CAPITULO VIII
El Batido del Océano de Leche
Sri Sukadeva Goswami dijo:
Ante esto, los devas y asuras retomaron la tarea con nuevo vigor, Como resultado de ello, una vaca surabhi salió de ese mar, Los sabios se acercaron a ella, que temblaba por protección, Sabiendo que la leche que produjera les sería fundamental.
Luego surgió el brioso caballo Ucchaihsrava, Blanco como la luna, que lo deseó Bali Maharaj, A lo que Indra no protestó, recordando el consejo de Visnu, Luego vino Airavata, blanco, de cuatro colmillos, desafiando el Kailas.
Después salieron ocho grandes elefantes machos, encabezados por Airavana, Y ocho elefantas hembras, encabezadas por Abhramu.
Luego salió la Kaustubha y Padmaraga-mani, que quedaron con Hari, Después se generó la Parijata, que satisface los deseos y decora el svarga, Vinieron luego las apsaras, después Laksmi, por Sus dotes deseada, Y por ser fuente de toda belleza, fortuna y de buen porvenir.
Indra Le obsequió una silla; por los ríos, las nubes y sabios, fue adorada, Por las vacas, por el océano que le dio joyas, por la Primavera y la Tierra, Varuna le dio una guirnalda, Visvakarma adornos y un loto Brahma, Reluciendo como una enredadera de oro, les pareció a todos muy bella.
Pasó entre los gandharvas, yaksas, asuras, siddhas y charanas, Pero en ninguno de ellos halló el refugio que quería, Ella pensaba de esta manera, en la medida que les examinaba: “Alguien puede ser muy austero pero no haber conquistado la ira; Alguien puede tener conocimiento, pero no ha dejado el deseo; Otro puede ser muy estimado, pero no ha abandonado su lujuria; Incluso un gran hombre depende de otros, ¿cómo puede ser el Supremo? Otro puede ser entendido en religión, pero a nadie ayuda.
“Algunos renuncian, pero aun así no alcanzan la liberación; Otros, siendo poderosos, no pueden enfrentar el Tiempo Eterno; Otros, son buenos, pero no saben cuánto vivirán, o no sirven al Señor; Y otros, no muestran buena educación, a pesar de ya ser longevos.”
La Diosa de la Fortuna aceptó a Mukunda después de reflexionar así, Pues Él, aunque trascendente y no La necesita, posee toda virtud y poder, Por ello, al poner en Su cuello la guirnalda de lotos, hizo su elección feliz, Y esperando recibir un lugar en Su pecho, Se paró sonriendo con timidez.
Los gandharvas y charanas tocaron sus caracolas, tambores y trompetas, Mientras llovieron flores el Señor Brahma, Siva, Angira y otros regentes; Bendecidos por la mirada de Laksmi los devas y prajapatis hicieron fiesta, Mientras que los demonios, al verse desdeñados, se mostraron displicentes.
Luego apareció Varuni, diosa de ojos de loto que controla a los borrachos. Con permiso del Señor los demonios tomaron posesión de esa muchacha. Surgió después una gran personalidad, de ojos rojizos, de largos brazos, Robusto, de amarilla ropa, con una vasija de néctar y bellas alhajas.
Le distinguían los símbolos auspiciosos, era una porción plenaria de Visnu, Se llamaba Dhanvantari, y era el poseedor de la ciencia de la medicina; Los demonios Le quitaron la vasija y huyeron, para asegurarse el dominio, Lo que desanimó a los devas y les hizo recurrir al refugio de Hari, o Krsna.
Así les dijo ese Señor, que siempre desea complacer a Sus sirvientes: “No estén tristes, confundiré a los demonios para que luchen entre ellos.” De esta manera: “¡Yo primero!” “¡Yo primero!,” insistían vehementes, Otros decían: “¡Tú no! ¡Tú no!”, y de ese modo, no llegaron a acuerdo.
Unos dijeron que a los devas también correspondía una porción del néctar, Y así a los asuras más fuertes los contuvieron otros más condescendientes; En ese momento el Señor asumió una forma de extraordinaria belleza, Era Mohini, una atractiva mujer, un encanto para los sentidos y la mente.
