CAPITULO III
El Plan de Hiranyakasipu para Volverse Inmortal
Sri Narada dijo a Yudhisthir Maharaj:
Hiranyakasipu deseó ser inconquistable y libre de vejez, Quiso obtener los siddhis, ser inmortal y regir sobre todo el universo; Con este fin, en el valle del monte Mandara, se paró en la punta de los pies, Alzó sus brazos y miró al cielo, con el objeto de volverse perfecto.
Una luz tan radiante como la del Sol en el pralaya salió de su cabeza, Este gran fuego con su humo calentó y perturbó al cosmos entero, Volvieron a sus moradas los devas que recorrían los planetas, Mientras caían las estrellas, y se remecían las montañas y océanos.
Los semidioses fueron a informar de esto al omnisciente Brahma, De cómo el asura, codiciando su puesto, se sacrificaría por muchas vidas, Y de cómo mediante su tapasya, quería revertir los resultados del karma, Y llevar el dolor y la desgracia a los que actuaban en forma pía.
Así informado, Brahma, con Bhrgu, Daksa y otros excelsos, Fue en su cisne al lugar donde el rey de los asuras se atormentaba; Le vieron ahí, por las hormigas comido, vuelto un esqueleto, Y al que ardía en su tapa, le dijo sonriendo el autonacido, estas palabras.
Sri Brahma dijo:
¡Levántate! ¡Sé afortunado! Pídeme sin dudar lo que halles deseable. Es sorprendente lo que has hecho, persistir así, con tu cuerpo devorado, Con el aire entre tus huesos, sin agua ni sustento, por cien años celestiales. Nadie te iguala, ni en el futuro lo harán otros grandes, me has conquistado.
Sri Narada continuó: El Señor Brahma echó agua de su kamandalu en su cuerpo hecho huesos, Por lo que se alzó rejuvenecido y brillante, como el fuego de la madera; Se postró ante el abuelo y se levantó con jubiloso estremecimiento, Y con el fin de complacerle le oró, elogiando su posición suprema.
Luego le solicitó diciendo:
Mi Señor, si quieres bendecirme, que no me mate ninguno de tus seres, Que no muera ni dentro ni fuera de palacio, ni en el cielo ni en la tierra, Ni de día ni de noche, ni por ninguna arma… esto por favor concédeme. Que no pueda afectarme ningún humano, ni asura, ni naga, ni deva; Dame, además, la soberanía sobre los tres mundos y todos los poderes, Como así también la gloriosa posición que todo esto conlleva.
