CAPITULO XVII
El Rey Yayati Recupera Su Juventud
Un día Sarmistha, hija de Vrisaparva, y Devayani, hija de Sukracharya, Se bañaban con miles de amigas, en los jardines de palacio, un edén. En ese momento pasó Siva, en su toro con Parvati, por lo que avergonzadas corrieron a cubrirse, pero Sarmistha tomó la ropa de Devayani, sin querer.
Por lo que Devayani, indignada, dijo: “Miren el actuar de esta sierva, Que violando la etiqueta, se ha puesto mi ropa, cual perro que roba el ghí. Nosotros, los brahmanas, somos el mismo rostro de la Persona Suprema, Por nuestra austeridad se crea y señalamos el camino para ser feliz.
“Somos adorados por los mismos devas e incluso por quien todo sostiene, Además, nuestro linaje es el mejor, por ser descendientes de Bhrigu; Pero esta hija de un demonio, que es un discípulo, así me ofende, Tal como un sudra que se adueña del conocimiento divino.”
Pero Sarmistha a su vez le dijo: “Tú, ¿por qué hablas tanto? ¡Mendiga! ¿Acaso no dependes de los restos de mi casa, al igual que un cuervo?” Así, con estas duras palabras, la tiró a un pozo y la dejó ahí, desvestida. Más tarde Yayati pasó, y al verla allí, le dio una tela de su propio atuendo.
Tras rescatarla, le dijo ella: “¡Oh, héroe!, ahora que has tomado mi mano, Acéptame como tu esposa, pues así lo ha dispuesto el destino, Ya que Kacha me maldijo, a no tener a un brahmana como amo.
(Srila Prabhupad explica que Kacha, hijo de Brhaspati, estudió bajo Sukracharya la ciencia de mrta-sañjivani. En ese entonces, Devayani, hija de Sukracharya, quiso esposarse con Kacha, pero él, por respeto a su maestro, no quiso aceptarla. Ante esto, Devayani maldijo a Kacha a que su conocimiento de revivir a un muerto se volviese inútil cuando lo necesitase. Kacha entonces la maldijo a ella a no casarse con un brahmana.)
Aunque no estaba aprobado por la escritura, Yayati la aceptó, Considerando la fuerza de la Providencia y al ver su belleza; Devayani, al volver a casa, le contó a su padre de la discusión, Y de cómo el rey la había salvado en situación tan adversa.
Sukracharya, condenando la profesión del sacerdocio, Y deseando la de uñcha-vrtti, fue a ver a Vrisaparva, Éste se postró en la calle ante su gurú, temeroso, Y tras apaciguarle, le dijo su maestro estas palabras.
(La profesión uñcha-vrtti es la de recoger las verduras y cereales que quedan tirados en el mercado.)
Sukracharya dijo:
“Respeta el pedido que te haga Devayani,
Ya que siendo ella mi hija, no puedo descuidarla. Devayani entonces dijo: “Que cuando me case, Sarmistha me acompañe, Y junto con sus amigas me sirvan como esclavas.”
Vrisaparva, por temor, respetó el pedido de la muchacha, Y dio su hija y mil sirvientas para que la atendieran; Pero Sukra le dijo a Yayati que caería él en desgracia, Si se relacionaba con Sarmistha, que no la sedujera.
Mas al ver a Devayani con un bello hijo, Sarmistha, en el tiempo adecuado, Pidió a Yayati que también le diese uno, cosa que el rey halló correcto hacer, Y así lo hizo, a pesar que Sukracharya le advirtiese lo contrario. De este modo Devayani tuvo dos hijos y Sarmistha tuvo tres.
Cuando la orgullosa Devayani supo de esto, fue airada donde su padre, Sin que Yayati pudiera apaciguarla, aunque le habló dulce y masajeó sus pies. Sukracharya, muy enojado, le insultó, tratándole de lujurioso y miserable, Y le maldijo a quedar inválido, afectado por una inmediata vejez.
Yayati dijo:
“¡Oh, brahmana!, aún deseo a tu hija, pero así, ¿cómo hacerlo?
Sukra entonces le concedió que con un hijo, cambiara su vejez por juventud. Le pidió al mayor, a Yadu, mas le dijo él que sin complacer los deseos no se podía renunciar, cuando llegaba uno a la senectud.
(Srila Prabhupad explica que Yadu ya sabía que Krsna iba a nacer en su dinastía y no quería retrasar este hecho. Dice que él sabía que después podía recuperar su juventud, pero tenía este apremio, por lo que su actuar no fue irreligioso.)
Luego pidió a Turvasu, a Druhyu y a Am, mas los tres se negaron, Por ser irreligiosos y por pensar que nunca iban a envejecer; Pidió después a Puru, quien era el menor, pero el más calificado, Y éste le respondió diciendo: “¿Cómo pagar la deuda a un padre? ¡Oh, rey!
“Gracias a él recibimos este cuerpo que nos permite alcanzar al Señor, El hijo que se anticipa al deseo de su padre, es de primera clase, El que le obedece es de segunda, y es como su excremento el que no.” Y así aceptó su vejez, para que su padre pudiese aún gratificarse.
Yayati cuidó a su pueblo como un padre y adoró al Señor, Disfrutó también con Devayani, quien le brindó el mayor placer; Pero aunque por mil años gozó del mundo sin cesación, Aun así encontraba que no se podía satisfacer.
