Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XXIV

Matsya, la Encarnación de Pez

Sri Sukadeva Goswami dijo:

Cuando Brahma sintió sueño al fin de su día, Hayagriva le robó los Vedas cuando salían de su boca, El Señor, al saber de esto, en Su forma de pez le quitó la vida, Asumió este aspecto pues estaba todo bajo aguas borrascosas.

En el chaksusa-manvantara, el gran rey Satyavrata, vivió solo de agua, En este milenio nació como Sraddhadeva, hijo de Vivasvan y es un Manu, Una vez, cuando hacía sus oblaciones en las orillas del Krtamala, Encontró un pequeño pez en la cuenca de sus manos.

Al notar esto y devolverlo al río, el pececillo le imploró amparo: “Tengo temor de los demás peces, por favor protégeme, piadoso rey.” Al escuchar esto, conmovido, lo puso en su kamandalu, Y lo llevó a su palacio para aliviarlo de su padecer.

(Srila Prabhupad dice que este acto del rey es considerado como ajñata-sukrti.)

Pero esa misma noche creció tanto, que necesitaba ser cambiado, Y así le pidió al monarca que lo llevase a otro lugar, Lo trasladó entonces a un pozo y luego a un gran lago, Pero aumentaba tanto Su tamaño que ni ahí lo consiguió abrigar.

Lo llevó entonces a un lago mayor y por fin al mismo océano. “Pedí tu amparo, ¡oh, rey!, ¡aquí grandes criaturas Me van a devorar!” “¿Quién eres Tú, quien al así actuar, no dejas de sorprendernos? ¡Eres el mismo Hari, Narayan, que así encarnas por Tu infinita bondad!

“¡Oh, Visnu!, El disfrutador, líder y destino nuestro, Tus devotos rendidos, ¿Con qué fin apareces en esta forma tan especial? ¡Oh, el de ojos de loto!, la adoración a los devas no tiene sentido, Solo eres Tú el amigo y la más amada Alma de toda entidad.”

Sri Bhagavan dijo:

“¡Oh, arindama!, de aquí a siete días vendrá la inundación universal, Y cuando los tres mundos se cubran, enviaré una embarcación para ti, Colecta semillas y hierbas, y acompáñate por los siete rsis y otros más. La refulgencia de esos sabios será tu luz en esa noche que habrá de venir.

Ahí apareceré Yo y recurriendo a Vasuki aten el barco a Mi cuerno, Tirando de él, nadaré por ese océano hasta acabar la noche de Brahma. En tu corazón revelaré todo lo referente a Mi actuar supremo.” Tras así hablar se esfumó el Señor y el rey aguardó a que ese día llegara.

Sentado sobre kusa que apuntaba al Este, meditó mirando al Norte, En esa maravillosa personalidad que se le manifestara como pez; Grandes nubes llovieron, causando al océano sobrepasar sus bordes, Hasta que la nave que el Señor le anunciara se hizo ver.

Subió al barco con los sabios, con las plantas y semillas: Los rsis, por su bien, le pidieron que meditara en Késava, Llegó entonces el pez, con un cuerno y midiendo ocho millones de millas, Y tras atar la barcaza con Vasuki, oró al Señor, inclinando su cabeza.

El rey dijo:

Por Tu gracia, quienes siempre sufrieron la carencia de saber, Reciben la magnánima oportunidad de la compañía santa, Esperando felicidad, el ignorante actúa, ¡pero solo prueba el revés! ¡Pido a mi gurú me libere de los deseos que me asaltan!

El servicio divino nos purifica como al oro y a la plata lo hace el fuego, Y porque ni toda la compasión sumada se iguala a un átomo de la Tuya, Tomar el refugio de Tus pies de loto es mi ferviente ruego, Pues sin Ti uno es como un ciego que a otro ciego pide ayuda.

Porque nos interesa el saber del ser, Te aceptamos como nuestro guía, Ya que todo lo ves e iluminas, como un gran sol omnisciente, El falso gurú instruye acerca del placer y del avance en la economía, Los tontos le siguen y se atan, mas se autorrealizan quienes Te obedecen.

¡Oh, amigo Supremo! ¡Bienhechor! ¡Alma Suprema y Supremo Instructor! Das el supremo saber y satisfaces todos los deseos, El necio no puede apreciarte, aunque estás en su corazón, Esto es porque la lujuria lo cubre con su velo.

En procura de mi realización, a Ti me rindo, ¡Oh, Señor!, que como el Controlador Supremo, Te adoran los devas, Con Tus palabras corta mis nudos y muéstrame el camino, Permíteme conocer el magnánimo destino que me espera.

Sri Sukadeva Goswami dijo:

El Señor, entonces, le instruyó en el sankhya, en base a lo védico, Citando los distintos Puranas y Samhitas, El rey y los sabios escucharon apreciando ese conocimiento, Hasta no guardar dudas, por Su gracia infinita.

Al fin de la última inundación, en el período de Svayambhuva Manu, El Señor mató a Hayagriva, y dio el Veda a Brahma, cuando dejó su sueño. Quien escucha esta historia complace cuanto ha deseado, Y al dejar su cuerpo, vuelve por siempre al Supremo.

Fin del Canto VIII

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