CAPITULO XXIII
La Canción del Brahmana de Avanti
Sri Bhagavan dijo:
Las palabras hirientes duelen más que flechas al corazón, Por ello, Uddhava, con razón dices que solo un devoto trasciende ese dolor.
Hubo un brahmana en Avanti, Muy rico, pero a la vez irascible y avaro, No atendía el dharma, ni a visitas, ni a familiares, Ni disfrutaba él mismo lo necesario.
Se enojaron con él los suyos y los cinco devas que presiden los sacrificios de la familia, Éstos le castigaron causándole miseria cuando agotó el mérito piadoso de su vida.
Con sus parientes perdió parte de su riqueza, Otra con los ladrones, otra por el tiempo, Otra por el juego sutil de la Providencia, Otra por hombres comunes y por el gobierno.
Dejado por su familia y desposeído Sintió un inmenso dolor Y en medio de su llanto y abatido Despertó a la renunciación.
El brahmana dijo:
¡Qué gran infortunio! ¡Cómo me infringí este vano suplicio! Ni para la religión ni el placer destiné mi acumulado dinero; La riqueza del avaro al final, no le deja ningún beneficio, Solo le atormenta mientras vive, y al morir le envía al infierno.
Cualquier fama bien ganada, o virtud digna de alabanza, Son destruidas por la más mínima muestra de codicia, Tal como un leve vestigio de lepra blanca, Quita el atractivo a la más grande belleza física.
Con el fin de adquirir, aumentar y proteger su riqueza, Los hombres experimentan enormes ansiedades e ilusión; Por su causa hay robo, mentira, ira, orgullo, violencia, Engaño, enemistad, lujuria, infidelidad e intoxicación.
Incluso hermanos, esposa, país y amigos, Antes unidos por lazos de amor, Llegarán resueltos a cometer homicidio, O romperán para siempre su buena relación.
Quienes han alcanzado esta forma humana, Por la cual oran los mismos semidioses, Sépanse las almas más afortunadas, ¡Gran mal se hacen quienes lo desconocen!
¿Quién, habiendo alcanzado este cuerpo, Que es el mismo portón para el cielo, Podrá quedar aferrado a lo muerto Y despreciar la invitación a lo eterno?
Quien se rehúsa a distribuir su riqueza, Entre los devas, sabios, parientes, amigos, Entre quienes lo merecen y uno mismo, Es un yaksa que caerá con certeza.
Las personas de buen discernimiento Usan su juventud, dinero y fuerza, en la perfección, Mas yo disipé todo en vanos esfuerzos Y ahora soy solo un viejo sin ningún valor.
¿Por qué un hombre inteligente debe sufrir En inútiles intentos por acumular más y más? ¿De qué puede servirle si al final va a morir? ¡Oh! ¡El mundo nos cubre con su gran falsedad!
El Señor que aloja a los semidioses, Hari, Complacido conmigo, me ha dado este trato, Para que la renuncia se despierte en mí Y me libere ella, el más apropiado barco.
En lo que me quede de vida seguiré con lo mínimo Y sin confundirme buscaré la perfección, Pido que los semidioses sean bondadosos conmigo, Katvanga, en un instante, alcanzó la salvación.
Sri Bhagavan dijo:
Así, este excelente brahmana de Avanti, Cortó los nudos de su corazón, Para volverse un silencioso y pacífico sannyasi, Que viajaba sin mostrar su realización.
Las personas, al verlo viejo y sucio, le insultaban, Algunos tomaban su cayado, otros su japa o su vasija, Simulando que se la iban a devolver, se la mostraban, Mas volvían a esconderla entre risas.
Cuando se sentaba a comer lo que había mendigado, Le orinaban la comida o le escupían la cabeza, Intentaban hacerle hablar, golpeándole con palos, O le trataban de ladrón y le ataban con rudeza.
Otros gritaban: “¡Este es solo un pretensor e hipócrita, Que lo rechazó su familia y hace de la religión un negocio!” Unos le retuvieron como a un animal, y así le hacían mofa, Mas, como venido del destino, él soportó un dolor tras otro.
El brahmana cantó: Estas personas no son la causa de mi felicidad y sufrimiento, Ni lo son los devas, ni mi cuerpo, ni el tiempo, ni los planetas, Es solo esta mente que abrazo, la que me muestra este reflejo, Mientras que a mi fiel Paramatma nada de esto le afecta.
La caridad, los deberes, los votos, el oír las escrituras, Tienen como meta final la fijación de la mente, Situarla en el Señor, es el yoga de mayor altura, No habrá un logro real mientras no se la sujete.
Ella es más fuerte que lo más fuerte, su poder es como divino, Y solo crea inútiles desavenencias quien no consigue dominarla, Caerá en la falsa ilusión de amigos y enemigos, y del yo y de lo mío, Y vagará en una oscuridad perpetua, ignorando la realidad del alma.
Ni los demás seres, ni los devas, ni los planetas, ni el trabajo, ni el tiempo, Tienen verdadera relación con el alma que siempre se mantiene aparte, Es el ego el que nos apega, y nos hace experimentar alegría y sufrimiento, Quien comprende esto bajo ninguna circunstancia puede afectarse.
etam sa asthaya paratma-nistham adhyasitam purvatamair maharsibhih aham tarisyami duranta-param tamo mukundanghri-nisevayaiva //57//
(Por ello), Estando del todo fijo en la Persona Suprema, —Tal como fue hecho por los antiguos acharyas— Cruzaré el difícil océano que nos vela, Por servir los pies de Mukunda con toda mi alma.
Sri Bhagavan dijo:
Así, desprendido de toda propiedad, este sabio se libró de su melancolía, Y aunque insultado por los demás, recorrió con este canto la Tierra. La idea de bien y mal la crea la ignorante mente con su fantasía, Contrólala por ello, Uddhava, es lo que la esencia del yoga nos enseña.
