Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO X

La Batalla Entre los Semidioses y Vrtrasura

Siguiendo el consejo del Señor, los devas fueron donde Dadhyañcha, Él aceptó dar su cuerpo, mas antes les dijo, como en juego: “Doloroso es partir. ¿Cuánto lucha el alma abrazada a lo que ata? ¿Quién está dispuesto a morir, aun si se lo pide el Supremo?”

Los devas dijeron:

Las personas santas y generosas como su señoría, Cuyas actividades son dignas de elogio, Siendo tan bondadosas, ¿qué no darían? ¡Hasta sus cuerpos!, por favorecer a otros.

Los que están muy centrados en sus necesidades piden, sin considerar el sufrimiento del que da; Así también, si supiera de sus dificultades, No se negaría a ayudarle quien puede hacer caridad.

El santo Dadhichi dijo:

Rehusé al principio a entregarles mi cuerpo, Solo para escucharles hablar del dharma; Igual deberé dejarlo en algún momento, Así mejor darlo por una causa elevada.

¡Oh, devas!, cuando alguien no es compasivo ante el dolor de los demás, Y no sacrifica su cuerpo por una causa superior, Hasta los seres inmóviles lamentan su falta de piedad, Pero el sabio considera inmortal al que siente compasión.

Dicho esto, Dadhichi dejó su cuerpo en un trance, Y Visvakarma hizo el rayo, que también tenía el poder de Hari; Éste lo empuñó Indra, quien sobre Airavata lucía radiante, Mientras partía a la guerra, rodeado por devas mil.

Avanzó el rey del cielo como Rudra persiguiendo a Antaka, Esto fue al final del Satya, en las orillas del Narmada, Encegueció a los asuras con su implacable marcha, Mas aun así le atacaron, protegidos con armaduras doradas.

Las muchas armas les cubrieron, como nubes a las estrellas, Mas fueron todas rotas cuando caían del cielo; Rompieron después picos montañosos, árboles y piedras, Y al ver a los devas ilesos, los asuras sintieron miedo.

Sus armas fueron tan inútiles como el insultar a un santo, Esto visto, hasta los héroes danavas se dieron a la fuga; Al verles, Vrtrasura llamó a Viprachitti, a Namuchi y a otros tantos, Invitándoles a una muerte gloriosa, y a que no huyan.

Dijo que si ya estamos destinados a morir, ¿Por qué no hacerlo de un modo superior? “Hay dos formas de cumplirlo —dijo así— Partir como un yogui o en la batalla con honor.”

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