Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO II

El Recuerdo del Señor Krsna

Sri Suka dijo:

Uddhava no pudo responder de inmediato Por su emoción al recordar al Señor; Ya de niño ofrecía a Él todos sus actos Y nunca flaqueó en su devoción.

Vidura vio cómo en su éxtasis profundo, Derramaba profusas lágrimas, Su recuerdo le llevó a otro mundo Y al volver de él, dijo estas palabras.

Uddhava dijo: Al ponerse Krsna, el Sol de la vida, La serpiente del tiempo ha pasado Devorando nuestra casa y familia, ¿Qué bien entonces podrá habernos dejado?

Este mundo está privado de fortuna Y más aun la dinastía Yadu, Que teniendo a Hari a su lado, No Le apreció, como un pez, a la luna.

Aunque eran expertos en el estudio síquico, Y con Él jugaban, siendo devotos fervientes, Solo Le vieron como ubicado en todo sitio, Como ese Paramatma Omnipresente.

Los infestados por este divino maya, Que se refugian en su continuo devenir, No confunden con su equívoca habla, A esas almas que aceptaron a Hari.

Sri Krsna, Quien Se había manifestado en la tierra, Retiró de ésta Su más bella presencia; No pudieron verle tal como Él era, Quienes no habían hecho la debida penitencia.

Por yoga-maya advino, en Su cuerpo apropiado para Sus aventuras, Que asombraron a los orgullosos de sus posiciones, e incluso a Narayan; ¡Oh!, este adorno de todo adorno, en el sacrificio raja-suya, Fue aceptado por devas y rsis como la maravilla de Brahma.

Las hermosas doncellas de la tierra de Vraja, Tras reír y bromear en Sus amorosos juegos, Quedaron desvalidas cuando las dejaba, Sin poder retomar sus quehaceres hogareños.

Cuando Sus pacíficos devotos están afligidos, Por esos perversos a quienes las gunas gobiernan, Aunque es sin nacimiento, nace, El Todo Compasivo, Junto con el mahat-tattva, como el fuego en la madera.

Sufro y me confunde el pensar cómo advino El Innacido, Cómo por temor, el más poderoso huyó de Mathura; A Sus padres dijo: “Perdón, por causa de Kamsa no pude servirlos…” Al recordar todo este actuar, ¡me invade una inmensa penuria!

¿Quién, tras sentir el aroma de Sus pies, podría olvidarlo de alguna forma? Con solo mover Sus cejas, eliminó la carga de la tierra; Tú viste cómo Sisupal, aunque odiaba a Krsna, alcanzó siddhi en el yoga; Muchos otros anhelan lo mismo, ¿cómo soportar el que hoy no se Le vea?

En el campo de batalla de Kuruksetra, guerreros heroicos, Fueron purificados por el ataque de las flechas de Arjuna, Ellos murieron bebiendo la belleza de Su rostro de loto, Y así alcanzaron la morada de Quien concede fortuna.

Él es el Señor de toda clase de tríos, El otorgador de todo lo auspicioso y bueno; Los líderes del universo ante Él reunidos, Le adoran postrando sus millones de yelmos.

(Es el Señor de toda clase de tríos porque es el Señor de las tres gunas; de los tres mundos; de Brahma, Visnu y Siva; de satyam, sivam, sundaram, etc.)

¿No acongoja acaso a Sus sirvientes, Vidura, recordarlo, Cuando informaba y pedía el parecer del rey Ugrasena? ¿En qué otra personalidad podremos ahora cobijarnos, Si en Su bondad salvó incluso a Putana, la malévola?

Considero que los demonios que Le son hostiles, Superan a los devotos pues Le ven sobre Garuda, Mas para nosotros ya no está visible, Y el dolor de la separación nos abruma.

Como hijo de Devaki y Vasudeva, Nació en la cárcel del rey de Bhoja, Para bendecir a quienes se condicionan, Después que Brahma se Lo pidiera.

En los pastizales de Nanda fue luego criado, Donde Le llevaron por temor a Kamsa, Con Su hermano Bala estuvo allí once años, Como llama encubierta, guardada esperanza.

Rodeado por Sus amigos gopas y terneros, Gozó de ir al Yamuna y de pastorear en sus orillas; Paseó por sus jardines que encanta el gorjeo De las muchas aves que en los árboles anidan.

Cuando mostró Sus actividades de kaumara, Que solo vieron los habitantes de Vrndavan, Como un niño a veces rió y en otras lloró, Semejando de este modo un cachorro de león.

Al cuidar el ganado solía tocar Su flauta, Con lo que a Sus amigos daba nueva vida, Y los grandes daityas enviados por Kamsa, Cayeron como juguetes de fantasía.

Perplejo quedó Vrindavan por el Yamuna envenenado, Mas Él castigó a Kaliya y dio a las vacas a beber el agua; En adorar a Su ganado destinó la riqueza de Nanda, Y al mismo Indra, rey del cielo, dio el correctivo apropiado.

Una noche de otoño, por la luna iluminada, Disfrutó inspirado por el bello entorno, Cantó canciones que a las gopis enamoraban, Siendo entre esas pastoras El principal adorno.

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