CAPITULO II
El Señor en el Corazón
Sri Sukadeva Goswami dijo:
La forma en que se presenta el Veda es tan equívoca, Que atrae hacia cosas inútiles como el svarga, Pierde a la gente entre sueños celestes, la encandila, Creyendo que hay felicidad donde no se halla.
Por ello el sabio haga lo mínimo necesario Y no se enloquezca en este mundo de nombres, Esté fijo en lo eterno y perciba cuán arduo Es luchar por aquello que el tiempo carcome.
¿Si hay suficiente tierra, para qué catres y camas? ¿Si tienes tus brazos, para qué quieres almohada? ¿Para qué utensilios si tienes manos para usarlas? ¿Para qué finas telas, si hay corteza y ropa usada?
¿Es que ha negado su caridad el generoso árbol? ¿O los ríos se han secado y no alivian al sediento? ¿Se cerraron las cuevas? ¿El Señor ya no da amparo? ¿Por qué entonces el sabio adula al que ama lo muerto?
Mantente fijo y sirve al Señor del corazón, Y así pondrás fin a la vida condicionada, Solo el burdo materialista niega esta opción, Sin notar a quienes sufren la reacción de su karma.
Unos Le ven en sí, del tamaño de ocho pulgadas, Con el loto, el disco, el mazo y la caracola, Sonriente, ojos de loto, ropa amarilla y guirnalda, Con aros, yelmo y ornamentado con joyas.
Sus pies se posan en el loto del corazón del yogui, Su pecho luce la Kaustubha con un bello ternero, En Sus hombros hay gemas, en Su torso frescas flores, Lleva cinturón, anillos, y es de un tinte azul Su pelo.
Su sonrisa y Su lila indican Su gracia infinita, Y en Él se debe meditar empezando por Sus pies, De esta manera la inteligencia se purifica, En la medida en que se sube hasta Su rostro de bien.
En tanto un materialista no rinda servicio, Debe recordar el Visvarupa al fin del día, Mas el yogui no busque tiempo ni lugar propicio, Sino que se siente y controle su aire de vida.
Que funda su mente, por su inteligencia, en su ser vivo, Y que luego se sumerja en el Supremo Ser, Hecho esto alcanzará el más elevado alivio, Y dejará de lado lo que está llamado a perecer.
En ese estado supremo de labdhopasanti, No existe más la influencia del tiempo devastador, —Del cual ni los grandes devas pueden liberarse— Ni del ego, ni gunas, ni del mar de la creación.
El devoto evita todo lo que no es divino, Y no crea perplejidad, sino que adora al Señor, Pues él percibe todo en armonía con Visnu, Y entiende que no hay una posición mejor.
Con conocimiento científico uno debe extinguir los varios deseos y dejar su cuerpo actual, Elevar el aire de vida hasta el brahmanda y de allí, Concentrándose en Sus pies, destinarse al hogar.
Siguiendo la Vía Láctea alcanzar Vaisvanara, Y allí purificarse con la deidad del fuego, Después, seguir más alto, hasta el círculo Sisumara, Donde uno encuentra a Hari, quien es el Supremo.
El yogui, de lo alto, ve arder a los planetas a su tiempo, Cuando un fuego sale de la boca de Ananta, Entonces va a Satyaloka, con otros seres perfectos, Donde no hay dolor, sino por quienes no se alzan.
Gradualmente el devoto alcanza el plano etéreo, Y superando lo burdo y sutil llega al egoísmo, El egoísmo en la bondad lo funde luego en el maha-tattva, y se sitúa en sí mismo.
Solo el alma pura alcanza la asociación con Dios, Y para quienes deambulan en este mundo externo, No existe un mejor proceso de liberación, Que el de consagrarse a Su servicio sincero.
bhagavan brahma kartsnyena trir anviksya manisaya tad adhyavasyat kuta-stho ratir atman yato bhavet
Con gran atención, Brahma, estudió tres veces el Veda, Y después de analizarlo llegó a la conclusión, De que la atracción por Sri Krsna, la Persona Suprema, Es la perfección más elevada de la religión.
Por ello, ¡oh, rey!, es esencial que en todo tiempo y lugar, Se canten, se escuchen y recuerden las glorias de Krsna, Quienes esto hacen se alejan de la atracción sensual, Y van a Dios dichosos de percibir Su eterno lila.
