CAPITULO I
La Maldición Contra la Dinastía Yadu
A pesar que las muertes en Kuruksetra aliviaron mucho el peso de la Tierra, Aun así el Señor consideró que Su propia familia seguía siendo una carga; “Pero, pensó Él, los Yadu no pueden sucumbir ante una fuerza externa, Por ello debo crear una fricción entre ellos y después volver a Mi morada.” Viendo que Su encantador ser y lila liberaría a quienes se atrajeran, Decidió Su partida a través de una maldición de los brahmanas.
Grandes sabios, tras celebrar un auspicioso yajña, se reunieron en Pindaraka, Allí los Yadu les preguntaron, con Sambha disfrazado de mujer embarazada: “Queridos sabios infalibles, ¿tendrá un niño o una niña esta mujer casta?” Ante esta insolente pregunta, así respondieron los santos brahmanas: “¡Tontos!, vuestro linaje será destruido por la maza que de ella nazca.”
Los jóvenes, aterrados, encontraron lo dicho, al levantar la ropa de Sambha, Y estando muy afligidos, volvieron a sus casas llevando el arma de hierro; Luego la presentaron a Ugrasena, ante la presencia de todos los Yadava, Éste ordenó pulverizarla, y junto con su punta, él mismo la echó al océano.
Un pez se tragó la punta y el polvo de hierro volvió con las olas a la orilla, De este polvo crecieron altas cañas de bambú, resistentes, de afilado acero; El pez cayó en una red y Jara hizo una flecha con el metal que en él había. El Señor apoyó la maldición dada, actuando como el Tiempo Eterno.
