Bellos Pasatiempos de Krishna - La Suprema Personalidad de Dios
MADRE YASODA ATA AL SEÑOR KRSNA
Madre Yasoda, una vez, ella misma,
Se puso a batir la mantequilla
Y al hacerlo recordaba a Krsna
Cantando Su maravilloso lila
La leche brotó de sus pechos
Por el gran amor a Su niño
Sus pulseras en alegre concierto
Hacían su acostumbrado sonido
En su cabeza una bella guirnalda
De un lado a otro se mecía
Gotas de sudor mojaban su cara
-Este hermoso cuadro vio Krsna-
Atraído por el amor de Su madre
Quiso que abandonara esa faena,
Que se ocupara de Él y que más tarde,
A batir la mantequilla volviera…
Le dijo el Señor que tenía hambre
Que pronto de mamar le diera
Madre Yasoda no pudo resistir
El pedido de su hijo amado,
Y le dio de mamar, dejando de batir,
Arrullándolo al verlo enojado...
Al así abrazarlo sintió latir
Su corazón por amor apurado
Mas recordó que en el fuego debía hervir
La leche que en él había dejado...
Corrió apresurada a la cocina
Dejando a su querido Krsna a un lado
Esto encendió en el Señor la ira
Quien rojo en Su enojo, mordió Sus labios,
Rompió la olla de la mantequilla,
Y la fue a comer a un lugar apartado
Se sentó allí con lágrimas fingidas
Y mientras miraba de lado a lado
A los monos también distribuía
Escondido de Su madre y asustado;
Yasoda volvió a la olla en que batía
La vio rota y de Krsna ni el halo
«Mi niño - pensó - hizo esta picardía
Y por ahí debe haberse ocultado.»
Fue a buscarlo tomando una varilla
Y lo halló sobre un mortero sentado
De una olla que colgaba de una viga
Mantequilla repartía a puñados…
Se acercó, la respiración contenida,
Silenciosa, con el paso apurado,
Mas el Señor la vio cuando venía,
Trayendo alzada la vara en su mano
Se bajó del mortero de madera
Y corrió presuroso y afligido
Yasoda Lo seguía dondequiera
Que arrancaba temiendo el castigo:
Por dentro de la casa y por fuera,
Por cuartos, rincones y pasillos,
Seguía ella a Quien ni los yogis sueñan
Alcanzar con ya dóciles sentidos
Por su delgada cintura y su peso\\
No era fácil alcanzar al que huía
Krsna se turbó al ver su esfuerzo:
Su pelo suelto una flor desprendía,
Su transpiración mojaba su cuerpo,
A pesar de todo tras Él seguía,
Se dejó al fin tomar, el más travieso,
Quien dejó Su actitud atrevida
Casi lloraba y resfregaba Sus ojos
Esparciendo el cosmético negro…
Miró a Su madre como temeroso
Evocando al instante su amor materno
Tiró ella la vara, pues mucho enojo,
Haría daño a su hijo tan tierno
Mas para castigarle Sus antojos
Decidió atarlo a ese mismo mortero
¡Oh Infinito Supremo!¿Quién diría,\\
Que con cuerdas alguien podría atarte?
Vatsalya-rasa, infinita osadía,
¡Sólo el bhakti a esos vuelos puede alzarse!
¡Oh Yasoda!¡Oh devota! quien describa
Con mil versos tu amor para ensalsarte
Ni una gota tocará en la medida
De esas olas del prema en que te bates
El es la manifestación eterna
El Ilimitado y el Omnipresente
Para Él no existe ni dentro ni fuera…
Ni principio ni fin habrá que Le encuentren…
¿ Cómo podrá entonces alguien con cuerdas,
Atar al que corta nudos dolientes ?
Aun así Yasoda en su amor lo espera
En su niño ella, al Señor lo convierte...
Quiso atarlo al mortero de madera
A aquél que está más allá de los sentidos
Mas al intentarlo no alcanzó la cuerda
Y buscando más usó cabos unidos
Pero igual faltó, como la vez primera,
Como si nada aún hubiese añadido:
¡Cinco centímetros por más que quisiera
Le faltaban siempre para su acometido...!
Sorprendida transpiraba, y la guirnalda
Que adornaba su cabeza cayó al suelo…
Krsna se conmovió al verla cansada,
Y que tanto se agitaba en su empeño...
Accedió finalmente a que Lo atara
Deseando que el devoto sea Su dueño…
Se entregó a ella que tanto Lo amaba:
¡Sólo esos lazos amarran al Supremo...!
Tras atarlo al mortero de madera
Volvió ella a sus quehaceres hogareños…\\
Dos árboles Arjuna que crecieran,
En el patio de la casa hasta el cielo,
Vio el Señor y ya tuvo la manera,
De repetir Sus travesuras de nuevo…
Eran los hijos de Kuvera
¡Y Krsna pensó en echarlos al suelo!
