Escrituras védicas, no hay diferencia entre Dios y Su nombre. En esa medida, la recitación del maha-mantra otorga a cada ser posibilidades infinitas, pues establece la relación con Dios y el servicio a Él. Esto trae consigo el máximo grado de beneficio para cualquier persona, pues como el Señor lo sabe todo, es omnipotente y escucha nuestras plegarias, está en capacidad de responder y recompensar las oraciones a través de su mística espiritual. El consagrado estudioso del Bhagavad Gita llamado Srila Prabhupada, escribe: el servicio con devoción al Señor es la verdadera religión; así mismo, se practica con alegría, significa la percepción directa del ser mediante la iluminación y es la conclusión del conocimiento más confidencial (verso 2, capítulo 9, comentario). Mediante esta conciencia, se puede asumir un compromiso de corazón con el Señor Supremo.
Ahora bien, entre más intenso y continuo sea el canto del nombre de Dios por parte de las personas, estas tendrán una disposición más sólida para dejar las distintas manifestaciones del ego falso o el egoísmo, actitud esta contraria al propósito del misticismo y lo sagrado. La Madre Naturaleza es un ejemplo del servicio afectuoso a los demás: esta exhibe muchas bellezas, provee alimentos y sostiene a cada ser en su camino. En su dinámica no hay resquicios de egoísmo. De la misma manera, el canto del santo nombre nos impulsa a servir y dirigirnos con sinceridad hacia el gran corazón de Dios, quien aguarda para entregarnos su Amor, así como nosotros aguardamos para recibirlo.
Terminemos este fascículo con una frase reveladora de las antiguas Escrituras védicas, a propósito de smaranam: quien recuerda a la Suprema Personalidad de Dios —el Hermoso de ojos como los pétalos de la flor de loto— es afortunado y podrá liberarse de todos los condicionamientos de las cosas mal hechas en el pasado.
Deseo que toda influencia negativa sea eliminada de tu sendero, amigo lector, y que sigas adelante con esta meditación, pues es el camino seguro a la morada eterna del amor: ¡Vrindavan!, la morada de Dios.
Swami B. A. Paramadvaiti
