CAPITULO XI
El Señor Ramachandra Rige el Mundo
El Señor entregó Su reino a los brahmanas por ser los más desprendidos; Renunció a todo, dejando a Sita tan solo con el adorno de Su nariz; Mas los dvijas, a su vez, Le devolvieron Su propiedad, muy complacidos, Y con fervorosas palabras, Le oraron a su Señor así.
Los brahmanas dijeron:
“¡Oh, Señor! Tú eres el amo del universo, ¿qué no nos has dado aún? Al iluminar nuestros corazones ya nos diste el más valioso regalo; Adoras a los brahmanas, a Tu memoria e inteligencia no agita la vicisitud, Eres el Ser Supremo, el más adorable, debido a esto Te veneramos.”
Una noche en que el Señor recorría Ayodhya, disfrazado, Escuchó a un hombre amonestando a su incasta mujer: “Al igual que Sita, te vas donde otro hombre, y con él has pernoctado, Yo no soy como ese faldero Rama, ¡lárgate! ¡Ya no te voy a mantener!”
Al oír esto, el Señor no quiso ser criticado por los ignorantes, Así que desterró a Sita, aunque se encontraba embarazada; Al asram de Valmiki fue ella a refugiarse, Y allí dio a luz a dos gemelos, a Kusa y a Lava.
Cuando Bharata salió de conquista, mató a muchos miles de gandharvas, Luego llevó todo ese botín como una ofrenda a ese hermano que adoraba. El gran raksasa llamado Lavana fue muerto por Satrughna, Quien más tarde fundó en Madhuvan la ciudad de Mathura.
Al verse rechazada por Su esposo, Sita, dejó Sus hijos con Valmiki, Y meditando en los divinos pies de Sri Rama, se sumergió en la tierra; Al saber de esto, se vio al Señor muy compungido y triste, No podía contener Su lamentación, recordando a la que tanto quisiera.
Hizo un agni-hotra de trece mil años, guardando estricta brahmacharya, Y volvió luego a Vaikuntha, tras situar Sus pies en quienes Le amaban.
