CAPITULO V
Durvasa Salva su Vida
Sri Sukadeva Goswami dijo:
Así aconsejado por el Señor Visnu, Durvasa,
De inmediato fue a los pies del grandioso rey,
Éste sintió vergüenza al verle postrado rogando por su gracia, Y oró así al chakra del Señor, para que le dejase de acometer.
Ambaris Maharaj dijo:
“¡Oh, poderoso! ¡Oh, omnisciente creador! ¡Ojo del Señor! Si nuestra familia ha dado la debida caridad, Si ha hecho yajñas, seguido a los brahmanas, te pido, por favor, Que a cambio de esto libres a este dvija de todo mal.
Si el Señor Supremo, quien es el uno sin segundo, Quien es pleno de toda cualidad trascendental, Quien es el alma de todos en este mundo, Está complacido, que le libre de este pesar.
Así salvado por la oración de Ambaris, Durvasa dijo:
“Hoy he conocido la grandeza de los devotos del Señor, Pues, ¡oh, rey!, aunque te he ofendido, Tú has orado pidiendo mi perdón. “¿Qué no hacen, o a qué no renuncian, los que ha bendecido?
¿Qué de imposible hay para esos siervos purificados por Tu nama? Estoy tan endeudado contigo, por no considerar mi mal trato.” El rey aún no había comido, esperando que Durvasa regresara, Adoró entonces sus pies y le sirvió un suntuoso plato.
Durvasa le rogó que él también se sirviera, Y lamentó no haber reconocido antes su grandeza: “Las benditas damas cantarán tu gloria en la celeste esfera, Como así también los hombres, sin parar, ensalzarán tu pureza.”
Dijo esto y se fue a Brahmaloka, que está libre de especuladores y de agnósticos, Fue cantando las glorias de ese rey, quien le había sido tan propicio. Ambaris, por un año, bebió solo agua, firme en su propósito, Esperando el regreso de Durvasa cuando éste huía del disco.
Así este rey supo de su poder, mas lo consideró como propio del Supremo, Y estuvo bien al tanto de las tres etapas de la Verdad eterna; Por su servicio amoroso, lo más grande del universo, lo vio un infierno, Luego tomó vanaprastha y fue al bosque, para absorberse en Vasudeva.
Todo aquél que canta esta narración, O quien tan solo la recuerda, Se volverá un devoto puro del Señor, ¡Tan gran bendición le espera!
