Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XI

La Entrada del Señor Krsna en Dvarka

Suta dijo:

Al llegar a Anarta* el Señor tocó Su caracola, La que enrojeció como un cisne entre lotos rojos, Toda Dvarka corrió para verle en persona, ¡Tanto tiempo ansiando dar esa fiesta a sus ojos!

(Otro nombre de Dvarka que significa «donde todos bailan de felicidad»)

Los ciudadanos llegaron trayéndole regalos, Al Autosatisfecho, que suple al universo, Como ofrecer fuego al sol es esto comparado, Y se dirigieron a Él con debido respeto.

Los habitantes de Dvarka dijeron: “Tú eres adorado por los devas y eres la meta para quienes desean el mayor bien de sus vidas, Tú eres Padre, Madre, Gurú, Bienhechor y se acepta como afortunado a quien ve Tu forma divina.

“Un segundo parece un milenio cuando Te vas, Y sentimos inútiles los ojos sin Tu sol, Lejos de Ti no podremos vivir mucho más, Sin Tu sonrisa que nos quita el dolor.”

El Señor al escucharles les miró con amor, Y entró en Su ciudad cruzando altas y talladas puertas, Pasó por jardines, ermitas, lagos, parques en flor, Y bajo arcos con hojas y banderillas de fiesta.

Las calles perfumadas y con cereales esparcidos, Flores, frutas, cuajada, caña, tinajas con agua, Incienso, velas, daban auspicioso colorido, Todo esto celebraba Su tan ansiada llegada.

Sus familiares cercanos llegaron con pompa, Con carros, elefantes, con emblemas de buena fortuna, Con brahmanas cantando el Veda, resonando conchas, Y ofreciéndole oraciones con melodiosa dulzura.

Famosas prostitutas llegaron en palanquines, Artistas, cantores, oradores y bailarines; A todos saludó el Señor de formas variadas: Mirando, abrazando, con la mano... y les confortaba.

Ancianos brahmanas con sus esposas Le alababan, Y de las azoteas las mujeres bebían Su belleza; Sus pies de loto son el refugio que ampara A esas almas que en Él se cobijan y piensan.

 Su cabeza resguardada por una blanca sombrilla,

Le cayeron flores, Le abanicaban blancas chamaras, Con Su oscuro cuerpo, ropa amarilla y guirnaldas, Como una hermosa nube resplandecía, Por sol, luna, arco iris y relámpago rodeada.

(Srila Prabhupad explica en este verso que Su propio cuerpo es como la nube, el sol es la sombrilla, las chamaras son la luna, la lluvia de flores son las estrellas y Su ropa amarilla es como el arco iris.)

Al entrar a casa tocó los pies de Sus madres, Que lloraban y de sus pechos les manaba leche, Después visitó a Sus reinas, que al saludarle, Le abrazaron a través de sus hijos, mirada y mente.

Porque estos pies siempre las cautivan con algo nuevo, La misma inquieta diosa Laksmi nunca quiere dejarlos, ¿Cómo podría una mujer desapegarse de ellos, Una vez que a su sombra se ha cobijado?

El Señor se tranquilizó tras matar a esos reyes, Cuyo poder era pesada carga para la tierra, Actuó como el viento que a los bambúes enciende, Causando una fricción que los condujo a la guerra.

Y a pesar del bello sonreír y mirar de Sus reinas, —Tan hermoso que atraería al mismo Cupido— Y aunque el mismo Siva caería víctima de ellas, No lograron con su encanto perturbar Sus sentidos.

Ni el Señor, ni Su devoto, están bajo esta energía, —Nada de esta naturaleza en verdad les afecta— Las finas damas pensaban que por ellas moría, Como olvidadas de Su opulencia y grandeza.

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