CAPITULO V
Fracaso del Sacrificio de Daksa
Cuando Siva supo por Narada de la muerte de Sati y de la huida de sus soldados, se alzó riendo como un loco y al arrancarse un cabello y tirarlo contra el suelo, creó un demonio negro, con brillo de tres soles, mil brazos armados y un collar de cráneos. “Mi Señor, ¿qué debo hacer?,” preguntó a Siva, inclinando su cabeza como de fuego.
“Has nacido de mí, y por ello eres el líder de mi grupo, ¡mata a Daksa y a los suyos!” Encarnaba la ira del Señor Supremo y partió al ataque tras circunvalar a Siva. Parecía capaz de matar a la muerte. Sus ajorcas chirriaban con gran barullo. Del yajña le vieron venir, alzando tal polvareda, que aterradora el cielo cubría.
Prasuti, la mujer de Daksa, angustiada dijo: “Esto lo causó mi marido al permitir que la inocente Sati dejara su cuerpo en presencia de sus hermanas.” Los sirvientes de Siva, de baja estatura, llegaron armados hasta allí. Unos destruyeron el pandal, otros los potes y orinaron en las llamas.
Maniman apresó a Bhrigu. A Daksa, Virabhadra, el recién creado raksasa. Hubo una lluvia de piedras. Sacerdotes y partícipes huyeron de temor. Virabhadra arrancó el bigote a Bhrigu, los ojos a Bhaga y quiso decapitar a Daksa. Tras hacerlo con el arma del yajña, lanzó su cabeza al fuego, como una oblación.
