Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XX

Bali Maharaj Entrega el Universo

Tras escuchar las palabras de su maestro espiritual, Bali Maharaj le respondió tras la debida deliberación.

Bali Maharaj dijo:

Bien has dicho que el dharma que no amenaza la economía familiar, Es el principio religioso correcto para el hombre casado, ¿Pero cómo puedo romper mi palabra siendo yo un nieto de Prahlad? ¿Cómo puedo fallarle a un brahmana, como si no fuese yo educado?

No hay pecado mayor que la falsedad, por ello una vez dijo madre Tierra: “Puedo cargar cualquier peso, pero nunca a la persona que miente.” No temo infierno, pobreza, aflicción, infamia, como sí faltar al alma sincera. Mi señor, ¿por qué no darle, además, lo que igual perderé con mi muerte?

Dadhichi, Sibi y otros, dieron incluso sus vidas por el bien de los demás, ¿Qué problema hay entonces con entregar este insignificante reino? La fama es la que perdura tras la muerte, no la propiedad, Y pocos dieron a un santo, entre muchos héroes que por codicia murieron.

La debida caridad ensalza a la persona, incluso si le trae pobreza. ¡Oh, gran sabio!, santos como tú adoran a Visnu en toda condición, Por ello, si ahora ha venido a bendecirme o a quitar mi riqueza, Debo obedecerle y darle el trecho de tierra de acuerdo a Su petición.

Aunque es Visnu mismo, por temor, ha venido a mendigar bajo este disfraz, Y aunque indebidamente me aprese y me mate, no reaccionaré, Si es Visnu, adorado en los Vedas, no querrá perder Su afamada dignidad, Así, o yacerá en tierra siendo muerto por mí, o caeré yo vencido por Él.

(Srila Prabhupad explica en este verso que Bali Maharaj declara que Visnu puede ser vencido mediante la devoción, no es que él estuviese pensando en matar físicamente a Visnu.)

Sukadeva Goswami dijo:

Sukracharya, inspirado por el Señor, maldijo a su discípulo: “Por creerte tan sabio y desobedecerme, pronto quedarás despojado.” A pesar de esto, Bali, siendo un ser eminente, se mantuvo fijo, Y dio agua a Vamana y bebió él mismo para cumplir lo fijado.

Vindhyavali, la mujer de Bali, trajo un jarro de oro lleno de agua, Con la que Bali gozoso lavó los pies del Señor y la salpicó en su cabeza, Felices con Bali llovieron mil flores los gandharvas, siddhas y charanas, Mientras glorificaban con himnos su inigualable proeza.

Los seres celestiales dijeron:

¡Qué grande es Bali y qué difícil es esto que ha hecho! Sabiendo que Visnu favorece a su enemigo, ¡Aun así Le entregó el universo!

Vamana entonces se expandió hasta volverse tan grande que todo el cosmos quedó dentro de Su cuerpo. Bali vio el rasatala a Sus pies, las aves en Sus rodillas, en Sus muslos el aire, Se vio él mismo en Su cintura y las estrellas en Su pecho.

En el corazón de Murari vio la religión, En Su mente la Luna, los devas en Sus brazos, En Sus párpados el día y la noche, en Sus ojos el Sol, Brahma en Su inteligencia, junto con otros devas y santos.

En Su tacto la lujuria, en Su semen las aguas, en Su espalda la irreligión, En Sus venas los ríos, en Sus uñas las piedras, en Sus vellos las hierbas y drogas, En Su frente la ira, en Sus labios la codicia, en Su sonrisa la ilusión… De este modo, todo lo vio Bali en esa maravillosa forma.

Su caracola Pañchajanya que cual nube resuena, Su muy poderosa maza Kaumodaki, Su espada Vidyadhara, Su escudo hecho como con cientos de lunas llenas, Su carcaj Aksayasayaka, aparecieron ofreciéndole plegarias.

Estos asociados, encabezados por Sunanda y por líderes de distintos astros, Alabaron a quien lucía un yelmo, Srivatsa, Kaustubha, aros cual delfín… Con Su paso cubrió la Tierra, con Su cuerpo el cielo, toda dirección con Sus brazos, Y con el segundo cubrió todo, más allá de Satyaloka, hasta el último confín.

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