CAPITULO XIV
La Lamentación del Rey Chitraketu
Pariksit preguntó:
¿Cómo es posible que Vrtrasura tuviese tanto amor por Dios, El cual rara vez se encuentra, incluso, en quien ya se liberó?
muktanam api siddhanam narayana-parayanah sudurlabhah prasantatma kotisv api maha-mune //5//
Entre muchos liberados y perfectos, Encontrar a uno inclinado por Narayan, Que sea pacífico, es difícil, por cierto, ¡Incluso entre millones! ¡Oh, gran alma!
Sri Suka dijo:
¡Oh, rey!, te contaré lo que escuché de Vyasa, de Dévala y Narada: En la provincia de Surasena, Chitraketu reinaba la Tierra, Tuvo diez millones de esposas, mas nunca quedaron embarazadas, Por lo que a pesar de sus muchas virtudes, sufría una gran pena.
Un día, Angira visitó su corte y el rey se sentó humilde a sus pies, “Espero que estés feliz —le dijo el sabio— bajo buena guía, Con buenos ministros, reino, castillo, tesoro, amigos y grey, Gracias a los cuales pueden todos vivir en buena armonía.
Si el rey controla sus sentidos, le obedecen sus súbditos y familias. ¿Te encuentras bien? No me parece que tu alma esté del todo satisfecha.” “¡Oh, santo! —dijo él—te responderé, aunque nada se oculta a tu sabiduría, A pesar de este gran reino, temo el infierno, por carecer de descendencia.”
El poderoso Angira, el hijo de Brahma, le mostró su bondad, Y haciendo un yajña ofreció arroz dulce a Tvasta, Después lo dio a Kritadyuti, quien era la reina principal, “¡Oh, rey!—dijo—Harsasoka se llamará tu hijo, pues les traerá dicha y desgracia.”
(Harsasoka: harsa felicidad, soka sufrimiento.)
Muy feliz estaba Chitraketu con el nacimiento del niño, Y como el nuevo rico por su dinero, día a día crecía su apego; También por Kritadyuti, en desmedro de las demás, aumentó su cariño, Por lo que sus coesposas ardían en lamento, envidia, e incontenible celo.
Sintiéndose inferiores a sus mismas sirvientas, y despechadas ante la frialdad del marido, envenenaron al niño, perdiendo su inteligencia, mientras la reina pensaba que aún estaba dormido.
Pasado un tiempo, pidió a la nodriza que le despertara, Ella, al ver sus ojos blancos, gritó alarmada, al saberle sin vida; Corrió la reina al lugar, y al saber del hecho, cayó desmayada. Llegaron todos y lloraban las reinas, con lágrimas fingidas.
El rey corría y caía, y al llegar al cuarto, perdió el sentido. Kritadyuti clamó al cielo, llamando a Dios de inclemente: “¿Cómo matas a un hijo estando el padre aún vivo? Al violar así Tus leyes, ¡eres en verdad un indolente!
“Si dices que no hay ley que regule esto y que todo es karma, Entonces, no hay ninguna necesidad de un Dios controlador; Y si dices que es necesario, pues la materia de por sí no hace nada, Igual, si el karma es tan fuerte, nadie querrá criar con amor.
“Hijo querido, por favor despierta y mama de mi pecho, Si te vas, deberemos sufrir en la región infernal. ¡Oh! ¡Nunca más escucharé tu dulce voz!” —clamó en lamento— En ese momento, Angira y Narada Rsi, llegaron al lugar.
