Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO II

Ajamila es Liberado por los Visnudutas

Los Visnudutas dijeron:

¡Qué lástima que la irreligión haya entrado en la asamblea de la religión! ¡Y que sus representantes quieran castigar a alguien sin pecado! Un rey o superior debe actuar como un padre, con todo afecto y amor, Siendo imparcial, debe aconsejar, como el mismo Yama lo ha mostrado.

Las personas en general no saben diferenciar entre lo malo y lo bueno, Son como un animal posando su cabeza en la falda de su amo. Si un líder es bondadoso y fiable, ¿cómo podrá condenar a un ingenuo que se ha rendido a él con buena fe y confiado?

Ajamila ha expiado las reacciones de millones de vidas, Porque con desesperación y sin ofensa, clamó a Narayan, Ya de antes en casa, llamaba a su hijo con estas cuatro sílabas, Para que fuera a comer, a bañarse, o para que se levantara.

No hay mejor medio de expiación que entonar el Nombre santo, Para un ladrón, borracho, violador, asesino, o matador de vacas. Así piensa el Señor cuando un pecador Le llama con su canto: “Porque clamó Mi Nombre, debo asistirle en su desesperanza.”

La expiación da un alivio parcial y no concede bhakti, A diferencia del Nombre que destruye toda impureza; Porque él cantó en pleno desamparo, ha podido hoy liberarse, Por ello, ¡oh, siervos de Yama!, no lo lleven a vuestra residencia.

sanketyam parihasyam va stobham helanam eva va vaikuntha-nama-grahanam asesagha-haram viduh //14//

Ya sea en forma indirecta, en broma, Como entretención musical, o con negligencia, Si uno toma el divino Nombre y lo entona, Destruye infinitos pecados, dicen sabios de excelencia.

Incluso si un gran pecador muere, —Después de haber cantado el Nombre eterno— Por un accidente, picadura, ataque, o alta fiebre, No tendrá que bajar a los infiernos.

Los grandes y pequeños pecados se destruyen Y arranca del corazón la raíz del deseo, Como un llameante fuego, que con o sin saber, todo consume; Lo que no dan yajñas, dana, tapas, ni votos extremos.

Los Yamadutas soltaron las amarras de Ajamila, Y volvieron desconcertados donde su amo. El moribundo recapacitó, tras la experiencia vivida, Y arrepentido clamó al recordar su pasado.

Ajamila dijo: Caí en desgracia al volverme un siervo de mis sentidos, Y procreé hijos en el vientre de una prostituta, Cambié a mi casta mujer por una bebedora de vino, Y abandoné a mis ancianos padres, ¡oh, qué infame conducta!

Sin duda le espera el infierno a quienes dejan su deber. ¿Fue real lo que vi, o habrá sido tan solo un sueño? Eran tres horribles seres que me venían a aprehender, Y aparecieron cuatro bellos ángeles, que por mí intercedieron.

Gracias a mi piedad pasada pude ver a ellos cuatro, Y ahora me siento muy feliz, gracias a su divina visita; Por mi pasado servicio fue que entoné ese canto, Que salvó a este sinvergüenza en su mayor desdicha.

Soy un engañador que ha matado su cultura brahmínica, Siendo el pecado en persona, ¿cómo pude cantar Narayan? Mas debo aprovechar esta oportunidad magnífica, Y mediante una seria práctica no volver más a este maya.

Caí en la ilusión de atraerme por la forma de una mujer, Y me volví un perro bailarín en sus manos, Ahora he de librarme de toda envidia y deseo de placer, Y seré el bondadoso y buen amigo de todo lo creado.

Por haber cantado con los devotos, purifiqué mi alma, Y fijo en Krsna, debo dejar la idea del yo y lo mío. Así Ajamila retomó su práctica en tierra sagrada, Fue a Haridwar y allí adoró al Señor Visnu.

Una vez del todo puro vio venir a esos mismos guardias, Y en su cuerpo espiritual subió a una nave de oro. Quien escucha esta historia aleja a los siervos de Yama, Y es recibido en Vaikuntha, en el más armonioso entorno.

Cuando moría, cantó harinama, Mas solo para llamar a su hijo; Aun así fue a la suprema morada, ¿Qué decir si cantas con fe y en servicio?

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