Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XXII

El Matrimonio de Kardama Muni y Devahuti

Svayambhuva Manu, tras ser bien recibido y honorado, contestó:

¡Oh, brahmana!, Brahma, el Veda encarnado, creó a los dvijas de su rostro. Para expandir los Vedas os hizo llenos de sabiduría, de austeridad, de poder místico y con aversión por lo que produce gozo; Y el Señor nos creó a los ksatriyas para guardarles de toda adversidad.

Entre brahmanas y ksatriyas existe la mutua protección. Por fortuna he podido verte y tocar el polvo de tus pies, cosas que solo logra quien ha subyugado sus sentidos. Me has instruido con tus palabras puras acerca de lo que debe hacer un rey y agradezco tu instrucción salvadora.

Mi hija busca un marido adecuado, en cuanto a valores, carácter y edad, Y cuando escuchó a Narada hablar de tu buen aspecto y virtud, se fijó en ti. Acéptala, ¡oh, príncipe entre los santos!, te la doy con fe, y para ti es ideal. Ni el tyagi, ni el disfrutador debe rechazar una ofrenda que viene de por sí. Supe que te quieres casar y que no has hecho voto de celibato completo. Kardama dijo: Sí, podemos hacerlo siguiendo el sistema védico.

¿Cómo negarse a mujer tan bella, cuyo brillo supera los adornos que la engalanan? Es joya del género femenino y solo por gracia de Laksmi puede uno verla. Aun así, vino a mí por propio acuerdo. Oí que Visvavasu, el gran gandharva, Cayó de su avión aturdido al verla jugar con una pelota en tu azotea.

Por ello aceptaré a esta joven casta, mas con una condición tan solo: Cuando ella reciba mi semen, me dedicaré al servicio divino del todo; Éste, por los seres humanos más perfectos, ha sido seguido, Es sin envidia y fue enseñado por mi autoridad máxima, el Señor Visnu.

Maitreya dijo:

Así habló Kardama y sonriente, guardó silencio, pensando en su Señor.

 Manu le dio su hija, al ver que tanto ella como la reina eran de igual opinión.

La emperatriz Satarupa, con gran afecto, les obsequió cuanto requerían. Manu, la abrazó llorando, y gimiendo clamó: “¡Madre querida! ¡Hija querida!”

Luego volvió a Barhismati, y en su asiento de kusa y kasa, adoró al Señor. Disfrutó allí la vida con los suyos, escuchando de músicos las glorias del lila. Así, aunque en la felicidad material, no se vio arrastrado a una vida inferior. Trascendió los tres destinos y enseñó el dharma por ser un alma compasiva.

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