CAPITULO XIII
La Aparición de Sri Varaha
Maitreya dijo:
Después que Svayambhuva Manu se acercó a Brahma, Y junto con su mujer le oró y fue bendecido, —Por ser un hijo obediente, no como los Kumara— Recibió la orden de poblar el cosmos vacío.
Svayambhuva le pidió entonces: “Alza la tierra, En las profundidades del mar de Garbha sumida; Por tu esfuerzo podrás realizar esta tarea, Siempre que sea por el Señor favorecida.”
Brahma pensó: “Mientras me ocupaba en el proceso creativo, Una inundación la sumergió en ese océano, ¿Mas qué puedo hacer yo si no soy dirigido por el consejo interno del Supremo?”
Mientras así pensaba, ¡oh, intachable Vidura!, Algo menor que un pulgar surgió de su nariz, Mas ya en el espacio creció la criatura, Mostrando la forma de un gigantesco jabalí.
¿Quién es este ser sorprendente de mi nariz nacido, Que como el día crece? ¿Será el mismo Señor Visnu?
Mientras junto con sus hijos pensaba así Brahma, Como magnífica montaña rugió el gran jabalí; Los santos cantaron himnos en sus altas moradas, Después que Su estruendoso eco se dejara oír.
Azotando el aire con su cola, Se alzó en vuelo, Su mirar luminoso, Sus duros pelos erguidos; Quitó con Sus pezuñas las nubes del cielo, Lucían resplandecientes Sus blancos colmillos.
Jugando como elefante entró en las grandes aguas, Rugiendo en respuesta al canto del Veda entonado; Alzó dos grandes olas amenazando partir el Garbha, El cual asustado oró: “¡No me cortes! ¡Dame amparo!”
En su fondo vio a la tierra, reposo de las criaturas, La levantó presuroso, y mató en ese mar a Hiranyaksa; Luego asumió el color del árbol tamal, de corteza oscura, Y así, que era Visnu, supieron Brahma y otras personas santas.
Todos ellos Le oraron diciendo: “¡Oh, Tú, que el Veda personificas! Tu tacto es el Gayatri, Tus vellos la kusa, Tus ojos el ghí; Encarnas los sacrificios y agni-hotra es con lo que masticas. Solo eres entendido con la mente pura, reverencias a Ti.
La tierra con sus montañas, que sostienes entre Tus colmillos, Se ve como un loto alzado por un elefante furioso; Es como un alto pico por nubes oscuras embellecido, La forma trascendental en que reluce Tu cuerpo hermoso.
Esta tierra, que a todos refugia, es Tu esposa, y Tú el Padre Supremo, Te ofrecemos nuestras reverencias a Ti y a la tierra que apoderas. Danos Tu gracia, nos purificaron las gotas sacudidas de Tus vellos, ¡Qué hermoso cómo la salvaste! ¡Qué hermoso cuanto haces y creas!
No hay límite a Tu actuar maravilloso, quien quiera medirlo es un necio. ¡Salva, compasivo, a las almas!, pues Tu potencia mística nos aprisiona.” Dejó Sri Varaha la tierra sobre el agua y Se fue a Su morada de regreso. Complace y bendice el Señor a quien narra o escucha con fe esta historia.
