CAPITULO IX
Dhruva Vuelve a Casa
De pronto se esfumó de su interior Aquél en Quien meditaba, Y al abrir confuso sus ojos, conmovido, Le vio frente a él parado. Quiso besar Sus pies, abrazarle, después de caer como una vara, Y orarle, mas no sabía hacerlo del modo apropiado.
Le bendijo Él, tocando su cabeza con Su caracola Y al punto obtuvo el Veda, con el saber de todas las cosas. Dhruva Le oró con manos juntas, diciéndole: Mi Señor, ahora, Has animado mi ser, acepta mi rendición amorosa.
¡Oh, uno Supremo!, creador, en la materia y espíritu presente, Brahma Te alaba, amigo del sufrido y única causa de salvación. Los necios como yo Te adoran, tras aquello, que no es permanente. Buscando placeres infernales, a causa de esta carne y de la ilusión.
La dicha de escuchar Tus glorias, supera la de brahman y svarga. Permíteme estar con quienes, como el fluir de un río, siempre Te sirven. Así fácil cruzaré el océano de este ardiente samsara, Pues estoy ansioso de apreciar esas glorias que Te distinguen.
Junto a Tus desprendidos devotos cortaré toda amarra. Cual Visnu acostado en Sesa, creas a Brahma en el loto dorado. Testigo Supremo, Sustentador, libre en Tu visuddha-sattva. Eres el Alma Suprema y todo yajña es para Ti destinado.
Eres el indiviso brahman, que es la causa de esta creación. No hay mayor bien que Tú y servirte es mejor que dirigir un reino. Cuidas con Tu gracia a los devotos ignorantes como yo, Tal como una vaca que amamanta y protege a su ternero.
El Señor Supremo dijo: ¡Oh, el de gran voto!, satisfaré tu deseo difícil de cumplir. Fortuna a ti, te daré la estrella polar, que nadie gobierna. Es el centro de todo astro y no se disuelve cuando llega el fin. Mas antes, por treinta y seis mil años, reinarás sobre la tierra.
En un futuro, tu hermano Uttama, saldrá a cazar y le matará el enemigo. Su madre Suruchi irá a buscarle enloquecida y morirá en un incendio. Tú harás grandes yajñas y Me recordarás en tu último respiro, Por lo que vendrás a Mí, sin tener que regresar aquí de nuevo.
Tras así bendecirle, el Señor se fue, Y Dhruva regresó a casa entristecido, por no haberse acercado con pureza a Sus pies, a causa del deseo que había mantenido.
Dhruva pensó para sí: ¡Ay de mí! ¡Qué desdicha la mía!, obtuve en seis meses a ese Señor, Que grandes trascendentalistas como Sanandana alcanzan tras mil vidas. A Él, quien corta los nacimientos, me acerqué pensando en mi ilusión que Uttama era mi enemigo, y así oré por aquello que se termina.
Los devas, envidiosos de mi liberación, confundieron mi mente. Por ello no acepté la bendición de las enseñanzas de Narada. Necio como soy, pedí al liberador volver a este océano de muerte. Actué como el que trata de curar al que ya se le fue el alma.
Maitreya dijo: Traída por un mensajero la noticia de su retorno, No pudo creer Uttanapada que fuese tanta su fortuna, Le obsequió a éste un collar, valioso adorno, Y ordenó preparar cuadrigas y cabalgaduras.
Salió de la ciudad sin perder ni un instante. Llevando a brahmanas, a mayores, a oficiales y ministros. Hubo sones de flautas, timbales, cantos resonantes. Fueron también Suniti y Suruchi, con su otro hijo.
Le vio a la altura de un bosquecillo, Y allí le abrazó y le bañó con lágrimas a caudales. Dhruva había cambiado al ver al Señor Visnu, Por lo que reverenció al rey y a sus dos madres.
Suruchi, al verle postrarse, le levantó diciendo: “Mi querido niño, que tengas larga vida”. Como es natural que el agua fluya hacia abajo, vemos, Que las personas se atraen por las almas rendidas.
Los hermanitos se extasiaron en su erizado abrazo.
Suniti le mojó con su llanto y leche, idos sus pesares.
¡Oh, afortunada reina! —dijeron los súbditos de palacio— Bien adoraste al buen Señor que nos libra de todos los males.
Toda la ciudad se decoró y perfumó, para recibir a esta triunfante alma, Quien vivió en ese palacio enriquecido con oro, marfiles y piedras preciosas. Más tarde el rey le cedió el trono, cuando vio propicio dejar la vida mundana, y al ver que su deseo era aprobado, por sus ministros, ciudadanos y tropa.
