Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO IX

El Carácter Supremo de Jada Bharata

Bharata Maharaj nació como hijo de un brahmana de gran saber. Era un gran devoto que vivía en trance, generoso, de la dinastía de Angira. Tuvo nueve hijos con su primera esposa y gemelos de su segunda mujer. Eran éstos hermano y hermana, y el varón, fue Bharata, en su otra vida.

Gracias al Señor recordaba su vida pasada y tanto temía la mala asociación, Que se mostró por fuera como un loco, para alejarse de esa compañía, Pero en su interior siempre glorificaba a Quien concede la liberación; Su padre, lleno de afecto, en vano intentó de instruirle en la disciplina.

Trató de enseñarle las reglas del sacrificio de fuego y de brahmacharya, Los Vedas y sus porciones, esperanzado en dejarle su sabiduría. Pero siempre él se mostraba ausente y actuaba en forma contraria. Por fin su bondadoso guardián murió y su madre subió con él a la pira.

Sus hermanastros conocían los tres Vedas que animan la acción fruitiva, Y no podían reconocer la posición trascendental de Jada Bhárata. Considerándole un loco, dejaron de enseñarle como su padre quería. Eran degradados como animales, mas él no protestaba ante sus faltas.

Cultivó el campo a cambio de comer los desechos de los demás. Su cuerpo era alto y fuerte, no se preocupaba por invierno ni verano. Dormía en el suelo, bajo lluvia y viento, nunca se bañó ni se quiso abrigar. Estaban sucios su piel, su escaso kaupin y su cordón sagrado.

Una vez, deseando tener un hijo, el líder de los asaltantes, Quería adorar a Kali, ofreciéndole un hombre animal; Jada Bhárata velaba esa noche por los animales salvajes, Cuando los maleantes le atraparon, dichosos, en el arrozal.

En el templo le bañaron, le adornaron y alimentaron, Y ungido con esencias le sentaron ante el altar, Allí, el supuesto pujari, después de ofrecer enseres variados, Levantó, en su inventado rito, una terrible espada mortal.

Estos ignorantes envidiosos, sedientos de riqueza, Querían matar a Jada Bhárata, el mejor amigo de todos. Kali, al saber de esto, surgió de su murti con gran refulgencia, Para salvar al gran devoto de manos de esos demonios.

Saltó del altar y mató al sacerdote con su misma espada. Luego siguió decapitando a los demás ladrones y maleantes. Igual hicieron otras brujas y demonios que la acompañaban. Se tiraban las cabezas jugando y se tomaban la sangre.

¡Oh, Visnudata!, a quienes saben que el alma es distinta del cuerpo, A los libres de apego, que se ocupan en el bien de los demás, El Señor les cuida y no sufren ante ningún padecimiento, Mas quienes les envidian, encuentran un fin así de fatal.

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