CAPITULO VI
Brahma Satisface al Señor Siva
Maitreya dijo:
Los devas, sacerdotes y demás partícipes, temerosos y mal heridos, Se acercaron a Brahma a informarle en detalle de todos los sucesos. Tanto él como Visnu, sabiendo lo que pasaría, no habían asistido, Y Brahma les dijo, que ni un bien puede haber si se hiere a alguien tan excelso.
“Aun así, si con sinceridad se disculpan ante él, estará muy complacido. Ni yo puedo concebir su gran poder, ¡qué decir de vosotros! Por las palabras de Daksa, y la partida de su mujer, está muy dolido, Por ello iremos a Kailas, a que reverencien sus pies de loto.”
Al llegar al divino monte, los devas quedaron deslumbrados por su belleza. Morada de místicos, de bellas doncellas, rica vegetación, cuevas y cascadas, Altos árboles, pavos reales, elefantes y ciervos, infinita magnificencia. Vieron los ríos que los pies de Govinda santifican, el Nanda y Alakananda.
En ellos, después de haberse unido, juegan las devis con sus esposos. Mas, tras relacionarse en intimidad, padecen un sentimiento de tristeza. Vieron el bosque Saugandhika, invadido por el perfume de lotos. Al sobrevolar este lugar vieron también los dominios de Yaksesvara.
(Yaksesvara: Kuvera)
Habitan allí aves de cuello rojo y hay innúmeros cisnes de dulce canto. Pasaron por muchos lagos, con escalones de vaidurya-mani en sus orillas. Por fin llegaron a un baniano de unos mil trescientos kilómetros de alto. Su agradable sombra aliviaba del calor, mas ningún piar de ave se oía.
Vaidurya-mani: lapislázuli.
Allí Le vieron a Él, al amo de los místicos y al libertador del mundo. Tan grave como el Tiempo Eterno, parecía haber dejado todo rastro de ira. Estaba con santos como Kuvera y los Kumara, se mostraba serio y puro. El Señor de la perfección, se veía auspicioso, por el amor que hacia todos cultiva.
En virasana, sobre una piel de ciervo, con rudraksa en su mano derecha, Parecía una nube de atardecer y le hablaba en especial al sabio Narada. Allí, encabezados por Indra, llegaron todos a postrar sus cabezas. Él vestía azafrán y al salir de Su trance reverenció a Su padre Brahma.
Tras ser por todos venerado, Brahma dijo: Mi querido Siva, sé que eres el padre y madre de la creación, La que manifiestas y aniquilas como una araña con su tela. Por medio de Daksa revelas los yajñas para conferir bendición. Das también la sociedad varnasrama, con sus variadas reglas.
Has fijado para los piadosos el svarga, brahman y Vaikuntha, Y distintos terribles infiernos para los que han sido malvados. Aunque es muy difícil saber en qué fin último resulta, Porque hemos visto también que a veces sucede justo lo contrario.
(Como en el caso de Ajamila y de Daksa mismo.)
Eres visto como Paramatma por quienes sirven Tus pies de loto, Y que a diferencia de las airadas bestias, guardan visión ecuánime. A los ruines y fruitivos, que no pueden ver a los que son prósperos, Los ha eliminado la Providencia, y ¡oh, glorioso!, no necesitas matarles.
El santo perdona la ofensa del engañado materialista, Y como Tú no estás ilusionado, sé bondadoso y compasivo. Toma satisfecho la parte del sacrificio para Ti prescrita, Que Daksa vuelva a la vida y se recuperen del todo los heridos.
