CAPITULO IV
Sati Deja el Cuerpo
Maitreya dijo:
Sati, indecisa, entraba y salía del cuarto, afligida y airada con su gran esposo. Por fin, decidió ir. Hizo este acto poco inteligente por su debilidad de mujer. La encabezó Nandi, fueron Maniman y Mada, con los yaksas. Le dieron un loto, su ave mascota y un espejo. La acompañó un gran cortejo y la cubrieron con un dosel.
Al llegar, por temor a Daksa, solo su madre y hermanas la recibieron. Ella, ante la indiferencia de su padre, no aceptó el saludo, ni el asiento ni regalos. Al no ver ofrendas a su esposo, censuró a Daksa y a los sacrificios de fuego, A esos ritos que buscan bienes fruitivos, y esto salió de sus labios.
La bendita diosa le dijo a su padre: Mi esposo es el más querido de todos los seres, no tiene rival ni preferido. Solo tú, por envidia, rechazas a quien no critica sino que ensalza a los demás. Pero esto es común entre quienes como tú se atraen por el mundano atavío. Esta envidia es muy buena, porque les hace caer de su posición de vanidad.
Aunque cubierto de cenizas, su pelo enmarañado y su collar de cráneos, Seres como Brahma, superiores a ti, veneran las flores que Le ofrendan. Su nombre Siva trae toda fortuna para el más bajo y para el más elevado. Debe uno irse, o matar y matarse, mas no dejar que a alguien así se Le ofenda.
Es mejor cumplir con su deber que criticar el ajeno, y al puro no le atan las reglas. Son como los devas que viajan por el espacio, sin necesidad de pisar el suelo. Hay normas para libres y aferrados, mas no para quien trasciende la materia. ¡Oh, ni tú, ni tus aduladores, saben del goce de los que no amarra el apego!
Aborrezco este cuerpo dado por ti, un ofensor de los pies del Señor Siva. Diciendo esto, se sentó mirando al norte, con ropa azafrán y su mente fija. Pensando en los pies de su consorte, encendió el cuerpo y dejó su vida. Levantando un clamor de indignación, por la partida de tan casta y noble hija.
“Daksa es tan insensible, que es indigno de ser considerado un brahmana. Es infame, pues ofendió a su hija, no evitó su muerte y envidia a Visnu.” Mientras así decían, los seguidores de Siva atacaron a Daksa con sus armas; Mas Bhrigu, con su poder, con himnos del Yajur Veda creó del fuego a los rbhus.
