B.A. Paramadvaiti Swami


Ecología Y Meditación – Cuerpo Mente y Alma En Armonía Con La Naturaleza

Resumen De Conferencias de Srila Paramadvaiti Swami Maharaj

“En Europa los bosques están muriendo, los lagos están muriendo, los ríos están muriendo, el aire se encuentra en tal estado que ya no se puede respirar sin enfermarse, y lo peor de todo es que la gente no toma en cuenta estos recursos esenciales, que hoy, en lugar de sustentar y proteger al hombre, lo están atacando como una reacción al mal trato que han recibido, y por ello necesitan ser atendidos en forma prioritaria. Los valores de los nitratos son ya de niveles casi enfermizos, está prohibido tomar agua. Esto es como una bomba de tiempo, porque el agua que tomas hoy, es la misma que fue absorbida por la tierra sesenta años atrás. Pero esa agua era mucho más pura en comparación con la que hoy la tierra está absorbiendo, que es un agua contaminada por la industria tecnológica y por la agroindustria animal. La cantidad de venenos que echan a la tierra son inestimables. En otras palabras, el agua potable en algún momento calculable va a volverse más preciosa que el mismo oro, porque ¿de qué te sirve el oro si no tienes agua ?¿Quién se va a tomar un vaso de oro líquido?

De esta manera el hombre, en su afanada búsqueda, está acabando con el medio ambiente. Si hablamos de capitalismo, hablamos de un sistema que está en bancarrota, porque los recursos a explotar ya se están agotando. Entonces ¿qué van a explotar cuando se termine la tierra? Ya tienen planes para ir a otros planetas. Seguro que ya deben estar desarrollando ideas para que los adinerados se escapen a Marte cuando aquí todo se caiga en pedazos. Pero el defecto es que no toman en cuenta que realmente, la nueva era, es la que está creando esta estrellada del materialismo. Esto es lo que ha logrado el hombre en sus últimos años de tecnología, tan impactante y tan inútil a la vez. Este desarrollo artificial de frustraciones que vemos en el mundo, es un claro indicio de que necesitamos una nueva era, y la nueva era llegará en plenitud cuando tú quieras que llegue, por eso tú puedes ser parte de la influencia de la era de oro, o tú puedes ser parte de la influencia de la era de Kali. Pero la gente de la era de Kali y la gente de la era de oro tendrán un gran choque de mentalidad, no violento, porque la gente de la era de oro sólo habla de amor y la gente de la era de Kali sólo habla de pistolas, esa es la diferencia. Y van a ganar los del amor, porque los de las pistolas acaban con la gente, entonces no dejarán a nadie. Así la era de oro es la era del Santo Nombre del Señor”.

“¿Cómo hemos podido vivir en esta sociedad en colapso? Prácticamente nos basamos en una economía de desastre, que es la que se da hoy en el mundo: monopolización, centralización, indiferencia estatal, lo cual nos está conduciendo a un desastre total. Es como el monocultivo en la agricultura, la gente saca más plata cuando envenena la tierra y cultiva con un tractor gigante, pero al usar pesticidas no sólo mueren las plagas, sino que llegan nuevas y más resistentes pestes, la tierra se enferma, se vuelve estéril y esto obliga al uso de más veneno y abonos químicos. El capitalista se va y con su plata compra otro terreno para otra vez arruinarlo, al final la tierra queda estéril, y el agua contaminada; así podemos ver que los monocultivos no son lo más apropiado.

“El monocultivo es de lo peor, monocultivo quiere decir monomentalidad, quiere decir monoindustria. Debemos educar en cada sitio a personas con individualidad propia y reponsables, de acuerdo a sus naturalezas y capacidades, y esa es la revolución espiritual y social de la Conciencia de Krisna. Pero esto todavía es algo externo, se trata tan sólo de una estructura social, es algo distinto del amor a Dios, porque amar a Dios es algo confidencial, solamente el que quiere amarlo puede ser partícipe. Se debe ser revolucionario en todo el sentido de la palabra, para despertar conciencia y sacudir la ignorancia de este mundo.

“La tierra es una gran riqueza que el hombre está acabando por contaminar, pero en forma industrial; no es una cosa que nosotros podemos notar. No podemos ver muy claro este panorama porque estamos siendo informados por medios totalmente parcializados, interesados, que sirven solamente al interés de la industria, no al interés de la población en general. Por eso los medios de comunicación son muy torcidos, y escasamente uno puede tener acceso a la información de las reales consecuencias al que este caos nos va a llevar.”

CARTA DEL JEFE INDIO SEATTLE, AL SEÑOR FRANKLIN PIERCE, PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

En 1854, el Gran Jefe Blanco de Washington hizo una oferta por una gran extensión de tierras indias, prometiendo crear una «reservación» para el pueblo indígena. La respuesta del Jefe Seattle, aquí publicada en su totalidad, ha sido descrita como la declaración más bella y más profunda jamás hecha sobre el medio ambiente.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos, dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrá, ustedes comprarlos? Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas. Los muertos del hombre blanco se olvidan de su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio, nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia. Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello estamos considerando su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil ya que esta tierra es sagrada para nosotros. El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente el agua sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos nuestras tierras, deben recordar que son sagradas y a la vez deben enseñar esto a sus hijos y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre. Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Le secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores.

Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto. No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja. Pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos. Pero quizás también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras (aguaitacaminos) ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos. El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo aliento, la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire nos es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. Por ello estamos considerando su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré condiciones: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué seria del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; porque lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado. Deben enseñarle a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con la vida de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre.

Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. Esto sabemos: La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos, todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que El les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirían, quizás antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.

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