CAPITULO VIII
El Señor Nrsimhadeva Mata al Rey de los Demonios
Cuando Sanda y Amarka notaron que sus alumnos habían cambiado, Que por escuchar a Prahlad se habían vuelto buddhim ekanta-samsthitam, Fueron de inmediato a informarle a Hiranyakasipu, muy perturbados, Quien silbando como airada serpiente, insultó a su hijo, el pleno de paz.
(Buddhim ekanta-samsthitam: quien tiene su inteligencia firmemente situada en el bien último.)
Hiranyakasipu dijo:
¡Oh, impúdico y necio! ¡Oh, el más bajo! ¡Destructor del linaje familiar! ¡Has violado mi poder de gobernarte y por ello hoy te enviaré donde Yama! Tiembla el universo ante mi enojo, ¿cómo tú mantienes la tranquilidad? ¿Quién te da ese poder para que insolente, estés ante mí con tanta calma?
Sri Prahlad dijo:
Querido rey, la fuente de mi poder es la misma del cual tú obtienes el tuyo, Pues todo, móvil o inmóvil, incluso Brahma, lo recibimos del Supremo; Gracias a Él uno piensa y actúa, Él es Quien crea y destruye los mundos, Es el amigo de todos, rige las gunas y el prana, y es el mayor bien eterno.
Querido padre, no discrimines entre hostil y favorable, mantente ecuánime, Pues aparte de una mente descontrolada, no hay adversarios en esta vida, El recto que vence a los seis oponentes, puede servir al Señor y adorarle, Los demás son necios, que como tú, solo vencen a falsas huestes enemigas.
Los seis oponentes son: moha, ilusión; kama, lujuria; lobha, codicia; krodha, ira; mana, locura; matsara, envidia.
Hiranyakasipu respondió:
¡Necio! ¡Me desprecias! ¡Como si fuese inferior en controlar mis sentidos! ¡Por tu tonto hablar, puedo ver que te encuentras al borde de la muerte! Siempre te has referido a alguien superior a mí, que está en todo lo habido, ¿Mas dónde se oculta? ¿Estará en este pilar que tengo aquí enfrente?
¡Te cortaré la cabeza por decir tanta tontería! ¡A ver cómo viene a salvarte! Así airado e insultándole, bajó del trono, y golpeó con fuerza la columna, Por lo que de ella salió un formidable bramido, para el universo alarmante. Los mismos devas clamaron: “¡Todo será destruido, como al fin del yuga!”
Los líderes demonios se asustaron y para probar la veracidad del niño, Se manifestó Hari en una maravillosa forma, mitad león, mitad humano. Hiranyakasipu la vio aparecer al buscar el origen del terrorífico rugido, Y sorprendido y confuso, preguntándose qué sería, la quedó mirando.
La forma del Señor era temible por Sus airados ojos cual oro fundido, Su resplandeciente melena expandía el aspecto de Su terrorífica cara, Sus dientes mortales, Su inquieta lengua cual espada de cortante filo, De erectas orejas, Su nariz y boca abierta, eran cavernas de montaña.
Se abrían amenazantes Sus fauces, Su enorme cuerpo tocaba el cielo, De ancho y corto cuello, de amplio pecho, de muy fina cintura, Los vellos de Su cuerpo tan blancos como plateados rayos de luna, Sus brazos, falanges de soldados matando demonios, sinvergüenzas, ateos, con Su caracola, maza, disco, loto y otras armas fatales.
Hiranyakasipu pensó: “Vano es este intento de Visnu por matarme.” Y armado con su espada, atacó al Señor como un poderoso elefante, Pero fue como un insecto entrando en el fuego de Su luz radiante, Se perdió en Su refulgencia, mas luego con su maza, volvió al ataque.
Ante esto, el Señor le tomó, como atrapa Garuda a una serpiente, Y le soltó como jugando, cosa que los devas no miraron con alegría; El demonio pensó que le dejó por temor, y Le atacó nuevamente, Esta vez con su espada y escudo, causando una carcajada en Nrsimha.
Le alzó y le acostó en Su falda, y con Sus uñas le abrió el vientre, Hizo esto con facilidad, bajo el umbral, a quien no hería el rayo de Indra, Su melena se salpicó de sangre, se adornó con sus intestinos calientes, Semejaba así a un fiero león que a un poderoso elefante vencía.
Arrancó y tiró a un lado su corazón y luego eliminó a otros miles, Su melena esparcía las nubes y las aeronaves de los devas, Su respirar agitó el océano, huían los elefantes ante Su rugir temible, Su brillar apagó las luminarias, y por Su peso, se vio bajar la Tierra.
Enceguecedor y escalofriante, ocupó entonces el trono del rey vencido, Mas nadie osaba acercársele para adorarle en la forma debida; Brillaron los rostros de las esposas de los suras, al ver al demonio abatido, Y se cantaba y se bailaba en el cielo, lloviendo flores en forma continua.
Le adoró Brahma como El Ilimitado, como El más puro y sin decadencia; Rudra pidió clemencia hacia Prahlad, a Él, a Quien cuida a Sus devotos; Indra glorificó a quienes Le adoran, fijos en los bienes de la trascendencia; Los rsis, siddhas, nagas, manus, yaksas, charanas…¡Le alabaron dichosos!
