Atulananda Acarya


La Bella Historia de Dios

CAPITULO III

Krsna es la Fuente de Todas las Encarnaciones

El sabio Suta dijo: Como el Purusa o la Forma Universal, Se expandió en el principio el Señor, Y a los dieciséis ingredientes dio lugar, Deseando dar inicio a la creación.

Se recuesta en el mar del brahmanda, Una porción del Purusa poderoso, Del lago de Su ombligo nace Brahma, El que se sienta en el místico loto.

Se dice que todo el sistema planetario Se encuentra en el cuerpo del Purusa, Mas, Él no tiene relación con lo creado, Su ser es espiritual y eterno, nada Le ofusca.

Con su visión perfecta los devotos Admiran esta forma trascendental, Con miles de piernas, brazos y rostros, Guirnaldas y aros, de un brillo sin par.

Esta segunda forma del Purusa, Es poderosa semilla de encarnaciones, Surgen de Su persona otras muchas entidades vivas, devas y hombres.

Primero, los Kumara, hijos de Brahma, Que al nacer hicieron firme penitencia, Mantuvieron el voto de brahmacharya, Deseando alcanzar la trascendencia.

La segunda encarnación, Varaha llamada, Alzó la Tierra en el mar sumergida; La tercera fue el gran sabio Narada, Quien instruye en sutras al alma rendida.

En la cuarta vinieron Nara y Narayan, Hijos gemelos del rey Dharma, Al ser grandes ascetas penitentes, Enseñaron el control de la mente.

La quinta fue el muy perfecto Kapila, Quien a Asuri Brahmana dio el conocimiento De la metafísica y de la acción creativa, Que se había perdido con el tiempo.

La sexta fue el hijo de Atri, Dattatreya, —Su madre, Anasuya, quiso que nacieran Brahma, Visnu y Siva, como uno de sus hijos— Prahlad, Alarka y otros, fueron sus discípulos.

La séptima encarnación fue Yajña, Del Prajapati Ruci y Akuti nacido, Asistido por devas, como su hijo Yama, Reinó cuando Manu acabó su período.

Risabhadev fue la encarnación octava, Su padre, el rey Nabhi, Merudevi, su madre, Mostró la perfección más acabada, Y fue venerado en todos los asrams.

Adorado por sabios y devas, Prithu, el noveno, el gran emperador, Sacó varios productos de la Tierra Y relució ella de modo encantador.

Al término del período de Chaksusa Manu Aconteció una alarmante inundación, Vino el Señor como un pez de gran tamaño, Y salvó a Vaivasvata con su embarcación.

Su undécima encarnación fue Kurma, Quien en su espalda cargó a Mandarachala, Pivote que usaron suras y asuras, Para obtener el néctar que anhelaban.

En la duodécima fue Dhanvantari Y Mohini en la décimo tercera, Engañó a los daityas con su hermosura Y dio a beber el néctar a los devas.

Nrisimha advino en la décimo cuarta, En que derrotó al temible Hiranyakasipú, Mostrando así que a Sus queridos bhaktas, Protege infalible en toda vicisitud.

En la décimo quinta vino cual Vamana, Y al visitar el yajña de Bali Maharaj, Pidió el espacio de solo tres pisadas, Aunque deseaba abarcar la totalidad.

Parasuram vino en la décimo sexta, Y veintiún veces derrotó a los ksatriyas, Esto lo hizo como poderosa muestra, Para quien no respeta a las personas santas.

En la décimo séptima advino Vyasa, Hijo de Satyavati y del Muni Parasara, Dividió el Veda en muchas ramas, Al ver disminuir la inteligencia humana.

En la décimo octava vino como Rama, Con el fin de complacer a los devas, Cruzó el océano y realizó otras hazañas, Por las que por siempre se le celebra.

En las dos encarnaciones que siguen, Vino el Señor como Krsna y Balarama, Aparecieron en la dinastía Vrisni, Para aliviar al mundo de su carga.

Luego, al inicio de Kali-yuga, El Señor advendrá como Buda, Hijo de Añjana, nacerá en Gaya, Y hará que los ateos se confundan.

Después, en la conjunción de ambas eras, Kalki vendrá como el hijo de Visnu Yasa, Para ese entonces los líderes de la Tierra, Serán causa de temor y desconfianza.

¡Oh, brahmanas!, no se pueden contar Sus encarnaciones innumerables, Son como olas que brotan sin cesar, De una vertiente con agua a caudales.

Los rsis, los Manus y su descendencia, Los prajapatis y los devas, Son porciones de Su Omnipotencia, O porciones de porciones de ella.

Las encarnaciones que aquí se mencionan, Son porciones plenarias o parciales de Sri Krsna, Quien, siendo Dios mismo en persona, En cada era nos salva de los adversos a Indra.

Todo aquél que atento recite el misterio De Sus encarnaciones, mañana y tarde, Pronto se verá libre de ese fuego Que vuelve nuestra existencia miserable.

La Forma Universal no es algo real, Mas, ayuda al que se inicia en el sendero, Pues en ella se empieza a meditar, Aunque Su cuerpo es espiritual y eterno.

Las nubes y el polvo viajan con el viento, Pero: “El cielo está nublado y sucio está el aire,” Es como piensan algunos necios, Que confunden el ser con su envoltura de carne.

Tan pronto una persona se observa Como distinta a su cuerpo burdo y sutil, Puede verse como un alma eterna Y percibe a Su lado al Supremo Hari.

Cuando este maya ilusorio se retira Y el alma despierta por gracia de Dios, Entonces en plena gloria se ilumina Y se sitúa en la autorrealización.

Así los sabios dan clara noción del lila del Innacido e Inactivo, De Quien se sitúa en cada corazón, Mas no Le descubre ni el Veda mismo.

Los necios tampoco comprenden el lila, El nombre y forma trascendental del Señor, Su gloria infinita, ni la imaginan, Ni entienden Su juego de gran actor.

Solo quien sirve sin motivos ni reservas, Sus pies de loto con límpida devoción, Puede conocerle en Su gloria plena, En todo Su poder, belleza y esplendor.

Solo por formular estas preguntas, Uno se vuelve un perfecto cognoscente, El éxito y el amor puro de ellas resultan, Y nos hacen inmunes al nacimiento y la muerte.

Dios se encarna en este inmaculado texto, Y en Vyasa, Su encarnación literaria; Es todo auspicioso, gozoso, perfecto Y da al hombre la meta más acabada.

Sri Vyasadev lo entregó a su hijo, El más calificado entre las grandes almas, Tras extraer la crema de otros escritos Y de las historias más destacadas.

Sukadeva Goswami, el hijo de Vyasa, Al rey Pariksit lo recitó a su vez, Quien presto a morir, se llenó de confianza, Y lo escuchó sin dormir, comer ni beber.

Cuando Krsna volvió a Su propia morada, Llevándose el conocimiento y la religión, Para el oscuro Kali dejó este Purana, Que nos permite ver como un gran sol.

Cuando Sukadeva lo recitó al gran rey, Por su gracia lo oí con profunda atención, Trataré de darles lo que pude aprender, Tal cual lo escuché y fue mi comprensión.

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