Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XXVIII

Las Instrucciones de Kapila Referentes al Servicio con Devoción

Sri Bhagavan dijo:

Mi querida madre, ¡oh, hija del rey!, te explicaré el yoga de la concentración, Mediante el cual se alcanza un estado de dicha y se avanza hacia la Verdad: El yogui debe adorar a su gurú y estar conforme con lo que recibe del Señor. Dejando las religiones formales, debe buscar la salvación y ser frugal.

Debe ser solitario, austero, pacífico, célibe, limpio, estudioso y satisfecho. Por asana, pranayama y dhyana, debe situarse en samadhi y recordar al Señor. Así, fijando su mente, sentado cómodo, debe practicar la retención del aliento; Para que de este modo su mente, en poco tiempo, esté libre de perturbación.

Puro en su interior, centrado en la punta de la nariz, que visualice al Supremo. Él tiene un rostro alegre, ojos rojizos y tez oscura como el loto azul. Lleva una caracola, disco, maza, Srivatsa, Kaustubha y hermoso yelmo... Está en el loto del corazón del devoto, quien al verle, se llena de beatitud.

El yogui debe siempre meditar en el Señor y Sus sirvientes, hasta estar fijo. Debe concentrarse en Sus pies de loto, con las marcas y Sus uñas cual rubí. Estos pies, como rayos, destruyen montes de pecados y vuelven a Siva bendito, Porque recibe esa agua que los lava, el sagrado Ganges, sobre sí.

Debe meditar también en Laksmi, quien a Sus pies Le sirve con gran esmero. Luego en Sus muslos, en Sus redondeadas caderas y en Su ombligo de luna. Subiendo, debe pasar a Sus tetillas, a Su pecho y al sostén de Su Kaustubha: el cuello. Luego, en Sus brazos con las armas y en Su guirnalda con abejorros que zumban.

Después, en Su rostro compasivo, con Sus aretes, rizos negros y ojos de loto. Debe contemplar Su graciosa mirada, acompañada por Su sonrisa amorosa. Ésta seca el mar de lágrimas del intenso dolor que padecen Sus devotos, Y luego en Sus cejas, que conquistan a Kandarpa, para bien del alma virtuosa.

Luego, en Su cautivante sonrisa, que muestra Sus dientes cual brotes de jazmín... A medida que progresa, sus vellos se erizan, debido al gran júbilo y llora, Y así cultiva su amor puro por la Suprema Personalidad de Dios, Sri Hari. De modo gradual, esa mente que usó como anzuelo, ya no le ilusiona, Y quieta como una llama, en la armonía con el Supremo la puede sumir.

(Aquí la mente se compara con un anzuelo que nos permite atrapar lo que deseamos. Si deseamos tener al Señor también debemos recurrir a este anzuelo de la mente acompañada por la devoción.)

Ya sin dualidad, descubre que placer y dolor se deben al ignorante ego falso. Está ausente de su cuerpo, como un ebrio que no sabe si está vestido o no. El Señor toma cuenta, y como en un sueño, contempla el devenir de sus actos. Conociendo su relación con Él, ve cuerpo y familia como distintos de su yo.

Pasa a ver la misma alma en todo, tal como el mismo fuego en maderas distintas. Así el difícil maya que se presenta como causa y efecto del mundo conquista por fin, Ya firmemente situado en el conocimiento de sí.

(El difícil maya se presenta como causa y efecto del mundo cubriendo la realidad de un Dios trascendental que la creó.)

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