CAPITULO XXX
La Partida de la Dinastía Yadu
Sukadeva Goswami dijo:
Al observar muchas señales perturbadoras en cielo y tierra, Krsna, en la sala Sudharma, dirigió a los Yadu estas palabras.
Sri Bhagavan dijo:
¡Oh, jefes Yadu!, no podemos permanecer aquí, ante anuncios tan claros, Miren cómo a Dwarka afligen estos presagios cual banderas de muerte, Que de inmediato vayan a Sankhodara las mujeres, los niños y ancianos, Y vamos nosotros a Prabhasa-ksetra, donde el Sarasvati fluye hacia el oeste.
Allí podremos bañarnos, ayunar, adorar a los devas y a los dvijas, Dándoles a ellos tierras, oro, ropas, elefantes, cuadrigas y moradas… “Así sea”, dijeron los ancianos, y tras dejar en barcos la santa isla, Llegaron a Prabhasa, donde hicieron la adoración indicada.
Allí, por arreglo de la Providencia, se intoxicaron con la dulce maireya, —Poderosa bebida que puede cubrir por completo la mente— Embriagados y orgullosos, empezaron a discutir hasta estallar la refriega, Y con sus armas y en monturas, comenzaron un duelo inclemente.
Por el arreglo de Mukunda perdieron sus enraizados sentimientos, Y sobre caballos, asnos, búfalos, toros, caballos y hasta humanos, se batían; Lucharon entre padres e hijos, entre amigos, hermanos, entre abuelos y nietos, Y al agotar sus armas, fueron a buscar el bambú que vieron en la orilla.
A los mismos Señores Krsna y Balaram persiguieron en su matanza,
Ellos, muy enojados, también tomaron de esas varas y les atacaron;
Así comenzó su destrucción, causada por el previo brahma-sapa, Y al sucumbir todos, consideró Krsna que la Tierra se había aliviado.
El Señor Balaram se sentó en las orillas del mar y meditó en el Supremo, Fundiéndose en Sí mismo, dejó este mundo, terminando Sus pasatiempos; El hijo de Devaki, al ver esto, se sentó bajo un pippal, guardando silencio, Hermoso, con cuatro brazos, con Su pie izquierdo sobre Su muslo derecho. Buscar pipal En ese momento, Jara, confundió Su pie con la cara de un venado, Y lanzó su flecha, cuya punta tenía el acero de la maza de Samba; Mas al acercarse y ver al Señor, Le ofreció sus reverencias asustado, Muy arrepentido por su gran ofensa, Le dirigió estas palabras.
Jara, el cazador, dijo: ¡Oh, Madhusudan!, soy un gran pecador, perdóname, actué así por ignorancia; Los sabios dicen que el recordarte destruye la oscuridad y el pecado. Mata a este asesino de animales, que ya no ofenda a las personas santas. Nadie entiende Tu misticismo, ni Brahma, ni Siva, ni los grandes sabios, ¿Cómo podría hacerlo yo, que he nacido en familia tan baja?
Sri Bhagavan dijo: Querido Jara, no temas, levántate por favor, esto aconteció por Mi deseo, Con Mi permiso, ve a la morada de los piadosos, al mundo espiritual. Dicho esto, un aeroplano vino a recogerlo para llevárselo al cielo, Él circunvaló al Señor y tras reverenciarle, partió al reino trascendental.
En ese momento, Daruka, andaba en la búsqueda de Su Señor, Y al percibir un aroma de tulsi, se orientó siguiendo esa fragancia; Al verle bajo el árbol, rodeado por Sus armas, de inmediato se acercó; Bañado en lágrimas, cayó a Sus pies y Le dijo con desesperanza.
Daruka dijo:
Al no poder ver Tus pies de loto, ¡oh, Señor!, Perdí toda visión y deambulo a ciegas, No sé dónde ir, no hallo paz ni consolación, Como en noche sin luna, mi ser se anega.
En ese momento, ante sus ojos, la cuadriga con los caballos, Con Sus armas siguiendo al carro, a lo alto ascendieron; El Señor ordenó a Su cochero, ir a Dwarka, a informar lo acontecido, Y dejar pronto esa ciudad, porque sería cubierta por el océano.
“Con vuestras familias y Mis padres, vayan a Indraprastha con Arjuna, Y tú, fijo en Mi devoción, entendiendo Mi lila, permanece tranquilo.” Puso Daruka en su cabeza los pies de loto del Señor, y con gran amargura, Partió a la ciudad de Dwarka, a cumplir lo que se le había pedido.
