Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO XIII

El Comportamiento de la Persona Perfecta

Sri Narada dijo:

La persona capaz de renunciar, debe viajar, liberado, de uno a otro lugar, Manteniéndose con lo mínimo, debe pasar una sola noche en cada pueblo, Debe vestir un taparrabos, y portar una danda y kamandalu, nada más, Subsistir por mendigar, satisfecho y adorando a Narayan sin recelo.

Debe ver al Supremo en todo, e incluso al universo descansando en Él, Tanto despierto como dormido debe esforzarse por comprender el ser, Que perciba la fuerza del tiempo, dejando de lado lo que no conviene leer, Que no enseñe por lucro, y no goce el discutir sobre uno y otro parecer.

No debe dar facilidades materiales para conseguir más seguidores, Ni leer muchos libros, ni conferenciar por dinero, ni aumentar su pecunio, A veces puede dejar sus símbolos, debe actuar con la sencillez de los menores, Y aunque sea un gran orador, que le vean como un necio o un mudo.

A este respecto se nos cuenta que Prahlad, junto con un grupo de asociados, Recorrió una vez el universo para conocer a las personas santas, Fue así que en el Kaveri, cerca del monte Sahya, vio recostado a un sadhu, El cual estaba cubierto de polvo y tierra, pero era un gran paramahamsa.

Ni por su actuar, ni por su aspecto ni varna, podía alguien saber quién era. Prahlad reverenció al santo, que había tomado la posición de una pitón, Y después de tocar sus pies, le preguntó cómo viviendo de esa manera, Podía conservar un cuerpo robusto y firme, sin llevar a cabo ninguna labor.

El brahmana dijo:

¡Oh, Prahlad!, tu visión es perfecta y porque portas en ti al Señor, Él, al igual que el Sol, barre de tu interior toda oscuridad; Aunque todo lo sabes, te responderé para mi propia purificación, Cómo, tras observar la frustración del mundo, me contuve de actuar.

El único placer verdadero es el espiritual, el otro es solo imaginario, Atado al cuerpo, uno es cual venado que busca agua sin notar la que pisa, Sometido a las tres klesas, sujeto a nacer y a morir, vive uno este calvario, Donde hasta el rico pierde el sueño por su preocupación enfermiza.

Le afligen los impuestos, los ladrones, los familiares y sinvergüenzas, Los mendigos, el tiempo, su propio ser, la lamentación, la ilusión, el temor, La ira, el deseo, el esfuerzo… La raíz de estos es el desear fama y riqueza, Por ello el hombre inteligente debe renunciar a esa inclinación.

En la abeja y en la pitón encuentro a dos grandes maestros, La primera acumula su miel, pero después le es quitada; Por ello, como la pitón, me recuesto aquí satisfecho, Y acepto lo que venga de por sí, sin perturbarme por nada.

En ocasiones como algo y en otras no, a veces mucho y en otras poco, Me visto a veces con sedas o con algodón, según lo que dicte el destino; En el suelo descanso un día, sobre hojas y piedras, o en palacios fastuosos, A veces me perfumo y monto elefantes, en otras deambulo como poseído.

Somos todos diferentes, y no me corresponde el alabar ni criticar, Solo deseo el bien a todos y que entiendan al Señor en sus corazones; Uno debe ser indiferente a lo bueno o malo que presenta el plano dual, Y siendo autorrealizado percibir, que nos rodea un mundo de ilusiones.

¡Oh, Prahlad!, sin duda tú eres un alma liberada, Te despreocupa la opinión ajena y por ello te hablé de lo mío.

El rey de los asuras reverenció a esta alma avanzada, Y pidiendo su permiso, retomó su camino.

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