CAPITULO XXVIII
Purañjana Nace como Mujer en su Próxima Vida
Asediado por Bhaya y sus soldados, por Jara y su esposo Prajvara, No había más placer en esa vida centrada en el goce mundano; Sus hijos y familiares no le protegían a él, ni le respetaban, Aun así, por no saber nada del Supremo, se preocupaba de cuidarlos.
En el momento final, el aire de vida, la serpiente, sufría herida por el fuego; Mas las salidas de la ciudad estaban bloqueadas y costaba por ello huir, El rey comenzó a recordar a sus hijos, nietos, a otros parientes y siervos, Y temiendo por el bienestar de su esposa, pensó en ella, así:
¿Cómo podrá la pobre velar por el bien de nuestra numerosa familia? Recordó cómo ella le atendía y cómo le daba buenos consejos; Se acercó Bhaya a arrestarle cuando se encontraba en esa agonía, Y atado como un animal, le sacaron de la ciudad seguido por su cortejo.
Llevado por el poderoso Yavana no recordó a Paramatma, su amigo, Y los animales que había sacrificado se vengaron con sus fauces y cuernos. Nació luego como la hija del rey Vidarbha, y Malayadhvaja fue su marido, Con quien tuvo siete hijos y una hija de bellos ojos negros.
(Los siete hijos son las siete primeras partes del servicio con devoción, las dos restantes, la amistad y la rendición, se dan más adelante. Que la hija tuviese ojos negros indica que era una tan gran devota, que sus ojos eran de ese color porque siempre veían a Krsna.)
Estos hijos se multiplicaron por el mundo, tal como la gloria del bhakti, Y Malayadhvaja, el gurú, se retiró con su esposa, el discípulo, a los bosques. Allí, por cien años de los devas hicieron penitencias hasta purificarse; Dejó él un día su cuerpo, y ella al percatarse se lamentó con amargas voces.
En ese momento se le acercó un amigo, Paramatma, como un brahmana, Y le preguntó, “¿no me reconoces?, juntos hemos vivido, como dos cisnes, No hay diferencia cualitativa entre Yo, el Señor, y tú, quien eres un alma; No eres tu cuerpo ni nada externo. Se salva de maya quien bien Me sigue.”
