Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO X

Los Pasatiempos del Supremo Señor Ramachandra

Solicitado por los devas el Señor Rama advino como hijo de Dasarath, Junto con Sus hermanos Bharat, Laksman y Satrughna; Respetando el deseo de Su padre, aceptó el exilio y fue de uno a otro lugar, Acompañado por Laksman y Sita, luego Hanuman Le brindó su ayuda.

Tras mutilar a Surpanaka fue separado de Su esposa Sita; Enojado, con Su mirar asustó al océano, quien permitió que lo cruzara; Así llegó al reino de Ravana y procedió a su conquista. Que por favor nos dé Su protección este Señor Ramachandra.

En la arena de sacrificio de Visvamitra mató a muchos danavas, Luego esposó a Sita, tomando el arco de Siva, cargado entre trescientos, Lo alzó y quebró, cual pequeño elefante que jugando rompe una caña; Parasuram fue también vencido, a pesar de Su pasado éxito.

Cuando deformó a Surpanaka mató a catorce mil de sus raksasas amigos; Ravana, al saber de Sita, fue a secuestrarla acompañado por Maricha, Rama mató al venado dorado mientras Ravana lograba su turbio cometido, Dejando al Señor, como un hombre apegado, deambulando en Su desdicha.

Luego cremó a Jatayu. A Kabandha y más tarde a Vali, les quitó la vida. Y para liberar a Su esposa, visitó en su orilla a la deidad del océano, Ayunó tres días allí, mas como no se hizo presente, lo miró con ira, Se calentó éste atormentado, por lo que se mostró al fin, con este ruego.

El océano oró diciendo:

¡Oh, Señor!, perdóname, soy un terco, veo ahora que eres trascendental, Cruza mis aguas y vence al hijo de Visrava, abominable como la orina; Haz un puente flotante para mostrar al mundo Tu maravilloso actuar, De modo que los grandes héroes en el futuro, celebren este fantástico lila.

Sukadeva Goswami continuó:

Fue así como se hizo el puente, con grandes rocas y picos montañosos, El Señor, acompañado por Vibhisan, llegó a Lanka, por Hanuman quemada; El ejército de monos, guiado por Sugriva, Nila y Hanuman, dominaron todo, Mientras Ravana recurrió a Nikumbha, Kumbha, Dhumraksa, Indrajit, Kumbhakarna…

Rama avanzó con Laksman, Sugriva, Hanuman, Gandhamada, Nila, Angada, Jambavan y Panasa, Enfrentando a un enemigo equipado con armas como arcos, lanzas, prasas, ristis, khadgas, tomaras… Caían abatidos éstos que, por la ira de Sita, carecían de toda gracia; Ravana montó su florida nave y enfurecido lanzó sus flechas contra Rama.

Ramachandra relucía en su carro dado por Indra y dirigido por Matali. “¡Eres el más detestable antropófago!, le gritó, peor que el excremento; Como Yama corrige al perverso, así Yo, el Infalible, habré de castigarte, Pues Me llevaste a Sita, como un vil perro que se roba el alimento.

Dijo esto y como un rayo, dio con Su flecha en el corazón de Ravana, Éste cayó de su nave, vomitando sangre, entre el lamento de sus amigos; Las mujeres, con Mandodari, lloraron a sus esposos mientras les abrazaban: “¡Oh, por desear a Sita, tu lujuria te trajo este terrible castigo!”

Vibhisan hizo los rituales para que sus familiares no cayesen al infierno, Luego Ramachandra encontró a Sita en una choza, bajo un Simsapa, Estaba emaciada y delgada, sufriendo la separación al extremo; Ella, al verle, se llenó de alegría; Su feliz sonrisa la hizo ver muy hermosa.

Dejó a Vibhisan en el poder y volvió a Ayodhya, con Hanuman, Sugriva y Laksman; Al llegar supo que Bharata solo comía cebada cocinada con orina de vaca, Vestía cortezas, Su pelo enmarañado, dormía en tierra sobre hierba kusa. El Señor lamentó mucho al saber de Su extremada renuncia.

Tan pronto Bharata supo del regreso de Su hermano, Puso Sus sandalias en Su cabeza y salió a recibirle con regocijo; Le acompañaban Sus ministros, sacerdotes, siervos y soldados, Iban famosas prostitutas, otros, cargaban felices el betel, banderas y abanicos.

Con manos juntas y lloroso puso las sandalias ante el Señor, Quien, con gran emoción, le estrechó en un prolongado y fuerte abrazo; Luego el Señor se acercó a Sus mayores, y con Sita y Laksman les reverenció, Mientras que todo Ayodhya se desvivía en todo tipo de agasajos.

El Señor en Su nave parecía la Luna rodeada por las estrellas, Que eran las muchas mujeres y poetas que Le recitaban oraciones; Al llegar a palacio saludó a Kaikeyi, a Kausalya, a Vasistha, Su gurudeva; Al ver a sus hijos, sus madres les abrazaron, sin contener sus emociones.

Vasistha organizó que raparan Su enmarañado pelo, Y Le hicieron abhiseka con agua de los cuatro océanos; Luego Le vistieron y adornaron con bellos ornamentos, Y feliz con Bharata, como un padre reinó, tomando el cetro.

Siendo Treta-yuga, eran tan felices y puros como en Satya, No había dolor, pena, lamentación, vejez ni muerte sin desearla; Los ríos, bosques, montañas, los mares, proveían de toda cosa necesaria. Rama aceptó ejemplar una sola esposa y así, bien instruyó a los grhasthas. Sita Le atrajo con Su timidez, sumisión, y por ser siempre fiel y casta.

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