CAPITULO XXX
Las Actividades Fruitivas Desfavorables
El Señor Kapila dijo:
Tal como la nube ignora el poder del viento que la arrastra, Así el materialista desconoce el del tiempo que todo cambia. Cuanto con gran labor construye, este kala lo aniquila, Mas sigue sin percibir lo temporal de su riqueza y familia.
Por su apego al cuerpo, se siente feliz, en cualquier especie en que nace, Y aunque lleno de ansiedad, es malicioso, con el fin de estar satisfecho. Le dará el corazón a esa mujer, que en un lugar solitario lo abrace, Le cautivará con su voz, y sus niños, con su actuar y jugar travieso.
El casado vive entre cortesías e intrigas, está infeliz y si obtiene satisfacción, se considera muy exitoso. Consigue dinero por medios violentos, Y aunque lo da a su familia, él mismo solo come una escasa porción, Y se va al infierno por sustentar a los suyos de un modo incorrecto.
Intenta una y otra vez y si falla, pide prestado para atender su codicia, Y así el infortunado pierde su gallardía y se duele siempre por su fracaso. Al no poderles proveer, su mujer y familia le rechazan en su desdicha, Y es sostenido por quienes mantenía, sin poder ni en la muerte cortar el lazo.
Así parte triste, viendo el llanto de sus parientes, con dolor y sin conciencia. Al ver a los agentes de la muerte, evacúa de pavor, mientras estos le arrestan. Los perros del camino le muerden, mientras recuerda sus pasadas fechorías. Sol y arena le queman, cruza un bosque ardiente y los agentes le fustigan.
Con hambre, sed, sin alivio, cae en ese sendero que conduce donde Yama. Noventa y nueve mil yojanas recorre, así, en un instante, hasta llegar al castigo. Le ponen entre encendidas brasas, o debe comerse, o dejarse ser comido. Perros, buitres, serpientes, alacranes, le muerden arrancándole las entrañas. Le descuartizan elefantes o le apresan en una cueva, o bajo el agua.
Mi querida madre, aquí mismo se ven condiciones de cielo e infierno, Y a este último van con los suyos quienes se mantuvieron en forma ilícita. Después de purgar en cuerpos inferiores nacen como humanos de nuevo. Perduran así en su cautiverio, mientras no Me sirven y buscan aquí la dicha.
