CAPITULO III
Yamaraj Instruye a sus Mensajeros
Los Yamadutas quisieron saber, Si había varios jueces y uno supremo; Por los cuatro Visnudutas preguntaron también, Por esos que de pronto descendieron del cielo.
Yama respondió feliz:
Me han aceptado como el Supremo, mas no lo soy, Éste trasciende a Brahma, a Visnu, a Siva, y a todos los devas, Como de la nariz al toro, controla esta creación, Que es como los dos hilos que forman el ancho y largo de una tela.
Con las riendas de los Vedas dirige los cuatro varnas y asrams, Y no hay deva o sabio que comprenda Sus actividades; Como los ojos al cuerpo, extiende Su amorosa mirada, Él y Sus siervos tienen forma, pasatiempos y cualidades.
Solo ese Ser Supremo puede impartir los principios de religión; Y solo nosotros, los doce mahajanas, sabemos bien de ella; Ésta es secreta, muy pura, de difícil comprensión, Mas uno prueba el néctar cuando logra conocerla.
El servicio, que comienza con el Nombre, es el mejor sendero. ¡Vean cómo Ajamila se salvó por clamarlo en voz alta! Incluso grandes sabios atraídos por los ritos, no saben de ello, Y siguiendo los cuatro Vedas, buscan mukti, con dharma y artha.
Así el inteligente resuelve todo problema con el nama, Y escapa a mi influencia, aun si de algún modo comete pecado; Ni se acerquen a ellos, pues la maza del Señor bien les guarda, Por ello, ni por Brahma ni por mí, ni por el Tiempo, pueden ser tocados.
Tráiganme a quienes rechazan la miel de los paramahamsas, A quienes siguen apegados al infernal disfrute mundano, A aquellos cuyas lenguas no vibran nunca en Su alabanza, A quienes no Le recuerdan, y que ni una vez ante Él se han postrado.
Pido perdón al Señor por haber arrestado a Su devoto, Por este error y ofensa por mis siervos cometida. Desde entonces sus dutas no miran a los bhaktas ni de reojo. Este secreto lo oí de Agastya, quien en Malaya adoraba a Krsna.
