Atulananda Acarya


Bellos Pasatiempos de Krishna - La Suprema Personalidad de Dios

EL MALINTENCIONADO DHRTARASTRA

Akrura llegó a la rica Hastinapura La de los muchos «hastis» o elefantes Por Dhrtarastra regida, ¡por mala fortuna! Llegó allí como un sagaz visitante

Mala fortuna sufrían los Pándavas Ahora al amparo del envidioso tío Les envidia su belleza, habilidad gallarda Clara inteligente y cuerpos fornidos

Y Kunti llora desamparada A Krsna reza: «¿A dónde has ido? Yo sé que aún cuando Te alejas Sigues estando con mis niños Pues a Tus devotos nunca los dejas Menos si huérfanos y a Ti rendidos...»

El corazón de Akrura se quiebra Se humedecen los ojos de Vidura Kunti está como dolida cierva Bajo amenaza del ciego, ¡mala fortuna!

Acecho de muerte a cada hora Que amargos días lentamente juntan Rodeada de fieras la cierva llora Por su triste llanto hoy le preguntan

Akrura le habla y así la consuela: «No llores madre que tu tristeza ¡Baña de pena a toda la tierra! Mira a tus hijos, ten fortaleza, Hijos los tres de tres grandes devas...»

Y al ciego rey antes de irse, Sabias palabras en su oido deja: «Ahora que al trono en mal modo ascendiste, A tus súbditos cuida en forma recta

Toda relación aquí es temporal ¿Porqué inclinarse tanto por la familia? Aprende a ver a todos por igual Del interés parcial surge la envidia

Se come el cuerpo el pequeño pez Del pez grande, viejo y gordo Y a grandes imperios vemos caer Por sus descendientes gozados los logros

Tanta riqueza el uno acumula Que sus hijos en vanidades la derrochan Y él se va a la región más oscura Fruto de su ganancia impropia

No olvides que la vida es sueño Tanto en el bien como en la adversidad De tu mente y sentidos sé el dueño No seas ciego a esta verdad...»

Dhrtarastra dijo: «Brillante es tu instrucción, sabias palabras, Que tristemente mi corazón no albergan Como hermoso rayo que brillante estalla Mas en la nube de mi mente no se hospeda... Veo que la Providencia todo avasalla Imponiendo su Voluntad Suprema Que Krsna ha venido a cuidar a los Pándavas Y para aliviar de su carga a la tierra

Que al venir aquí de todo me prive No puedo evadir mi paternal afecto El Señor actúa en forma inconcebible Y nadie predice Su plan con acierto

Que habiéndome ya todo quitado Pasada mi vida, mis hijos muertos, No me deje más que Su amistoso cayado Unico apoyo en este seco desierto...»

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