Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO X

Conversaciones Entre Jada Bharata y Maharaja Rahugana

Sri Sukadeva Goswami continuó:

Luego, cuando Rahugana, rey de Sindhu y Sauvira, iba a Kapila-asrama, En las orillas del Iksumati necesitaron a un cargador de palanquín más; Al encontrar a Jada Bharata opinaron que era la persona apropiada, Mas él, por no pisar a las hormigas, no seguía el paso de los demás.

Ante las quejas del rey, los cargadores, temiendo el castigo, Acusaron a Jada Bharata de no querer llevarle bien; Rahugana se molestó en su pasión y le insultó atrevido, A quién, como una llama cubierta, no mostraba su saber.

Le preguntó sarcástico si acaso era muy bajo y si no tenía fuerzas. Si ya estaba viejo o muerto, o si no le querían cooperar. Luego le amenazó airado al ver que no se corregía, mas sus ofensas no alteraron al sabio, que hospedaba al Señor con plena humildad.

Jada Bhárata dijo:

Es verdad lo que dices, ¡oh, héroe!, yo no soy ni alto ni fuerte, Y siendo yo el alma, fue solo mi cuerpo el que portó el palanquín. Dicha, dolor, frío, calor, ganancia o pérdida, vida o muerte, Ira, paz, lamentación, son todas cosas muy alejadas de mí.

Me llamaste muerto, pero todo lo material principia y termina, Y aunque hoy eres rey, lo serás así mientras lo ordene la Providencia. Además, porque a todos controlan las gunas, nadie en verdad dictamina. Aun así, si quieres ordenarme, hazlo, ¿qué quiere de mí su excelencia?

Me has llamado necio y loco, pero en realidad estoy iluminado. ¿Y qué sacarías con castigarme si fuese yo un demente? Jada Bharata consideró esa tarea como deuda de un karma pasado, Por lo que volvió al palanquín, aceptando con mansedumbre su suerte.

Rahugana tenía gran fe en los temas referentes a lo absoluto, Por lo que apreció estas palabras que destruyeron sus falsos conceptos. Cayendo como una vara ante los pies de ese devoto impoluto, Se disculpó de su gran falta, expresando así su sentimiento:

Rahugana dijo: ¿Quién eres tú, que así te mueves entre las personas santas? LLevas el cordón sagrado que corresponde a los grandes avadhutas. ¿Quién es tu maestro y con qué motivo vas así de plaza en plaza? ¿Es por nuestro bien que por aquí transitas, o guardas otra razón oculta?

naham visanke sura-raja-vrajan na tryaksa-sulan na yamasya dandat nagni-arka-somanila-vittapastrac chanke brsam brahmana-kulavamanat //17//

No siento temor del rayo del rey de los devas, Ni del tridente de Siva, ni del castigo de Yama, Ni del fuego, el Sol, la Luna, ni del viento, ni de las armas de Kuvera, ¡Pero sí tengo mucho miedo de ofender a un brahmana!

Te veo evitar la cercanía mundana y esconder tu saber interior, Por ello eres muy avanzado en la ciencia trascendental. ¡Oh, gran santo!, ¿por qué andas por aquí como si privado de razón? Has dicho grandes verdades, las que te ruego nos quieras explicar.

Eres un sabio insigne, un representante de Kapila. ¿Cuál es el refugio más seguro en este mundo? Para saber quién es un ser humano es que así caminas. ¿Cómo puedo avanzar en mi vida y cortar todos mis nudos?

Aunque el alma es distinta del cuerpo, también pareciera cansarse, Y el mundo es temporal pero real, por lo que igual afecta al atman; Es cual cocinar leche y arroz, donde de la una al otro, empiezan a calentarse; Así un sentir va del cuerpo a la mente, ¡y por último al alma!

Aunque la posición de rey es ilusoria, igual hay que cumplirla, Y los dementes o descarriados, son corregidos por los deberes. Por ello encuentro que tu hablar es contradictorio, ¡oh, alma compasiva! Mírame con bondad y por mi insulto, te pido que me exoneres, Pues de ofender a un santo como tú, no se salva ni un poderoso Siva.

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