Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO VIII

La Historia de Píngala

El brahmana dijo:

Vienen de por sí, sin ser procurados, el bien y el mal, el placer y el dolor, Por ello, uno debe ser como la pitón que obtiene su alimento sin esfuerzo, Así mismo es el santo quien ve todo como el arreglo del Señor, Y sin procurar el avance material vela por su propio crecimiento.

El santo sabio es agradable y feliz en su comportamiento externo, Pero internamente es muy pensativo y grave, Nunca se perturba gracias a su conocimiento de lo eterno, Y así es como el océano que es profundo e insondable.

En la época de lluvias el mar recibe el agua de los ríos, Mas cuando hay sequía no le llega flujo alguno, Sin embargo éste se mantiene en perfecto equilibrio, Así el santo no se alegra en la riqueza, ni sufre en el infortunio.

Quien no se controla cae víctima de la mujer, como en el fuego la mariposa, La persona santa se cuida y colecta de puerta en puerta, como la abeja, Como ella, toma el néctar que se encuentra en cada escritura religiosa, Mas nada acumula para sí y siempre está satisfecha.

Su plato es su mano, su único almacén es su vientre, En esto no imita a la abeja codiciosa. Debe evitar a la mujer, que ni se le acerque, Pues con certeza será víctima de la ilusión, Tal como el elefante atraído que cae en la fosa, O que es matado porque envidiaban su poder seductor.

Con gran dolor uno reúne dinero, que no podrá disfrutar ni dar en caridad, Es como la abeja que labora para juntar una miel que le será robada, Y como es quitada esa miel, así los renunciantes cuando salen a mendigar, Pueden acercarse a los grhasthas y pedirles de su riqueza guardada.

El santo no debe escuchar esa música que despierta el deseo material, Pues se volverá como el venado que cae cautivo por el pito del cazador; El sabio Rsyasringa fue víctima del hermoso canto y del bailar de unas bellas mujeres, que cual mascota, le pusieron bajo su control.

Así como el pez muerde el anzuelo por el deseo de complacer su lengua, Así mismo la persona necia, que no la domina, cae en el desastre; Grandes eruditos se vencen mediante el ayuno, mas no la conquistan a ella, Pues su deseo de satisfacer el paladar les aumenta en forma alarmante.

Si alguien ha doblegado todos sus sentidos pero la lengua no, No se puede decir entonces que los ha controlado; Solo de quien ha conseguido someterla en su favor, Se puede bien decir que sí los ha conquistado.

Escucha lo que aprendí de la prostituta Pingala, cuando estando deprimida, Por no conseguir ningún cliente despertó al desprecio y se sintió feliz; Oró ella esa noche lamentando el placer vano en que perdió su vida, Sin nunca haber atendido al Señor, al único que nos puede redimir.

Vio su cuerpo como una máquina y al hombre incapaz de darle algún bien: “Son todos temporales, los devas incluso, ellos no me pueden proteger.”

De este modo, sintiendo felicidad por la gracia de esa renuncia, Así dijo, rindiéndose al Señor: “Quien despierta al desapego deja el cautiverio de sociedad, de amistad y amor, ¡que no refugian! Y quien pasa por un gran dolor puede desprenderse de lo externo, Por ello veo este sufrimiento como la mayor bendición.

“En algo habré complacido al Supremo para que me dé un trato así. Ahora estoy del todo satisfecha por haber despertado plena fe en mi Señor; Desde hoy me mantendré con lo que Él me quiera bendecir, Porque Él es la verdadera fuente de la felicidad y del amor.

“El placer mundano roba la inteligencia y nos lanza al pozo de lo temporal, ¿Quién, sino el Señor Supremo, podría salvarnos de esta atracción fatal? Viendo el mundo sometido al tiempo, el ser recobra su salud y sobriedad, Allí se desapega de todo y se vuelve apto para ser su propio guardián.”

De este modo, del todo decidida, cortó ella sus deseos de disfrutar, Y se fue a dormir a su cuarto, invadida por una gran alegría y paz.

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