Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO X

La Partida del Señor Krsna para Dvarka

Suta dijo:

Krsna estaba feliz de ver entronado a Yudhisthir, Y que los Kuru restablecieran su dinastía, El rey, iluminado por Bhisma, bien supo cumplir, Encontrando en sus hermanos una fiel compañía.

Las nubes y la tierra eran generosas en sus dádivas, Las vacas mojaban el suelo con espesa leche, Correspondían a su vez los ríos, mares y montañas, Borrando el amistoso rey el mal de toda especie.

Entonces Krsna pensó en volver a Su propia ciudad, Después de tranquilizar a Sus parientes y hermana, Todos se sintieron morir, que todo iba a acabar, Al saber que partiría la vida del alma.

¿Cómo podrían tolerar Su separación después de haber estado con Él en persona, Si Sus glorias despiertan tal atracción, Que, una vez oídas, ya no se abandonan?

En el jarro de esa dulce atracción se derritieron, No parpadearon, para preservar Su encanto, Las mujeres, para verle, dejaron su encierro, Mientras intentaban controlar su profuso llanto.

Distintos instrumentos sonaron en concierto, Y con tímido afecto las damas llovieron flores, Un quitasol tomó Arjuna y Le abanicaron con respeto: Uddhava y Satyaki, para rendirle más honores.

Así hablaron las damas, más hermoso que los Vedas: “Aquí está el Señor, cuya forma perciben Sus bhaktas, Y cuyo lila en sastras reservados se revela, A Él Le ven aquellos que están libres de toda falta.

“Cuando los reyes se vuelven bajos como animales, Él manifiesta la Verdad por Su poder supremo, Y ayuda al fiel con Sus encantadoras actividades, Al venir en distintas formas, en Sus diversos juegos.

“¡Qué gloriosa es la dinastía del rey Yadu! ¡Y qué virtuosa es la tierra de Mathura! Donde ha nacido y en Su juventud ha jugado, El esposo de la Diosa de la Fortuna.

“Dvarka ha vuelto a la tierra más famosa que el cielo, Pues allí gozan de Su mirar y sonreír afectuoso, Sus reinas cuánta adoración y votos hicieron, Que hasta las gopis quisieran el beso de ese esposo.

“Sus afortunadas reinas fueron por Él raptadas, Y para ello enfrentó a reyes como Sisupala, A pesar de que muchas fueron vistas como impuras, Él las aceptó, y acabó con mil demonios como Bhaumasura.”

Cuando así hablaron las damas de Hastinapúr, El Señor les sonrió y les concedió Su gracia, Con solo mirarlas les dio consuelo y quietud, Y dejó la ciudad, para dirigirse a Dvarka.

Maharaj Yudhisthir organizó un ejército, Para escoltar al Señor por un trecho del camino, Los Pándava Le acompañaron llenos de afecto, Lo más que pudieron, hasta despedirle afligidos.

Varias provincias cruzó el Señor a Su regreso, Y en todas ellas recibió afectuosa bienvenida, Cada tarde se detuvo junto con Su cortejo, Y tras la puesta del sol cumplió los ritos del día.

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