Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO VII

El Sacrificio Realizado por Daksa

Mi querido padre, Mahadeva dijo,

Estos tontos devas no me ofenden, solo quise que fuesen corregidos. Daksa tendrá cabeza de cabra, por Pusa masticarán sus discípulos. Mitra verá por Bhaga y sanarán los buenos brahmanas heridos. Los sin brazos tendrán a los Asvini, los sin manos, a Pusa, Y la barba de la cabra le será dada a Bhrigu.

Maitreya dijo: Todos quedaron satisfechos con el más propicio Siva. Daksa entonces se recobró en el yajña con su nueva cabeza. Al hacerlo, vio ante él a Mahes, y con ello limpió su envidia. Le oró, aunque ahogaba sus palabras el recuerdo de su hija muerta.

Daksa dijo: Aunque te ofendí, por tu bondad me has corregido, mi querido Señor. Pues Visnu y Tú nunca dejan a los dvijas, aunque sean incompetentes. Les cuidas a ellos y a sus principios, como a sus vacas un pastor. Merecí el infierno, mas perdonaste mis insultos hirientes. Excúsame por Tu gracia, ya que no puedo darte satisfacción.

Maitreya dijo: Tras orar así, Daksa reanudó el yajña con cánticos del Yajur-veda, Y al ofrendar el ghi a Visnu, apareció Él en Garuda, como Naráyan. Su ropa amarilla, ocho brazos con armas, Su pelo color de abejas negras. Como un florido árbol Su cuerpo, al que abanicaban con dos chamaras.

Sonreía amoroso, con Laksmi en Su pecho y una bella guirnalda. Su gran refulgencia eclipsó la de todos los allí presentes. Brahma se postró ante Él, al igual que Siva y los gandharvas, Y temerosos Le oraron todos, llevando sus manos a la frente.

Daksa Le alabó como el Señor trascendental, que al mundo controla. Los sacerdotes, por su lado, lamentaron estar apegados a los ritos. Siva dijo: “Por recordar Tus pies de loto, no me hiere la deshonra”. Bhrigu pidió gracia y dijo que ni un ser escapa a Su divino hechizo.

Los miembros de la asamblea dijeron: ¡Oh, Tú!, único refugio del que sufre en esta inexpugnable fortaleza de la vida condicionada. Aquí el tiempo acecha cual serpiente a la espera de clavar su mortífera mordida. El mundo está lleno de fosos de supuestos dolor y alegría, Con animales feroces preparados para su implacable ataque. ¡No deja de ilusionar el espejismo, ni cesa de arder el fuego de la lamentación! ¡No hay lugar, Señor, donde pueda uno refugiarse! El nacimiento y la muerte atan a esos necios que afanosos se abruman por el cumplimiento de sus deberes. ¿Cuándo aceptarán ellos, Señor, el santo resguardo de Tus pies de loto?”

Brahma dijo que por ciencia y estudio nadie puede conocerle. Indra elogió la belleza de Sus ocho brazos con armas. Para que purificara el sacrificio de fuego, oraron las mujeres Y los sabios Le elogiaron por estar libre de toda amarra.

Los siddhas Le proclararon la fuente única de su satisfacción, Como elefante que encuentra un río en medio de un bosque en llamas. La esposa de Daksa Le reverenció como el único benefactor. Que sin Él todo rito, era como un cuerpo con la cabeza cortada.

Los regentes planetarios se admiraron de tenerle ante sus ojos. Los grandes místicos elogiaron cómo ama Él a Sus siervos. Los Vedas dijeron que nadie conoce a quien guarda el dharma y los votos. Agni Le agradeció por su brillo y por las ofrendas en el fuego.

Los devas pidieron protección a quien se acuesta en Sesa en el pralaya. Los gandharvas declararon a los devas como parte de Su cuerpo. Los vidyadharas hablaron de la meta de la vida y de cómo alcanzarla, Y los brahmanas Le llamaron el yajña, cuyo Nombre quita todo tropiezo.

El Señor Supremo dijo: Yo soy la Persona Suprema, y Brahma y Siva dependen de Mí. Por otro lado, no Soy distinto a ninguna otra entidad, Tal como la cabeza y el cuerpo no se diferencian entre sí. Quien entiende esto puede alcanzar la verdadera y perdurable paz.

El sabio Maitreya dijo: Daksa oyó estas bellas instrucciones y luego adoró al Supremo, Y les dio a Siva y demás devas sus porciones del yajña. Así fue bendecido por todos y se sintió satisfecho y pleno. Sati volvió con Siva, tras nacer de Mena, en los Himalayas.

Escuché esta historia de Uddhava, El gran discípulo de Brhaspati. Quien a su vez lo hace, se salva, De esta existencia condicionante.

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