Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XXVIII

Jñana-yoga

Sri Bhagavan dijo:

No se debe criticar ni elogiar la naturaleza ni actos de nadie, Sino observar el mundo como una mezcla de materia y espíritu; Quien se dedica a juzgar a los demás pierde de vista la meta que le atañe, Y enredado en las dualidades de este ámbito, olvida lo eterno e infinito.

El alma ilusionada, como en un sueño, cree que nace y muere. Como todo aquí es irreal, ¿cómo puede hablarse de bien y mal verdaderos? Aun así, estos sueños crean impresiones, por los que el alma goza o teme; Las tres modalidades y esta materia son creaciones ilusorias del Supremo.

Quien comprendió bien el proceso para situarse firme en la Verdad, Pasa como el sol, sin entregarse a la crítica ni a la glorificación mundana. Mediante la percepción directa, la lógica y la afirmación escritural, Uno debe ver que aquí todo termina, por lo que no debemos atarnos a nada.

Sri Uddhava preguntó:

El alma, teniendo un saber perfecto, no puede percibir esta energía, Siendo ella espiritual, trascendental, luminosa y pura, Ni puede tampoco hacerlo el cuerpo, que es un objeto sin vida, Por ello, ¿qué o quién en realidad la percibe? Aclárame esta duda.

Sri Bhagavan dijo: El alma apegada al cuerpo hace que su conciencia mundana florezca, Y a pesar de ser trascendental, por su deseo de dominio, se enreda; Así, en su ego surgen la ira, el temor, el júbilo, desesperación y quejas, Mas el sabio lo extirpa con la espada del saber y tras la guía verdadera.

El conocimiento espiritual se basa en diferenciar entre materia y espíritu, Lo que se logra por austeridad, estudio, análisis y percepción directa; La mente se manifiesta como vigilia, como sueño y sueño profundo, Mas, aparte de estos estados, está Mi suprema y absoluta existencia.

Lo que no ha sido en el pasado, ni será en el futuro, no tiene realidad, Es tan solo una designación superficial mostrada por los elementos; Así, comprendiendo la posición única de la Absoluta Verdad, Uno debe situarse en el éxtasis del alma, dejando el disfrute incierto.

Tal como el cielo puede mostrar las cualidades del aire, fuego, tierra, agua, Que pasan a través de él, como así también los cambios de calor y frío, Así mismo el Señor muestra el actuar de las gunas: tamas, rajas y sattva, Que causan los cambios del ego falso, mas sin enredarse en esta energía.

Mientras no se libere del todo de la pasión, por la firme práctica de bhakti, La persona debe cuidarse mucho de la asociación con las modalidades, Pues de no hacerlo, ese yogui imperfecto podrá volver a apegarse, Como se ven recaídas cuando no se cuidan bien las enfermedades.

A veces el progreso del trascendentalista imperfecto es detenido, Por causa del apego a sus familiares, discípulos u otras personas, A éstas las envían los semidioses envidiosos con ese objetivo, Mas, por su progreso acumulado retomará, al renacer, el yoga, Para ya nunca volver a caer presa del trabajo fruitivo.

El sabio, fijo en el yo, no percibe el actuar de su cuerpo físico, Y las cosas impuras las ve tan solo como productos de la ilusión; Al salir el sol, sin crear, muestra el entorno de un modo explícito, Así mismo, la conciencia lo percibe todo, al tener Mi realización.

A través de ciertos métodos, algunos yoguis, se conservan siempre jóvenes, Y se dedican a cultivar las perfecciones místicas mundanas, Mas los expertos consideran inútiles esas efímeras adquisiciones, Las ven tan solo como el fruto temporal, del árbol eterno, que es el alma.

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