Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XXI

La Dinastía de Bharata

Rantideva, hijo de Sankrit, nunca se esforzó por obtener alguna cosa, Él solo dependía del arreglo de la Providencia, Por lo que padecían hasta quedar escuálidos, él, sus hijos y esposa, Pero nunca se quejó y soportó todo con gran paciencia.

Una vez que estaban por comer, después de ayunar cuarenta y ocho días, Llegó un brahmana, en quien, como en todos, vio Rantideva al Supremo, El rey le sirvió una porción y se retiró luego de aceptar su comida, Mas, cuando de nuevo iban a comer, vino un sudra al que también atendieron.

Cuando éste se fue, llegó otro que pidió para él y sus perros, Con gran respeto el rey les dio la porción que restaba, Solo quedaba agua, y cuando la iban a beber, llegó un chandala y de nuevo, se la dio conmovido al mendigo, diciendo estas bellas palabras.

Rantideva dijo:

No oro al Señor por siddhis, ni por liberarme del renacer continuo, Solo oro por permanecer aquí y sufrir para quitar el dolor de los demás; Por dar mi agua a este pobre chandala siento en mí el alivio de toda hambre, sed, fatiga, ilusión, desánimo e infelicidad.

Así diciendo, dio su porción de agua, aunque estaba a punto de morir, Hizo esto sin dudarlo, porque por naturaleza era bondadoso y sobrio; Brahma, Siva y otros, aparecieron entonces ante el más generoso y gentil, Porque eran ellos los que habían venido para probarle de ese modo, Mas, por ser un devoto puro, nada pidió de ellos para sí.

Quienes siguieron los principios de este magnánimo rey, Recibieron su gracia, se volvieron devotos puros, y fueron considerados los yoguis de más alto nivel.

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