Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XXVI

El Aila Gita

Sri Bhagavan dijo:

Habiendo conseguido esta forma humana que permite conocerme Y situándose en Mi servicio, la persona puede alcanzarme a Mí, Quien soy la fuente de placer, el Alma Suprema en todos los seres, Comprendido por quienes no se confunden con el triple enredo sutil.

La persona seria jamás debe asociarse con quienes gustan gratificarse, Sino, como un ciego que sigue a otro, caerá en el pozo de la oscuridad; Lo siguiente cantó Pururava, cuando estuvo enamorado de Urvasi, Mas por controlar su lamentación, pudo desapegarse de la causa de su mal.

Cuando estaba por dejarle, corrió desnudo tras ella, como loco, y le gritó: “¡Oh, mi esposa! ¡Oh, mujer terrible! ¡Por favor detente!” Aunque por muchos años gozó con ella, no disminuía su pasión; Por estar tan atraído, no vio pasar los días, cual incontenible corriente.

Aila, o Pururava, clamó: ¡Oh! ¡Aprecien el poder de mi ilusión! ¡Cómo caí víctima de mi lujuria! Por el poder de esa bella diosa que me abrazó, No percibí el pasar de los soles y las lunas.

¡Miren mi completa confusión! Por la que me volví el juguete de una mujer, Redujo a mascota a este gran emperador, A la más alta joya, a la corona de todo rey.

Me dejó a mí, con todo mi gran haber, Como si fuese una hoja seca me despreció, Al verla irse, tras ella eché a correr, Enloquecido y desnudo, llorando sin pudor.

¿Dónde quedó mi influencia y gran poder? ¿Cómo perdí mi fuerza y soberanía? Me pateó como al burro que busca placer, Y aunque quería dejarme, yo la perseguía.

¿De qué sirve el saber, la austeridad, La renuncia, el estudio de los Vedas? ¿De qué sirve el silencio, la soledad, Cuando una mujer nos adueña?

¡Manden al infierno a este ignorante! Quien siendo un necio se las daba de sabio, A mí, que ocupando el cargo de gobernante, Me controló una mujer como a un buey o a un asno.

A pesar de servir por muchos años El néctar de los labios de Urvasi, Nunca pude sentirme saciado, Cual ghi que al fuego lo alza flameante.

¿Quién más que el Señor Supremo, El infinito placer del alma impoluta, Que no es percibido en este océano, Podrá salvarme de esta prostituta?

A pesar de ser bien instruido por esa diosa, Quien con buen hablar aconsejó a este necio, No pude dejar mi ilusión y congoja, Por no cumplir con lo debido y correcto.

¿Cómo puedo culparla de este mal, Siendo yo tan ignorante persona? Soy como el que no se sabe controlar, Y confunde una cuerda por una cobra.

¿Qué valor tiene este cuerpo material, Lleno de suciedades y de malos olores? Su perfume y belleza me logró cautivar, ¡Esa falsa apariencia que ampara ilusiones!

¿Y a quién pertenece este cuerpo a fin de cuentas? ¿A los padres que lo generan? ¿A la esposa que le da placer? ¿A ese patrón que le ordena, que le paga y lo sustenta? ¿Al fuego que lo quema, o a los perros que lo querrán comer?

¿Será propiedad del alma o de los amigos que lo ayudan? Así, sin saber de su dueño, uno se apega al cuerpo que decae, Y al ver el rostro de una mujer, el hombre para sí murmura: “¡Qué bella es, con tan hermosa sonrisa, nariz y ceñido talle!”

¿Qué diferencia hay entre los gusanos comunes y corrientes Y los que gustan de este cuerpo de sangre, pus, grasa y orina? Por ello, quien entiende esto, que no se asocie ni en la mente con mujeres mundanas y con hombres adictos a su compañía.

Esta mente no se agita con lo que no es visto ni escuchado, Por ello, manteniéndola sujeta, puede uno conocer la paz; Los seis enemigos perturban incluso a los sabios, De un necio como yo entonces, ¿qué se puede esperar?

Sri Bhagavan dijo: Pururava, eminente entre los hombres y devas, habiendo así cantado, Dejó el planeta de Urvasi y Me conoció en el trono de su corazón; El hombre inteligente debe por ello dejar el mundo y buscar a esos sadhus, Cuyas palabras extirpan el apego por todo aquello que causa dolor.

Mis devotos fijan sus mentes en Mí y no dependen de nada más, Son pacíficos, ecuánimes, libres de dualidad, de codicia y ego; Solo se dedican a hablar de Mí, con el fin de purificar a los demás, Y quienquiera siga su ejemplo, alcanzará lo mismo que ellos.

Para quien ha obtenido Mi bhakti, ¿qué más le queda por conseguir, Siendo Yo la Verdad Suprema, el éxtasis más grande, El de virtudes sin fin?

Así como el frío, el temor y la oscuridad, no confunden a quien se acerca al fuego de sacrificio; Así mismo la apatía, el miedo y la ignorancia se destruyen Para aquel que se acerca a Mis devotos por servicio.

Estos santos son el único refugio para quienes se baten en este océano, Pues son como un poderoso barco que se acerca a dar rescate. Solo el alimento sustenta la vida, solo Yo abrigo al dolido y bueno, Solo la religión es la riqueza del que muere, de modo semejante, Mis devotos son el único amparo de quienes temen el dolor terreno.

Ellos conceden visión divina, mientras que el sol solo alumbra lo externo, Y eso tan solo mientras se muestra en lo alto del cielo; Ellos son la verdadera familia y la verdadera Deidad adorable, Son el propio yo de las personas y son Mis iguales.

De este modo, perdiendo todo deseo por estar junto a Urvasi, Pururava, satisfecho en sí, deambuló feliz por distintas partes.

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