Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XVIII

Diti Hace el Voto de Matar a Indra

Diti, lamentando la muerte de sus gemelos, pensó: “Indra, por complacerse en su poder, mató a los hijos míos, Por lo que es muy cruel, pecaminoso y duro de corazón; En gusanos, excremento o cenizas, terminarán esos reyes altivos; Quien mata así por envidia, no sabe de la vida, de su fin o razón.

“Indra se cree eterno y por ello no se controla a sí mismo, Así pues, deseo un hijo que le saque de esta insensatez.” Con este fin sirvió a Kasyapa, con sonrisas y con gran dominio, Hasta el día en que le prometió que la iba a satisfacer.

En el principio, Brahma, el prajapati, Al ver desapegadas a las entidades vivientes, Creó del hombre, de su mejor parte, A la mujer, quien cautiva la mente.

Sri Kasyapa dijo:

¡Oh, hermosa esposa! ¡Oh, dama irreprochable! Me has servido como a Dios mismo. Pide lo que desees. Nada hay que un marido satisfecho pueda negarle a su casta mujer, ni en esta vida, ni en la que viene.

Diti dijo:

¡Oh, esposo mío! ¡Oh, gran alma!, si deseas darme una bendición, Te pido un hijo inmortal, ¡que pueda matar a Indra! Ya que él, con la ayuda de Visnu, nos ha matado a dos. Kasyapa lamentó este pedido, que le obligaba a una acción impía.

Kasyapa pensó:

¡Ay de mi!, por ilusión y apego a la complacencia, me aferré a mi mujer; Soy un miserable y con toda seguridad, voy camino al infierno. Ella no es culpable, pues solo se guió por lo que natura le dicta hacer, Mas yo soy un hombre, ¡maldito sea!, por no controlarme como debo.

El rostro de la mujer es tan hermoso como el loto en el otoño, Su voz es dulce al oído, pero su corazón es como una navaja, ¿Cómo entender entonces, por qué actúan, de uno u otro modo? Matan incluso a sus hijos, a esposos o hermanos, si en ello ven ganancia.

Le he prometido una bendición, Y no puedo ir en contra de mi palabra; Mas Indra no merece tan dura sanción, Por lo que tengo la solución adecuada.

Kasyapa, deseando liberar a su mujer de la envidia, Le recomendó hacer el pumsavana, de difícil ejecución; Si fallaba en él, le nacería un amigo de Indra, Esta condición aceptada, Diti, feliz, engendró.

Comenzó, además, a cumplir fiel el voto, e Indra vino a asistirla, Le traía los ingredientes del yajña, ansiando verla caer en error; Una vez, en su cansancio, no se enjuagó y fue a dormir cuando no debía, Esto aprovechó Indra, quien entró en su vientre y cortó en siete su embrión.

Siete seres salieron de él que lloraban... “No lloréis”, les dijo Indra, y volvió a cortar a cada uno en siete partes más. “Somos los maruts, Le dijeron al agresor, tus hermanos, no atentes contra nuestras vidas.” “Si sois mis hermanos, les dijo éste, no teman mi rayo, no les he de matar.”

Pariksit, como fuiste salvado del brahmastra de Asvatthama, Así se salvaron estos hijos de Diti, por gracia del Supremo. Por adorar a Visnu durante un año, estaba ella del todo purificada, Y al despertar, vio a Indra con sus hijos, que brillaban como el fuego.

Diti le dijo a Indra: Querido hijo, me sometí a este voto, Para tener un hijo que los matase a vosotros, los doce hijos de Aditi; Pedí uno solo, ¿mas por qué tengo ahora cuarenta y nueve ante mis ojos? Si sabes acerca de esto, dime la verdad, no trates de mentirme.

Los doce hijos de Aditi o los adityas, son los dioses solares que incluyen a Indra y a Agni. En general los semidioses son llamados adityas por ser hijos de Aditi y los demonios son llamados daityas por ser hijos de Diti. De esta manera, Diti quería tener un hijo que fuese capaz de matar a los doce principales adityas.

Indra dijo:

Querida madre, siendo egoísta y cegado por los deseos mundanos, Dejé el dharma, y al hallar error en tu voto, corté tu embrión en pedazos. Sorprendido al ver que sobrevivían, entendí que era el resultado secundario de que hubieras servido a Visnu con toda regularidad, paso a paso.

Srila Prabhupad dice aquí que Indra y Diti, a pesar de ser enemigos, se decían la verdad, esto como consecuencia de su relación con Visnu que desarrolla todas las buenas cualidades.

Los devotos no aspiran por mukti ni por nada material, Mas aun así el Señor les complace todos sus deseos; ¿Cómo van a querer ese tipo de felicidad temporal, La cual puede conseguirse incluso en el infierno?

¡Oh, mejor entre las mujeres!, tu servicio salvó a todos tus hijos, Por favor perdona a este necio, por la ofensa que ha cometido. Diti quedó feliz, e Indra, tras recibir su permiso, Se elevó al cielo con los maruts... Así fue, como lo he oído.

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